Por Mixar López / @nomenclatura

Cuenta la leyenda que se conocieron viéndole los calzones a Kim Gordon y auscultando las tetas de la mamacita Anne DeMarinis en un toquín de Sonic Youth. Dos hombrecillos: Jesse F. Keeler y Sebastien Grainger, que se sienten unas máquinas frente a las mujeres indies fresas. Dos hombrecillos de peinados ridículos y barbas de comercial de Gillette: uno tatuado hasta la medula, hasta el orificio; el otro: tan limpio como un maniquí. Los varoncillos formaron al principio una banda, y esa banda se llamó Death from Above; pero un tal James Murphy (LCD Soundsystem) ya había utilizado ese concepto. Entonces los machillos decidieron modificarlo “creativamente”, agregándole la fecha de nacimiento de Grainger, el maniquí.

You’re a woman, I’m a machine (2004) fue precisamente su primer álbum de estudio. Fue “una jeringa en Canadá”, donde moldearon fans de la talla de la punk apestosa de Alice Glass (Crystal Castles) y de Luiza Sá, Ana Rezende y Carolina Parra, brasileñas calientes, integrantes de Cansei de Ser Sexy, quienes les dedicarían un tema llamado “Let’s make love and listen to Death from Above”, con las firmes ganas de llevárselos a la cama, de comerse esa tuna. Last Gang Records se echó ese taco a la uña, aferrados a Universal, para que el mensaje llegara más lejos. Y lo hicieron: Death from Above 1979 salió catapultado como por una resortera de niño desobediente a las aldeas globales; y hasta los Justice les hicieron covers. Las “maquinitas del amor” se mojaron y dieron rienda a su lubricidad, grabando el Romance Bloddy Romance, un volumen de mezclas de su primera placa.

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Death From Above / Foto: News.bandsintown.com.

Death from Above 1979 son “dueños” de un noise muy espeso. Algo que tu abuela y tus tíos repudiarían, en esas fiestas con gorritos triangulares de cartón a las que sueles estar obligado a ir, y en donde te adueñas atolondradamente de la rockola. Van a odiarte, y eso es buena señal, buen augurio, el pronóstico de que tus oídos están tan cochinos como los del par de canadienses barbones. Si a tu abuela no le está gustando del todo tu música es que vas por buen camino, y eso fue lo que hicieron los pandrosos de Death from above 1979 con ese dance punk muy particular, haciendo bailar a todo tipo de coños, a todo tipo de tobillos y pelvis enfermas en un Canadá gélido, empolillado.

El dúo maquinizado logró hacer agitar las pecas de las canadienses más insulsas y abrió las piernas de rubias ingenuas. Su sonido es mainstream; pero su actitud es más punk que la de sus coetáneos (mentira). Death from above fue (es) una prueba de que el noise aún puede sorprender, y de que el punk, no el proto, sino eso en lo que se ha convertido el “punk”, está vivito y coleando (maybe, maybe).

La banda murió por jugarle al verga. En 2006 Keeler anunció la desaparición del grupo. Ambos hartistas (con H) iban a trabajar en “proyectos diferentes”. Jesse, el barbón de la Gillette, fundaría MSTRKRFT (Master-kraft), una caravana de música electrónica junto a Al-P (Alex Puodziukas), así como JFK and St. Mandrew, mientras que el maniquí formaría The Rhythm Method. Desde aquel entonces el muñeco no se ha dedicado a nada, más que a contemplar escaparates.

En verdad, la separación fue debido a discrepancias con Grainger sobre el sonido que el dúo debería adoptar en años venideros, como musicalizar escaparates de tiendas de moda canadienses en Kensington Market.

Death from Above 1979 se reuniría en 2011 para el Festival Coachella en Indio, California. Tres años después lanzarían el The Physical World, con el que muchos fígaros y costureras los conocerían. The Physical contiene los tracks “Trainwreck 1979”, “Virgins” y “White is Red”. La banda sigue activa, ejecutando ese ruido grasoso, el mismo que moja la entrepierna de las barbies ontarianas y de muchas más mujeres de plástico “por todo el mundo entero”. Desde ese momento, no le han vuelto a jugar al verga.

Editor Yaconic

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