Por Iván Farías / @ivanfariasc

Después del gran proyecto fallido que fue Dune de Alejandro Jodorowsky, Dan O’Bannon escribió una historia sobre un monstruo que asesinaba gente en el espacio, una vez terminada se alió con el director Ridley Scott, quien se dedicaba principalmente a la publicidad y a la televisión, pero acababa de debutar con la magnífica Los duelistas (1978) y estaba abierto a nuevos proyectos. Cuando Fox le dio el sí al proyecto, O’Bannon y Ronald Shusett redondearon la historia y sumaron al proyecto al artista plástico H. R. Giger, otro de los huérfanos de Dune, para crear al monstruo.

Alien es, a fin de cuentas, una historia de un slasher dentro de una casa, en este caso, una nave espacial. Nos presenta a los que van a morir en el entendido de que solo uno de ellos sobrevivirá. Lo interesante de la cinta son los porqués y los cómo. De entrada nos obsequió un nuevo monstruo, imparable, casi indestructible (su sangre es ácido) y sin sentimientos. Que utilizaba una rara forma de procrear, consistía en parasitar en un ser vivo. Esa fue una de las primeras cosas que nos asustaba: que había asesinado a otro ser extraterrestre, porque su cadáver estaba ahí.

alien covenant

Alien nos ofrecía muchas cosas nuevas: no podíamos ver al monstruo hasta el final, ninguno de los personajes era un héroe, ni siquiera Ripley. La tripulación de la nave no estaba preparada para lo que sucedería, aunque la empresa para la que trabajaban sí sabía que los mandaba a morir. Tenía el añadido de que los seres no vivos dentro de la nave, es decir la computadora central llamada Madre y el androide de cargo, estaban coludidos con la empresa. No había fallos en el guion. A diferencia de Alien: Covenant, la tripulación no tomaba riesgos, seguían los procedimientos y, pese a todo ello, acabaron muertos.

Las secuelas tomaron como base la idea de que toda la tripulación, en algún momento, iba a morir. Eso lo sabemos desde un principio, lo interesante es saber por qué. En Aliens (1986) de James Cameron, lo importante es el juego de los roles de género, cosa que también haría en Terminator 2 (1991). Ripley se revela como una mujer fuerte que adopta una hija para sacarla del terror, mientras la progenitora Alien es una madre tradicional, además de castrante y devoradora. A este juego se une la masculinizada Vasquez.

En Alien 3 (1992) y Alien Resurrection (1997) se decantan por el encierro y la fe, por la rareza y el doble. En Prometheus (2012), Ridley Scott quiso desarrollar un argumento sobre la creación y la deidad, sobre lo divino, pero el público no lo aceptó. Es por eso que en Alien: Covenant (2017) le mostró al espectador lo que buscaba. Craso error.

alien covenant

Alien: Covenant es un muy reelaborado remake de Alien del 79, una tripulación que recibe un mensaje y que va a investigarlo para darse cuenta que un monstruo imparable los matará uno a uno y cuando no, se matarán entre ellos por torpezas. Esta película saga/precuela/reboot es un dechado de errores. Utiliza personajes que nunca nos acaban por importar, sin profundidad, simples cadáveres que se acumulan, como el propio James Franco que aparece en la trama solo como un suspiro.

A esta tripulación parece que se le durmió el sentido común. Una mujer encierra a su amiga, con un peligro que todavía no es latente, para cinco segundos después disparar como loca en donde están los tanques de combustible. Científicos que van a colonizar un planeta, bajan a este sin ningún tipo de protección. Ah, y si un misterioso personaje se les aparece en la oscuridad lo siguen porque seguro es bueno.

Decisiones estúpidas se acumulan mientras los muertos se quedan en el camino. También hay momentos de profundidad filosófica y de juego homosexual entre el único actor memorable de la entrega anterior. Claro, hay referencias culteranas a los últimos de Pompeya, Wagner, Miguel Ángel Buonarroti y Nietzsche, pero todo se eclipsa por los fallos en el guion.

Alien: Covenant es como una de esas manzanas rojas y enormes de los supermercados: hermosa a la vista y sin nada de sabor cuando la muerdes.

Editor Yaconic

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