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Por Abia Castillo / @abiaaaa 

El pasado 30 de diciembre, el multimillonario Michael Bloomberg finalizó sus 12 años de mandato al frente de la alcaldía de Nueva York y sus 5 distritos: Queens, Manhattan, Bronx, Brooklyn y Staten Island. En su último discurso Bloomberg señaló sus logros más significativos sobre todo en materia de seguridad, turismo y salud, logros del todo insuficientes para sus detractores, quienes subrayan el lado oscuro de su periodo: la brecha abismal entre ricos y pobres, las rentas carísimas (muchos neoyorquinos invierten alrededor del 50% de su salario en un lugar para vivir) y la dureza de su policía, la NYPD, acusada de discriminación racial. Más allá de la polémica, el último día de Michael Bloomberg al frente de la Gran Manzana fue capturado magistralmente en la portada de noviembre 2013 de la revista The New Yorker. La inspiración llegó de manera casual: Adrian Tomine estaba desayunando tacos cerca del City Hall cuando le vino la visión de Bloomberg abandonando el edificio del Ayuntamiento para luego dirigirse al subway. En la ilustración creada por Tomine, Bloomberg absorbe un popote de refresco mientras le da una última mirada al Ayuntamiento, un momento sencillo que augura su despedida como alcalde. El paisaje de otoño que enmarca la solitaria figura de Bloomberg es claramente neoyorquino: originario de California, donde el cambio de las estaciones es casi imperceptible, Tomine sigue sorprendiéndose de los colores otoñales de la metrópoli, del cambio de las tonalidades en los árboles según la temporada. Irónicamente, un californiano se ha convertido en uno de mejores retratistas de Nueva York.

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Adrian Tomine nació en Sacramento (1974) y pasó la preparatoria autopublicando sus primeros mini-cómics, piezas que más tarde conformarían la serie Optic Nerve. Como muchos, adoptó la tendencia que marcó la costa oeste en la década de los 90´s: el D.Y.S (Do it yourself), un estallido de bandas, fanzines y cómics independientes. Para Tomine, publicar esas historias se convirtió en la manera de crear un vínculo con el exterior. “No me puedo relacionar con el mundo y esa es la razón por la que dibujo cómics” señaló alguna vez. Fue sólo cuestión de tiempo: la editorial Drawn & Quaterly lo fichó en 1994 y apenas un año después, Optic Nerve fue nominada a los premios Harvey como The Best New Series y Tomine se llevó el galardón de Best New Talent.

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Su transición a las historias de largo aliento fue un esfuerzo consciente más que un paso natural. Luego de los 13 números que componen Optic Nerve, vinieron Sleepwalk y Summer Blonde, una colección de historias de entre 4, 6 y 20 páginas, extensión mayor a los mini-comics. Pero debía tomar un riesgo más grande. Influenciado desde siempre por Love & Rockets y los Bros Hernández, Tomine decidió crear sus propias novelas gráficas y fue así como surgieron Shortcomings y Scenes from Impending Marriage, su obra más personal hasta el momento, donde narra los pormenores (absurdos en su mayoría) de la planeación de su propia boda. ¿Su estilo? Sobrio, elegante y de trazos finos. Tomine se distingue por capturar momentos, historias donde prevalece la emoción por encima de la acción para plasmar así la vida interior de sus personajes.

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Ilustrador regular en The New Yorker, Tomine ha colaborado con The Brooklyn Magazine, Esquire y Rolling Stone además de su trabajo con  bandas como Eeels y Yo la tengo. Lanzado a finales de 2012, New York Drawings reúne el trabajo que ha realizado para The New Yorker, más

que un homenaje, estas ilustraciones constituyen una carta de amor a la ciudad que ha adoptado como suya. Vive en Brooklyn con su esposa y su pequeña hija y su popularidad es aún más alta que la del mismo Michael Bloomberg. Nada mal.

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