Por Manuel Noctis / @ManuelNoctis

Conocí a Lupe Tijerina y Los Originales Cadetes de Linares cuando estaba morro. Se presentaron en la Plaza Monumental de Morelia como parte del festejo de aniversario de un periódico de Michoacán. Me gustaba ir a ese tipo de eventos y esa tarde aproveché que el papá de unos amigos tenía boletos de cortesía. El extraño gusto por estos espectáculos tan cuestionados hoy en día me enganchó de inmediato con la música norteña. Tenía algunos primos que se dedicaban a esto; pero sobre todo fue gracias a mi padre que desde muy pequeño aprendí a apreciar muchos de los géneros musicales, desde lo más popular hasta lo ultra refinado de la música clásica. Mi padre, músico, tocaba en todo tipo de eventos. Además poseía una colección inclasificable de acetatos de todo tipo de artistas que solíamos poner con Erick, mi hermano, en el tocadiscos hasta que poco a poco desaparecieron o los fuimos madreando.

Éramos muy morros todavía para salir solos a la ciudad, pero nuestros padres nos dieron el voto de confianza y nos fuimos gustosos. “Los dos amigos” me quedó bien grabada; el ritmo, la melodía, la letra y el trance que me provocó aquella canción. Recuerdo la noche cuando regresamos a casa y le dije a mi padre que habíamos visto a Los Cadetes de Linares. No le sorprendió la noticia. Me dijo que había muchos grupos falsos que se hacían pasar por los originales, y que quizá había tocado unos de esos. No comprendí que muchos grupos tocaran en distintos lados a la vez y utilizaran el mismo nombre. Se me hacía raro que eso existiera. Pero yo estaba seguro de que había visto a Lupe Tijerina y percibido su inigualable voz. No hay nadie en el orbe norteño que canté esas rolas como lo hacía él.

lupe tijerina cadetes de linares1

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Don Lupe Tijerina murió el 5 de junio de 2016 mientras ofrecía un concierto en San Luis Potosí, en el norte de México. La noticia corrió primero mediante un tuit de Mario Quintero, uno de los pesados de Los Tucanes de Tijuana. Después el propio grupo, Los Cadetes, lo confirmó. Se corrió la nota a través de diarios locales, nacionales, internacionales y de cuanto cabrón sabía la importancia de esta pérdida. “Se nos están yendo los grandes”, “Se fue el segundo Cadete al mando”, “No hay Cadetes ya si no es con Lupe Tijerina”, fueron algunas de las frases que leí de amigos y conocidos a los que, sabía bien, les había pegado machín la noticia.

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A principio de los noventa Los Cadetes de Linares no eran mis ídolos. Mucho menos era fan consagrado de Lupe Tijerina. Había ido a ese evento porque además había jaripeo y se presentaría un bato, “El Tigre” Gaytán. De ese cabrón sí era fan. Desde entonces disfrute totalmente esas canciones. Sobre todo cuando en las reuniones familiares se tocaban con guitarra en mano, o cuando algún grupo las interpretaba en las fiestas de mi pueblo. Después me encontré con personas que me llevaron por otros caminos y me alejé de ese ambiente. Pero todavía escuchaba música norteña.

¿Si había tantos Cadetes de Linares, quiénes eran los buenos? El responsable de todo este embrollo fue el señor Homero Guerrero. Gracias a su hermano mayor, él empezó a tocar la guitarra. Entusiasmado, se aventuró a tocar en fiestas y celebraciones en su natal ejido: El Popope, en Linares, Nuevo León. Pasó el tiempo y se lanzó a Monterrey a encontrar el camino que lo llevaría a la fama. Ahí formó el Conjunto Linares y en una de las tantas presentaciones conoció a Lupe Tijerina. Con él trabajó durante un breve periodo sin lograr una buena mancuerna. Después de deambular por varias ciudades de Estados Unidos regresó a su rancho y formó entonces Los Cadetes de Homero y Samuel. Según Octavio Hernández (periodista musical) el nombre surgió de la fascinación que Homero le tenía al Colegio Militar de México, al que le hubiera gustado pertenecer. De ahí la idea de convertirse en un cadete musical.

Lupe y Homero

El destino, en una segunda vuelta, puso de frente a Homero y a Lupe Tijerina en 1967. Ya con madurez e ideas musicales sólidas se conectaron y formaron Los Cadetes de Linares. Pero fue hasta 1974 cuando grabaron el disco Los dos amigos bajo el sello Ramex. Primero unas cuantas copias. Después cientos debido al éxito obtenido. Al año siguiente se presentaron en la Expo de Guadalupe, en Monterrey, alternando con Ramón Ayala y sus Bravos del Norte, el Grupo Renacimiento y Los Humildes. Notoriedad rotunda que, ahora sí, los catapultaría directito a la fama y sin vuelta pa’trás.

Siete años después éxito tras éxito y presentaciones abarrotadas, el destino les hizo una mala jugada. El 19 de febrero de 1982 falleció Guerrero. Los reportes de la época señalan que don Homero manejaba el auto en el que viajaba el grupo rumbo a China, Nuevo León. Caía una intensa lluvia. Cuando quisieron rebasar un carro se impactaron con un camión de carga. Homero resultó grave y fue llevado al Hospital Virginia de Cadereyta, donde falleció más tarde. El incidente marcó el rumbo de Los Cadetes de Linares.

Después del percance surgieron infinidad de grupos que hasta la fecha lucran y se presentan con el nombre. Todo para aparentar algún parentesco con Homero o haber sido parte en algún momento del proyecto original. Los Cadetes de Linares de Alfredo Guerrero, Los Cadetes de Linares de Benjamín Guerrero, Los Cadetes de Linares de Félix Gallegos, Los Cadetes de Linares de Félix Cantú y Homero Guerrero Jr. y Los Cadetes de Linares, Chuy Vega y Los Nuevos Cadetes de Linares, fueron algunos de los que surgieron; pero los únicos merecedores del título y el respeto, hasta la muerte de Don Lupe, llevaban el nombre de Lupe Tijerina y Los Originales Cadetes de Linares. Comprendí entonces lo que aquella ocasión me había dicho mi padre.

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Pasaron años para reencontrarme con ese pasado norteño. Durante ese inter entre la secundaria y la prepa me atrapó una áurea dark-punk-metalera que no me dejaba expresar al mundo mi gusto por la música norteña, la banda y hasta la cumbia. Pero fue gracias a mi hermano, con quien comencé a frecuentarme en sendas borracheras que se prolongaban en casa escuchando a todo volumen y hasta el amanecer todos los corridos, boleros y románticas que inmortalizaron a los Cadetes. Una noche, cuando escuchamos “Los dos amigos” supimos que sería nuestra canción. Cuando nos extrañamos, a la distancia, solemos publicarla en nuestros muros de Facebook. Desde entonces Los Cadetes nos han acompañado en todo. Incluso en la muerte de mi abuela materna cantamos “Dos coronas a mi madre”.

Esa juerga entre borracheras y corridos se expandió entonces con mis amigos José Alfredo —en su nombre lleva la penitencia— y El Wence. Con el primero me frecuentaba solo para escuchar a los eternos Cadetes después de la borrachera. Con el segundo solía ir a El Andaluz (una cantina en Morelia) para meterle un montón de dinero a la rockola y escuchar a Lupe y compañía. Dicen que entre trago y trago se nos acaba la vida. Pero un corrido de Los Cadetes nos llenaba el alma y el corazón. Ahí se nos compensaba la eternidad.

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Los Cadetes de Linares llevaron la música norteña a lugares inigualables con éxitos como “Los dos amigos”, “Dos coronas a mi madre”, “No hay novedad”, “Cosas de ayer”, “El rogón”, “Pistoleros famosos”, “Una lágrima y un recuerdo”, entre otras. Incluso incursionaron en el cine con películas clásicas como Las tres tumbas (1979), Cazador de asesinos (1981) y otras tantas con el mismo nombre de sus rolas más aclamadas. Son actualmente influencia de la mar de conjuntos norteños.

Por eso la mañana del 5 de julio de 2016, cuando desperté para ir al jale, me pegó machín encontrarme en redes la noticia de la muerte de Don Lupe. Era el último Cadete que nos quedaba y yo lo esperaba en Tijuana. Unos días antes había visto un cartel que anunciaba su visita para dar un show. Me emocioné como no lo había hecho antes. Ni siquiera con Los Fabulosos Cadillacs o Los Auténticos Decadentes, que se habían presentado un par de semanas atrás. Pensaba ir al baile. Quería entrevistarlo. Platicar con él. Quería contarle lo que quizá muchos ya antes le habían dicho. Quería decirle que había alcanzado el título de ídolo dentro de mi pequeño grupo selecto de personajes admirados. Pero no se pudo.

Acá en Tijuana no tengo ningún disco de Los Cadetes. Tampoco guardo algún casete y mucho menos conservo un acetato. Pero mantengo una carpeta en mi laptop repleta de sus extraordinarias composiciones. Tengo un archivo al que desde hace varios años pongo rolas de los más de 60 discos que grabaron y que sigo descubriendo con devoción. Acá en la frontera no está mi hermano Erick ni mi amigo José Alfredo para agarrar la borrachera y escuchar su legado. Pero sigo teniendo ese espíritu norteño que a la menor provocación me sale a flote en algún bar de los que suelo frecuentar por esta ciudad de la party eterna. Quizá, como me dijo mi padre aquella primera y única vez que lo vi en Morelia, existan muchos grupos que usurpan y se llenan los bolsillos con el nombre de Los Cadetes. Pero ninguno de ellos tendrá la inigualable voz de Don Lupe Tijerina. Ahí se chingan todos.

Editor Yaconic

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