Por Alejandro González Castillo / @soypopesponja

¿Malinchista y mediocre? Sí. Así es y ha sido el rock mexicano. Pero a esos dos adjetivos deben sumarse muchos más, según el Sr. González. “Sí, es así, pero también cuenta con músicos profesionales que hacen obras de gran calidad. Hay que tener claro que el rock mexicano no es solo de una manera, sino diverso”. González arriba a la conclusión luego de investigar las menudencias de una historia que, avisa, nació en 1956  con “El relojito”, en la voz de Gloria Ríos, y que a la fecha sigue sin contar con un punto final. Así que poco de aventurado hay en dicha sentencia.

60 años de rock mexicano Vol. 1. 1956-1979 (Ediciones B, 2016) es la primera entrega de dos que el Sr. González —músico, integrante de Botellita de Jerez— planea concretar. Una obra de cerca de 500 páginas en la que pasan lista 150 agrupaciones con nombres bien conocidos y otras tantas olvidadas por el tiempo, así como nombres de pila y motes igualmente célebres que ignorados. “La idea original era hacer una enciclopedia del rock, pero se abortó y decidí contar sesenta años de historia del género a partir de las bandas más representativas. El libro tiene un aspecto enciclopédico porque hay fichas de cada grupo, pero igual aborda la historia, pues ofrezco un contexto de lo que pasaba en cada época”.

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El autor prosigue: “al principio creía que esta historia podía contarse en un solo tomo, pero hubiera salido un ladrillote difícil de leer y vender; el siguiente volumen abarcará de 1980 a 2016 y saldrá en 2017. De momento aquí está la primera parte, un texto que, aunque puede leerse sin orden específico, sugiero hacerlo de principio para tener claro el panorama”.

¿Por qué hacer un libro de rock mexicano, Rafael?

La editorial me propuso hacerlo cuando se dio cuenta que había una enciclopedia del rock argentino y también del español, pero en México no. Vaya, hay muchos escritos sobre el rock mexicano (de hecho, todos esos libros lo usé como fuente de investigación), sin embargo se trata de información dispersa; no ha habido un intento por aglutinar todo en un solo trabajo. Esa es la parte interesante de 60 años de rock mexicano. Además, se trata de una investigación hecha desde la perspectiva de un músico (es decir, yo). Y me hice el propósito de ser objetivo, a pesar de la subjetividad que tengo como músico. Así que de pronto menciono a agrupaciones que no son de mi gusto, pero que son importantes, que no podía dejar fuera porque forman parte determinante de la historia. En ese sentido no solo recurro a los músicos más conocidos, también investigué sobre gente que tuvo un paso efímero en el rock o jamás sacó un disco. Luego hablo de grupos cuya importancia radica en que fueron seminales, pues de éstos nacieron otras bandas de mayor arrastre.

Ojalá todo esto provoque que otros ahonden en el tema; que periodistas, sociólogos e historiadores hagan lo propio. Esta es mi aportación, una entre muchas que deberían existir.

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Sr. González / Foto: Rubén Márquez.

Nunca antes como ahora se había puesto en discusión la vigencia del rock, pero si se habla de rock mexicano para muchos la situación se pone insostenible. ¿Cómo defines al rock mexicano en este libro?

Abro 60 años de rock mexicano definiendo ese punto con un abanico de interpretaciones, pero si tengo que simplificarlo todo, puedo decir que el rock es algo que se debate entre la forma y el contenido. Y que los que están ahí adentro se pasean de uno a otro punto. Bajo esta visión formal, a los grupos que hacían covers puede incluírseles en el concepto de rock, pues poseían la forma; pero los creadores también entran en la definición, pues tenían de su lado un contenido.

Ahora, si nos vemos más específicos, es difícil ponerle límites a un género que, de entrada, pretende ser libre y rebelde, que busca ser un espíritu joven, aunque lo cierto es que en la actualidad quienes hacen rock son los viejos. Me parece que las propuestas con actitud rebelde pertenecen al rock, eso creo, y la rebeldía tiene algunos matices, desde los músicos que se contraponen a los dictámenes de los padres hasta los que reniegan de lo que los políticos ordenan. Y todos ellos caben dentro del rock. En ese sentido, los primeros rocanroles mexicanos eran ingenuos, su rebeldía se manifestaba con bailes provocativos para la época o con letras cuyas temáticas los adultos desconocían.

En tu texto se encuentran Angélica María y Los Locos del Ritmo, Los Yaki y Náhuatl, por mencionar algunos nombres. Discursos que van de la ingenuidad a la rebeldía, de la imitación a la innovación. 

El primer rasgo de identidad del rock mexicano tuvo lugar cuando se le pusieron letras en español a temas originalmente interpretados en inglés. Así nació una cultura en la que los jóvenes les hablaban a los jóvenes de cosas de jóvenes, algo que no había pasado nunca. Esa rebeldía se fue sofisticando. Particularmente, en la historia del rock mexicano ha habido aciertos y errores, se ha desviado el camino y luego se ha vuelto al cauce.

Por ejemplo, al final de la década de los sesenta, el rock mexicano, con el deseo de hacerse de una identidad, se extravió, desde mi punto de vista así fue. Se empezó a cantar en inglés bajo la justificación de que ese era el idioma natural del rock. Entonces se hablaba de cosas que no tenían qué ver con la realidad del país, había un rollo de imitación muy claro de lo que pasaba en Estados Unidos. El hipismo pegó entonces y nació la versión mexicana: los jipitecas. Pero esos jipitecas estaban muy preocupados por la guerra de Vietnam cuando aquí mismo, en México, hubo matanzas en el 68 y el 71. ¿Qué pasó ahí? ¿Inconciencia, ingenuidad? Al final, el rock mexicano se dio un encontronazo con la realidad. Y los sobrevivientes de ese madrazo fueron los que sembraron las semillas de algo nuevo.

Curiosamente justo eso sucede actualmente, muchos músicos escriben letras distantes de la realidad que como sociedad vivimos y prefieren hacerlo en inglés.

De alguna forma la historia se repite, sí. Las bandas cantan en inglés y sus letras no reflejan la realidad del país. Existía la ingenua idea de que al cantar en inglés se abría la posibilidad de la internacionalización, pero la historia demostró que nada de eso sirvió. Habrá que ver qué nos dice el tiempo, qué pasa con quiénes hoy cantan en inglés. Por fortuna existe internet y las cosas en ese sentido pueden cambiar.

Personalmente, hablando de mi labor como músico, creo que mi deber es comunicarme en español para que quienes estén a mi alrededor comprendan lo que quiero decir, lo que estamos todos experimentando como sociedad; pero también reconozco que pertenezco a una generación en la cual cantar en español era lo importante. No quiero hablar de que “mis tiempos eran mejores”, cada generación busca su camino; no obstante, es un hecho que las nuevas generaciones deberían preocuparse por saber qué pasó para así evitar repetir algunos errores.

Yo solía pensar que la historia del rock mexicano estaba plagada de eslabones perdidos, pero lo cierto es que todo va conectado. Las cosas suceden por reacción a lo ocurrido. Que ahora haya bandas haciendo rock con las características que poseen, no es porque sí nada más. No es por generación espontánea, hubo un antes.

Y ese antes luce pleno de historias fascinantes.

A lo largo de mi investigación rara vez me topé con historias sin chiste. Sí, se trata de historias fascinantes. Como la de Toño Quirazco. El rock and roll entró a México como un ritmo para bailar —a diferencia de Estados Unidos, donde nació como un movimiento contracultural—, es decir, la industria disquera lo apañó muy cabrón, tanto que pareció agotarlo, entonces se creyó que podían sustituirlo el twist y luego el surf.

Buscando ritmos para alargar la mecha, durante la primera mitad de los sesenta buscan a Toño los del sello Philips (no estoy del todo seguro de esto) y le dijeron: ¿sabes qué?, vete a Jamaica para que aprendas cómo se hace ese nuevo ritmo que está surgiendo: el ska. Entonces Toño se va, regresa a México con sus anotaciones y forma su banda, pero se da cuenta que el ritmo no funciona del todo para el baile, así que decide acelerarlo, se acerca a la polka (además él tocaba una guitarra slide, medio hawaiana). O sea, su ska era muy sui generis; pero, vaya, montó un numerito que le gustó tanto a la compañía que sacaron discos de ska que presentaban con bailarines y todo, para que la gente aprendiera a bailar el ritmo nuevo. Es curioso, ¿no?, pocos saben que se hacía ska en 1964 en México.

Hablando de mecenas, el rock & roll llegó a México gracias al patrocinio televisivo, no hay que olvidarlo. Incluso Pedro Vargas y otros personajes de su calaña figuraban como protagonistas.

Sí, a México el rock and roll entró así, ni siquiera lo tocaban los jóvenes, sino orquestas integradas por adultos. Contaba con el apoyo de la Tv. y las disqueras. Hoy día hay mucha música circulando, todo el mundo se auto produce y esto marca un cambio definitivo porque prácticamente cualquiera puede hacer una producción independiente. Antes eso era casi imposible. Pero actualmente el rock no tiene los reflectores encima. Digo esto porque hay la percepción de que el rock existe o no en la medida que las luces estén sobre este. El rock ha existido aquí desde 1956, y sigue ahí, solo que a veces se ha encontrado en el escaparate y en otras no. Hoy, por ejemplo, vivimos una etapa subterránea. La primera persona que grabó un rock & roll en México fue Gloria Ríos, una vedete chicana que llegó a México a hacer películas y que a la larga grabaría “El relojito”. La fiebre del rock nació así, con una serie de películas protagonizadas, sí, por Pedro Vargas, y también por Joaquín Cordero y Agustín Lara.

Los jóvenes eran, por supuesto, ajenos a todo ello. Pero después se apropiaron del rock y comenzaron a generarlo por sí mismos; al comienzo de manera amateur, pero luego, a finales de los cincuenta, profesionalmente. A finales del 57 estuvieron Los Lunáticos con Sergio Bustamante, quienes grabaron en inglés y español y fueron los primeros jóvenes que por sí mismos decidieron hacerlo. Los Black Jeans, Los Rebeldes del Rock y Los Locos del Ritmo se pelean ese título también; pero no, la verdad es que primero fueron Los Lunáticos. Además es inútil competir en ese nivel porque la primera grabación de Los Black Jeans se perdió en el tiempo; a Los Locos, tras entrar al estudio, les enlataron el producto; y Los Rebeldes grabaron después que el par previo, pero fueron los primeros en sonar en la radio. Realmente los tres fueron pioneros.

Hablabas de música sui generis, en ese rol Los Tepetatles merecen una mención especial, ¿no?

Los menciono en el libro, pero no les hice ficha porque fueron un espectáculo, algo creado más con la idea de hacer un sketch que de formar un proyecto musical. Es decir, la música era un pretexto para hacer chistes. El grupo tuvo a músicos de Los Rebeldes del Rock y a personajes como Alfonso Arau, José Luis Cuevas o Carlos Monsiváis… fue un proyecto importante porque con el tiempo sería una gran influencia para quienes buscaron mezclar el humor y el rock. Digo esto como Botello: “Tlalocman” es original de Los Tepetatles, y mis compañeros dicen que si Los Tepetatles fueron influencia para Botellita de Jerez, esto sucedió vía Sergio, quien básicamente aportó eso. Porque el resto tenía como referentes a Los Xochimilcas o a Lalo Guerrero.

El rock & roll y la llamada onda chicana vivieron en México su efervescencia mientras en el resto del mundo las bandas con metales hacían lo propio; sin embargo, con el punk no ocurrió lo mismo, éste reventó acá con un rezago considerable. 

Cuando sucede Avándaro el rock se refugia en los hoyos fonquis (los antecedentes de estos hoyos fueron los salones donde se hacían conciertos de modo, digamos, más rudo, a diferencia de lo que antes sucedía. Un buen ejemplo de lo dicho sería el Salón Chicago). Entonces todo era paupérrimo, las condiciones bajo las que esos conciertos tenían lugar eran pésimas, y las dinámicas entre músicos y público eran francamente agresivas. Bajo esta perspectiva, en México había punk antes de que la palabra fuera acuñada. El “no hay futuro” y el “hazlo tú mismo”, los argumentos del punk, ya existían aquí. Sin embargo, el punk llega formalmente al país con grupos que vinieron a refrescar el discurso del rhythm´n´blues que aquí se hacía, tan peculiar, con Three Souls in My Mind a la cabeza. Bandas como Dangerous Rhythm o Size protagonizaron ese cambio; y fueron grupos que, por cierto, no se conformaban por chavos banda, sino por músicos de la clase media. El punk en México amarra en la clase popular hasta los ochenta, tarde, es cierto; pero el rock de este país se debate entre la forma y el contenido, no lo olvidemos.

¿Podría ser una constante en el rock mexicano esa ansía salvaje por aferrarse, a pesar de que todo luzca en contra?

La mayor parte de nuestra historia ha ido a contracorriente. Pero en términos comerciales han existido dos momentos de gran apoyo: uno, en los sesenta; el otro, durante la transición de los ochenta a los noventa. Sin embargo, el rock ha ido más allá de eso, más allá de la industria. En realidad ha ido en contra de todo. Vivimos en una sociedad muy conservadora. Yo no creo que algún país del mundo haya vivido una circunstancia como la nuestra tras Avándaro, cuando el rock fue prohibido a nivel institucional. Quizá el bloque comunista, o los árabes, no lo sé. Nuestra historia es particular, diferente a la de los argentinos o a la de los españoles. Al comienzo nos inspiramos en el rock anglosajón, es real esto, pero luego contamos nuestra propia historia.

Tantos detractores que tiene el rock mexicano, quizá la misma cantidad de rostros y facetas que este mismo posee y que pocos se atreven a explorar sin prejuicios de por medio. Tras sesenta años de vida, parece que de alguna u otra manera esto sigue siendo un asunto para proscritos.

Debo confesar que yo mismo he sido prejuicioso al respecto. Cuando la editorial me propuso hacer un libro con 500 bandas de rock mexicanas, me pregunté: ¿habrá tantas, quinientas? Y bueno, me puse a hacer una lista con casi 400 para finalmente concretar una de mil, pero estoy seguro que hay muchas más. ¿Por qué hay tanto desdén hacia el rock mexicano? Se ha sufrido una estigmatización, es cierto, y el gobierno ha aprovechado ciertas circunstancias para menguar el poder de convocatoria que el rock tenía hace décadas, cuando era evidentemente peligroso.

A fines de los sesenta, Televisa (donde militaban entonces los soldados del PRI) hizo la labor de cerrar espacios. Un programa televisivo como Siempre en Domingo le decía a la familia mexicana lo que tenía que escuchar, y no era rock. Y aunque en los ochenta esa música tuvo mucho jale, siempre hubo un sector de la sociedad en contra y eso, de alguna manera, persiste hasta hoy. Siempre hay gente que se resiste a los cambios, que prefiere que las cosas se queden quietas.

Rafael, después de platicar contigo no queda más que reflexionar: no conforme con formar parte de un grupo de rock mexicano, haces un libro donde estudias el fenómeno. Doble salto mortal el tuyo.

Ja. El primer salto mortal lo di cuando decidí tocar rock en español en México. Me tiré al vacío. Luego vino esto del libro. ¿Por qué hice clic con la editorial cuando me buscó para escribir 60 años de rock mexicano? Pues por el gran amor que le tengo a la música y al rock mexicano en particular. Me parece, después de todo, que esta es mi forma de decirle al mundo: miren, lo que aquí hacemos es importante.

Editor Yaconic

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