Ellas caminan y ellos también. A las 18 horas centenas de jóvenes van sobre la calle 5 de Mayo, en el primer cuadro del Centro Histórico, con destino a la Plaza de la Constitución. Su marcha es lenta y abarca la vialidad central dejando las banquetas para los curiosos y los camarógrafos que no dejan de emanar flashes.

Ellas gritan y ellos también. La suma dispar de sus voces suena en las calles aledañas como un murmullo incodificable; aunque varios sectores de este conglomerado juvenil intentan vociferar al mismo tiempo, no se logra un consenso: mientras unas realizan un conteo del 1 al 43, otros claman “¡Justicia, Justicia, Justicia!”.

Ellas y ellos forman el contingente normalista que hoy, dos de octubre de 2018, llegó a la capital – conformado por estudiantes de diversas escuelas normales rurales del país – para recordar la matanza estudiantil de hace 50 años. Pero principalmente la suya, la de hace 4 años en Ayotzinapa.

Ellas y ellos, cuando por fin distinguen el asta con la bandera ondeando a la mitad, extienden sus mantas, suben el volumen de sus voces y corren por la calle frente a la Basílica para situarse a un lado del escenario que le da la espalda a Palacio Nacional.

Hoy ellas y ellos, junto a varias decenas de contingentes, conmemoran una infamia. Pero cada quién suma su tragedia particular. Es una marcha de marchas.

***

Mirtocleya González está en medio del escenario con una bandera de México en las manos.

Ella, hace 50 años, representó al Instituto Politécnico Nacional en el Consejo Nacional de Huelga (CNH). También, hace 50 años, estaba en tercer piso del Edificio Chihuahua, en Tlatelolco. Fue testigo de la infamia.

Por eso hoy, a las 18:20 horas, está en medio del escenario como abanderada mientras Félix Hernández Gamundi, otro ex líder del Movimiento, emite un discurso que hace hincapié en organizarse para hacerle frente a lo que no nos concuerde.

Antes se hizo un pase de lista en memoria de los caídos del Movimiento y la actriz Karina Gidi leyó el poema “Memorial de Tlatelolco”, de Rosario Castellanos:

La oscuridad engendra la violencia

y la violencia pide oscuridad

para cuajar el crimen.

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche

para que nadie viera la mano que empuñaba

el arma, sino sólo su efecto de relámpago. 

(…)

Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

 Recuerdo, recordemos

hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Tras la intervención de Félix, sube Miriam, representante de la Central de Estudiantes Universitarios. Luego sube un grupo del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra. En la fila para emitir discursos también están los Damnificados Unidos de la Ciudad de México y la Asamblea Interuniversitaria.

Todos quieren declarar ante el micrófono porque viven una injusticia que se esparce en diferentes formas.

***

“Puede checarle sin compromiso, damita, caballero. Para que se lleve un recuerdo de la marcha. Mire, este documental explica todo lo que pasó en el 68, todo el plan del pinche gobierno. O esta la película es una recreación, salen los Bichir de chavos. Tengo la de Colosio para que sepa la verdad sobre su muerte, otra conspiración del PRI.

También tengo buenos libros. Mire, ese, el de la portada con el barbón, ese explica porque las empresas nos joden tanto. Llévese uno, se lo dejo barato para que entienda a esta sociedad capitalista. O ese otro es del mejor caricaturista mexicano, el mero chingón, ¿no le suenan Los Supermachos? O bueno, ¿algo del movimiento? Me llegó uno de un tal Gonzales-de-no-sé-qué que dicen es muy bueno, pero el de doña Poniatowska se vende más, igual y está mejor.

¿Alguna playerita? La más pedida es la del ídolo, el Che. Pero últimamente la guinda de Morena se está vendiendo bien. Si se lleva las dos le hago un descuento.

También tengo peluches del Peje, llaveros con el símbolo de anarquía, sellos para el rostro con el logo de las olimpiadas del 68, banderas negras de México y café chiapaneco”.

***

El sonido de una explosión provoca el encogimiento de miles de hombros. “Ya llegaron los vándalos”, suelta una voz cercana. Minutos antes de las 20 horas, cuando la luna ya desplazó al sol, aparece el contingente anarquista.

Son centenas sin orden. Más que exclamar, actúan. Su llegada a la Plaza tiene como primera víctima a una cámara de seguridad: le enseñan el dedo medio, le avientan objetos y la golpean con varas. Al final, la rompen.

“¿Qué valor para andar cubiertos?”, un señor grita hacia el grupo de encapuchados, “¡Ésta es una marcha pacífica!”.

Los que mantienen sus rostros visibles le aplauden, pero los tapados no le prestan atención. Después de más reclamos por parte del señor, un chico que exhibe un parche con el símbolo de anarquía en su chamarra le responde: “Ya váyase, viejo”.

El negro marca la tendencia en cuanto al vestuario de casi todos los de este contingente. Si acaso otra tonalidad tiene mínima cabida, es el rojo de las banderas rojinegras – de huelga – que varios cargan.

Adelante del grupo dos tipos llevan una manta negra donde se lee la frase “NI PERDÓN NI OLVIDO”.

Tal vez la forma en que este ‘bloque negro’ quieren preservar el recuerdo del 68 es no perdonando las paredes del metro, los cristales de los comercios, las señalizaciones de tránsito, las tiendas de conveniencia  e incluso a cualquiera que osa apuntar su lente hacia sus rostros. Vandalizar como memoria.

Pero un grafiti siempre se puede pintar y un cristal siempre se puede cambiar.

***

Hay tambores y trompetas. Hay capuchas y trenzas. Hay faldas largas y caras pintadas.

Hay un contingente de músicos y bailarinas que, pasadas las 20 horas, enciende la noche con un ritmo cadencioso.

Hay una cabeza en medio de ellos; una figura de cartón de metro y medio de altura que replica al más odiado del día: Díaz Ordaz y sus dientes sobresalientes

Hay un tipo que se acerca, le pone periódico adentro y luego avienta un cerillo. Entonces el dientón acartonado empieza a emanar luz y calor.

Hay un cambio de canción y las bailarinas, imponentes y bellas, hacen una ronda alrededor de la fogata-testa.

Hay 10 fotógrafos capturando la mecha pero, para cuando las llamas se elevan casi dos metros, ya hay más de 100 personas apuntando sus lentes hacía el suceso.

Hay gente alrededor que aplaude, mueve la cabeza, sube y baja el pie derecho. Eso de sentirse tribu alrededor del fuego celebrando con cantos la disolución –simbólica – del criminal es contagioso.

Hay fuego en toda lucha por eso hoy tenía que aparecer en todas sus formas.

***

Metro Zócalo y metro Allende están cerrados. Quienes usan el transporte público subterráneo para ir a casa tienen dos opciones: Pino Suarez o Bellas Artes.

A las 21 horas el ambiente sobre la calle Madero – el camino principal para los que eligen la estación del palacio blanco – es de reflexión y sonrisas. De vez en cuando aparece un policía de tránsito que solo mira a quienes aún van ondeando sus banderas, mostrando sus rostros pintados o gritando consignas breves.

De haber tenido un regreso así hace 50 años, ¿esta marcha estaría sucediendo?

Pero en una calle paralela, 5 de Mayo, varios van contracorriente: hacía la Plaza.

Usan chamarras y pantalones en colores amarillo y rosa. Es el contingente de los más-a-fuerzas-que-por-ganas que en lugar de cargar banderas o mantas llevan cubetas y escobas.

Sus demandas son pocas pero certeras: que se haga uso de los botes de basura; que los chicles se tiren dentro de su envoltorio porque despegarlos está canijo;  que de vez en cuando se dejen caer monedas o billetes; que se renueven sus utensilios porque la cinta adhesiva no dura para siempre; y que los aumentos de sueldo sean proporcionales a las latas de aluminio recogidas.

Son los trabajadores de limpieza de la Ciudad de México.

***

Preparatorianos, damnificados por el sismo del 2017, periodistas, ejidatarios de Atenco, feministas, universitarios, afiliados al SME, comunidades LGBTTTI, ancianos, madres, padres, huérfanos, profesores, normalistas de la Raúl Isidro Burgos, comerciantes, músicos, intelectuales, actrices.

Miles de voces (la Secretaria de Seguridad Pública capitalina señala que más de 45 mil personas se dieron cita en la marcha) que, en consenso, piden justicia. Una palabra sencilla que en este país resulta una osadía.

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