Ana Mendieta es una de las artistas hispanas más reconocidas dentro del Arte Contemporáneo, ella es una cubana exiliada en los Estados Unidos que dedicó su obra a desarrollar movimientos como el performance y el Body Art, tendencias que la llevaron a expresarse de formas no convencionales. Los críticos y colegas de la artista han señalado que Mendieta combinó todas esas posibilidades con sus preocupaciones feministas y con su interés en sus propias raíces. 
 
Estudió en el Departamento de Arte de la Universidad de Iowa, donde Hans Breder, pintor y escultor relacionado con las vanguardias de ese momento, inició Intermedia, un curso experimental sobre la palabra acuñada por Dick Higgins, artista de la corriente Fluxus. Por Intermedia desfilaron como maestros invitados todos los artistas de su generación con algo nuevo que proponer y que estaban dentro de las tendencias neoyorquinas del momento que se oponían a las galerías y al idea del arte como mercancía, las cuales ejercieron una gran influencia en la trayectoria artística de Mendieta

A través de su cuerpo representó y creó obras con las que mostró su personalidad luchadora, reivindicativa y provocadora con un enfoque feminista. Marcada por el exilio que le arrancó parte de sus raíces al separarla de sus padres y de su tierra, y la llegada en los sesenta a una población aún racista, Mendieta dedicó su producción a mirar críticamente la sociedad que le rodeaba para después gritar corporalmente el rechazo y el sufrimiento causado por temas como el racismo, la política, la violencia, la marginación y el exilio.

Su producción artística puede dividirse en tres etapas: en la primera etapa, su propio cuerpo constituyó el tema principal; la segunda fase se caracterizó por la creación de siluetas humanas en varios paisajes; y la tercera por la creación de formas femeninas confeccionadas con materiales naturales como flores, hojas, hierba, tierra, fango, rocas y madera, mezclados con colas, ceras y otros productos sintéticos. Se ha señalado que entre la primera etapa y la tercera, sus trabajos fueron despojándose de su animalidad y de su carácter ritualista.

En muchas de sus obras recurrió al entorno natural para mostrar la conexión entre lo humano y lo natural, de ahí que también sea un referente en el movimiento del Land Art. Toda su obra encuentra un denominador común en el cuerpo de la mujer, sello que utilizó para acercar la crueldad de la violencia de género, defender la identidad de quienes ocupaban los márgenes sociales de aquella época y la dimensión espiritual que tanto interés le suscitaba, junto con la esfera de la religión y el rito.

Su cuerpo fue su herramienta, el canal por el que sus vivencias, opiniones y preocupaciones, junto con su fragmentada identidad y su doble marginación –por ser mujer y por ser exiliada cubana- brotaron hacia la luz. Un artista sensible e íntima, al tiempo que trascendente, cuya obra tuvo un desarrollo complejo debido al influjo de elementos con orígenes muy diversos, que vio su intensa carrera artística -y también personal- truncada a la edad de 36 años al caer desde la ventana de su apartamento, un suceso trágico que muchos achacaron y achacan al que era su reciente marido, el artista Carl Andre.

Una muerte paradójica para lo que fue su vida, una constante lucha reivindicativa por la igualdad y la protección de la mujer. Una vida difícil de la que la artista hizo eco, empleando su cuerpo y su pasión para mostrar el desgarramiento interior fruto de las amargas experiencias que vivió y que vio a su alrededor.

OBRA ANA MENDIETA

Glass on body (1972)

Performance en la que la artista presiona distintas zonas de su cuerpo contra un cristal para mostrarlo violentamente deformado. 

Trasplante de vello facial (1972)

una serie fotográfica resultado del proyecto de tesis de master del curso de pintura que realizó la artista, con las que Mendieta registró el proceso de cortarle el bigote y la barba a un amigo para ponerlos sobre su propia cara y dejar así paso a la fuerza varonil que los acompaña. Mendieta describía a esta pieza como “una continuación de la obra de Marcel Duchamp L.H.O.O.Q. (1919), una reproducción en forma de tarjeta postal de la Mona Lisa de Leonardo, a la que Duchamp añadió bigote y barba”. Esta fascinación de Mendieta por la Mujer Barbuda embona a la perfección en el corpus de una obra que, en muchos sentidos, se dedicó a explorar procesos de disolución y desintegración de identidades sexuales, étnicas y culturales.

Death of a Chicken (1972)

Performance en el que la artista, completamente desnuda, decapita un pollo y lo deja desangrar a la altura de su pubis. Sin duda, la fascinación de Mendieta por las leyendas y prácticas religiosas afrocubanas que conoció durante su infancia se refleja en esta faceta de su obra. Ana puntualiza su postura cuando recurre al sacrificio del otro para potenciar su feminidad, con un gesto de violencia muy primitivo a la manera de los actos de purificación Yoruba.

Feathers on a Woman (1972)
Directamente conectada con en el performance anterior, Mendieta realiza “Feathers on a Woman”, donde involucra un cuerpo femenino y lo travestiza. Lo cubre de plumas blancas y deja su sexo al descubierto. Podríamos leer esta actuación como una continuidad de la anterior performance: para poder realmente transitar, después del sacrificio debemos tomar la piel del otro. Es incuestionable la trascendencia del discurso de género. Al dejar al descubierto el sexo, potencia la marcada identificación social de los roles, y al mismo tiempo refuerza con el ritual, la feminidad consciente de la mujer.

Autorretrato con sangre (1973)

Conjunto de fotografías que muestran a la artista en primer plano bañada de sangre, una respuesta artística a la violencia contra la mujer. Las imágenes documentan el performance que llevó a cabo la artista con sangre corriendo por todo su rostro y escote.

Flores en el cuerpo (1973)

Obra de Ana Mendieta en la que su cuerpo aparece semioculto entre las rocas, la tierra y la vegetación, cubierto de pequeñas flores. Con ello la artista consigue que se cuerpo vuelva a ser parte de la naturaleza, produciendo una fusión íntima. En gran parte de sus obras exploró las relaciones del cuerpo y la naturaleza de un modo entre religioso y místico, como ocurre en esta obra. Ana se acerca a lo religioso, donde el ciclo natural de la vida conlleva una reencarnación, entendida ésta como la transformación de un cuerpo en otro, un ciclo eterno de renovación de la vida.

Rape Scene (1973)

Obra marcada por la influencia en acción en la que Mendieta reacciona ante la violación de una joven en el campus de la universidad en la que estudiaba. La artista aparece semidesnuda y cubierta de sangre, con signos de violencia a su alrededor, recreando en su propio apartamento la vulnerabilidad de la mujer ante el descontrol y la atrocidad humana, denunciando contundentemente la utilización de la mujer como objeto sexual. Una obra que detalla la crudeza de un instante.

 Sin título, de la serie el árbol de la vida (1977)

Obra de la serie Árbol de la vida con la que Mendieta lleva a cabo una de sus primeras acciones con límites difusos entre el Body Art y el Land Art. La artista refuerza su unión con la naturaleza al recubrirse de lodo para camuflarse en un tronco de árbol y pasar a formar parte de él, al tiempo que posiciona su cuerpo formando la figura que convirtió en estandarte de lo femenino. Esta obra es un acto de identificación y aproximación a la esencia del ser humano.

Con información de Fotografica.mx colaboracionum2013.blogspot.mx.

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