Por Adrián Román / @adrianegro

1. El experimento es sencillo de explicar. Te encuentras en Guatemala y decides renunciar a los privilegios que ofrece un pasaporte de la Unión Europea y a las comodidades de una tarjeta de crédito.

Cambias tu nacionalidad, te vuelves peruano. También cambias tu nombre.

El siguiente paso es cruzar fronteras sur y norte de México. En las condiciones que lo haría cualquier indocumentado.

“Son pocos los migrantes que tienen el valor de volver atrás con las manos vacías. Llegar, concluir el viaje, se vuelve una cosa de orgullo.”

Mientras Flaviano Bianchini (1982) se va sentando, me confiesa que no sabía si sobreviviría. Lo hace con una sonrisa en el rostro. “Pero escribí el libro, así que sobreviví”. Su nuevo nombre fue Aymar Blanco, nacido en la zona amazónica del Perú, de padres vascos.

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2. También cruzó la frontera del Tíbet. En otro libro y sin cambiarse el nombre. Allá también había problemas con el ejército, pero no hay criminalidad. Ni grupos de poder. Tíbet “fue un viaje más introspectivo, de estar con uno mismo. Había más posibilidad de correr, escapar, saltar, esconderse. Más vivo de alguna manera.”

3. “Al principio del libro era Flaviano Bianchini disfrazado de Aymar Blanco. Después de la mitad, más o menos, yo era Aymar Blanco. Hay dos momentos clave para llegar a ser Aymar. El primero es la cárcel, porque ese fue el peor momento del viaje. Probablemente de toda mi vida. Y el hecho de no haber abandonado el viaje en ese momento, me dio mucha fuerza.”

Para explicar el segundo momento hay que entender que Flaviano mandó su pasaporte por correo a un amigo a la Ciudad de México, desde Guatemala. Y ese segundo momento, en el que reafirma su nueva identidad, es cuando cruza por la ciudad, por Lechería, precisamente.

A solo cinco pesos de distancia de su pasaporte y su tarjeta de crédito. A solo un pinche boleto del Metro. Y no llamó, prefirió seguir en la Bestia. Desde ese momento, cuando supo que había vencido esa gran tentación, era Aymar Blanco, y que los sueños de él lo llevarían a seguir.

“Cada vez que lo pensaba, y lo hice un chingo de veces, miraba a mi lado y veía a una mujer embarazada o a un niño de 12 años, y me decía: si ellos lo van a lograr, ¿por qué yo no? Lo iban a hacer porque no tenían otra opción. El viaje nació de una idea: no debe haber diferencias por el lugar en que naces. Yo no podía renunciar, traicionar la idea del viaje.”

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Flaviano Bianchini / Booktrailer de ‘El camino de La Bestia’.

4. El camino de la Bestia ocurre en forma de diario. Crónicas largas, precisas y sin complacencias ni trucos de más. Escritas de memoria. Veintiún días narrados con el nombre de un peruano en la piel de un hombre blanco nacionalizado en el viejo continente. La editorial es esa maravilla española llamada Pepitas de calabaza.

Cuando le pregunté a Flaviano si había hecho notas o todo lo había escrito gracias a la memoria, me dijo tajante: “Lo escribí de memoria, porque son cosas que no se olvidan.”

5. “La mayoría de la gente que escuchaba en el camino escapaba de la situación de violencia extrema que se vive en las ciudades de Centroamérica, Guatemala, San Salvador, Tegucigalpa.” La pobreza no es un factor tan importante como la violencia a la hora de migrar. “La mayoría de la gente de Guatemala escapa de eso. Ciudad Guatemala tiene dos millones de habitantes, en 2015 sumó doce mil doscientos muertos. Es, básicamente, un país en guerra.

“En Nicaragua los niveles de violencia son más bajos que en los países vecinos, por lo que los niveles de migración también son más bajos. Lo mismo sucede en Europa, si ves países en condiciones similares, los que más migran son los que presentan mayor índice de violencia.”

6. A lo largo de ese camino sinuoso, lleno de hambres, fríos, calor y sed en abundancia, sumados a las amenazas y los miedos, hay que cruzar veredas, montes, ciudades, pueblos y cambiar de tren. La gente aprovecha que las mercancías son llevadas al Norte, y les roban un poco de espacio.

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Foto: David Vázquez Couto.

Flaviano subió a un tren de Ferramex, de Grupo México. “Se me hizo paradójico de repente estar montado en un tren de Germán Larrea. Y se me hizo paradójico que el tren de uno de los hombres más ricos del mundo sirva para transportar migrantes al norte. Es un hombre que tiene una compañía, que tienen una línea de trenes en la que viajan los más pobres de los pobres agarrados como pueden.

“A veces parece que algunas historias de este libro las escribió George Orwell. Hay un tren que transporta materiales, que viaja de sur a norte por todo México. Y en el mismo tren, en conjunto con los materiales, viajan seres humanos ilegales. En un tren que transporta bananos, el pinche banano tienen más valor que el migrante que va encima.”

7. “Varias veces me ha pasado que me dicen, ‘vamos a hablar del tema migración, que es un tema de gran actualidad’. Y yo digo sí, es un tema de actualidad desde hace millones de años. El ser humano bajó de los árboles para caminar. Tú vas a un libro de primaria y vas a encontrar que el hombre se volvió bípedo para moverse largas distancias. ¿Qué es moverse largas distancias? Migrar.

“El hombre nació en África, de ahí se fue a Europa, de ahí a Asia y de ahí llegó a América.”

8. En la Bestia no se duerme, no se confía en nadie. Es un lugar donde las reglas de sobrevivencia cambian. Me suena a esos lugares en los que la vida está palpitante y al borde: todo el tiempo con ganas de reventar, como las cárceles, las granjas de adictos o los manicomios.

Para salir del infierno hay que cruzarlo todo, quizá más de una vez. Y puede que no salgas completo o que no alcances a salir.

El ser humano llevado contra el precipicio. Flaviano menciona que durante su encarcelamiento en México, vio a un tira que se reía cuando los migrantes se peleaban por el agua.

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Foto: David Vázquez Couto.

Las mujeres buscan un marido de conveniencia. Alguien que las proteja para que no abusen de ellas.

“Según Amnistía Internacional, el sesenta por ciento de las mujeres que hacen este viaje, son violadas antes de llegar a su destino. Tú me proteges, y a cambio yo tengo sexo contigo.”

9. “Si conoces a México, lo amas y lo odias. No es que ames u odies a México, si lo conoces lo amas y lo odias.

“Porque no puedes no odiar a un país que tiene treinta mil desaparecidos en diez años. Gente muerta colgando bajo los puentes. Y del otro lado hay un hombre dispuesto a compartir su comida con los migrantes, corriendo el riesgo de que lo lleven a la cárcel. Por un lado la brutalidad extrema, y por el otro los gestos más bellos.

“México es un reflejo de la situación global, pero exasperado. Porque en México todo es exasperado. Son exasperados los gestos de violencia y son exasperados los gestos de fraternidad.

“El lugar en el que naces te cambia la vida. Cien metros pueden hacer la diferencia. Si naces de un lado u otro de una línea imaginaria trazada en medio del desierto. De un lado tienes acceso a cualquier país, del otro lado te costará más porque eres mexicano.

“Veo a México como una enorme frontera, y no solo de América. Es para mí la refiguración de frontera.

“Hay una teoría: el camino es tan sinuoso porque Estados Unidos solo quiere que lleguen los migrantes más fuertes. Yo lo veo un poco así, porque lo cierto es que Estados Unidos necesita de los migrantes.”

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Foto: David Vázquez Couto.

10. “Solo durante los recientes cincuenta años de los 3.2 millones de evolución, la migración se comenzó a ver como un fenómeno ilegal. Antes era un factor positivo. México encabezó eso por muchos años: es el único país que aceptó a los refugiados de la Guerra Civil Española, y de todas las guerras de América Latina.

“Y los recientes veinte años, justo el 1 de enero de 1994. El mismo día que se decidió que las mercancías podían pasar libremente, se decidió cerrarle las fronteras a los seres humanos. De verdad, yo no sé qué escribiría Orwell si estuviera vivo.”

11. “Si me hubieras preguntado hace cuatro años a quién de los dos personajes, el italiano o el peruano, lo cambió más el viaje, te habría dicho que al peruano. Pero en la actualidad, te diría que al italiano. Gracias a ese viaje aprendió a ver las cosas distintas.”

12. “Había un capítulo en el libro en el que planteaba que las diez reglas del migrante son imposibles. Yo las quebré todas, porque son imposibles. La primera, la madre de esas reglas es: no confíes. Y es imposible no confiar en alguien en un viaje tan largo. Tienes que confiar en el que te tiende la mano para subir al tren, en el que ha hecho antes el viaje y conoce el camino. Todo el tiempo estás buscando a quién agarrarte.”

13. “La Bestia tiene esa cosa que es un enemigo contra el que luchas todo el tiempo. Es el enemigo, pero al mismo tiempo es el amigo. Sin la Bestia no puedes llegar. Es la bestia que te mata. La ves, te da miedo, pero al mismo tiempo la necesitas.

“Para mí la Bestia es una representación de todo lo que no debe ser.”

14. “La vida humana tiene un precio distinto según el lugar en donde naces. La vida humana de un europeo tiene cierto valor, la de un salvadoreño es cero. Yo nací aquí, pero tú naciste allá, al fondo, mi vida vale más.”

15. “La peor invención del ser humano, la más criminal y brutal: las fronteras.”

16. “La brutalidad y la violencia con la que haces este viaje, hace que no puedas confiar en nadie. Cuando pudiera ser una experiencia agradable.

“Cuando llegas a un nivel de cansancio y desesperación hay un límite, cuando lo sobrepasas te vuelves una bestia, un animal.”

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Foto: David Vázquez Couto.

La primera vez que llevan agua a la celda, Flaviano se porta sensato y junto a otras diez personas no pelea por llevarse algo a la boca, entiende lo inútil y brutal del asunto. Cuarenta animales peleando por agua.

17. La segunda vez que llevan agua y tortillas pasa haciendo a un lado todo lo que se atraviese entre él y el agua, sin importar si es mujer, anciano o niño.

“Quien no entienda ese comportamiento no ha sentido realmente sed o hambre.”

18. “Me cuesta trabajo explicarlo en Europa. La gente no entiende en realidad lo que es tener hambre, tener sed, frío. Cuando el frío te muerde es horrible.”

19. La gente en Europa no puede creer lo que Flaviano hizo después de llegar a donde lo hizo. Se cuestionan su falta de cordura. Ellos habrían preferido ir a tomar una ducha.

“Se ve que nunca han tenido hambre.

“Mi viaje fue solo una pequeña parte, para el resto de los migrantes el viaje comienza en el otro lado. Llegas a Estados Unidos y finalmente haces los trabajos peores, en condiciones laborales peores, casi de esclavitud.

“En el camino te pueden secuestrar, y llamar a tu contacto en Estado Unidos para pedir un rescate. En estado Unidos hay agencias que manejan el dinero de manera fácil, que son para proteger a los cárteles. Si pagan por mí y llego a Estados Unidos, y lo hago con una deuda grande, y voy a trabajar en un trabajo de mierda. Tardo quince, veinte años en pagar mi deuda, que es mi derecho de vivir acá. Es el mismo mecanismo que se usaba en 1800 con los esclavos negros que llegaban de África. Todos ganan con el migrante, menos el país que los produce.”

20. “Si naces en Europa no sientes nunca realmente hambre. El hambre, cuando la tienes, cuando son tres días que no comes, sientes en el estómago que duele.”

21. “Yo escribo para denunciar, para dar a conocer realidades que no se conocen.

“A los migrantes los mueve la esperanza y la imagen distorsionada que les vende Estados Unidos del Sueño Americano.

“Mi pasaporte siempre estaba ahí como salida, pero tomarla no hubiera sido fair play. Y estoy aquí, sosteniendo que no debe haber fronteras.”


Puedes leer las primeras páginas de En el camino de la Bestia en este SITIO y seguir a Flaviano Bianchini en su perfil de Facebook.

Editor Yaconic

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