Por Milene Zozaya / @milenezozaya

El seno de la obra de Andy Warhol es una dialéctica constante. Más que nunca en la historia del arte, su obra y la de su época abrieron un doble diálogo difícil de discernir a simple vista.

1962 fue quizá el año en que el epicentro del pop art estaba en la costa oeste estadunidense. En la Ferus Gallery de Los Ángeles, con la primera exhibición individual de Warhol —y la primera de arte pop en esa región—: Latas de sopa Campbell. 32 retratos de latas de sopa, uno dedicado a cada una de las 32 variedades de sopa existentes en el mercado.

andy warhol estrella oscura

Dos años más tarde, después de múltiples exhibiciones, Warhol presentaba en la costa opuesta su primer show individual de escultura en la galería Stable de Nueva York: Cajas de Brillo/Campbell’s/Heinz.

Las décadas siguientes el mundo se cuestionaría la diferencia entre un objeto ordinario del supermercado, o de cualquier alacena convencional, y ese mismo objeto colocado como obra en un museo o galería.

Aún hoy, más de cincuenta años después, mucha gente se lo pregunta frente a la exhibición Andy Warhol. Estrella oscura, presentada en el Museo Jumex de la Ciudad de México.

andy warhol estrella oscura

LA RUPTURA DEL POP ART

Durante los sesenta, el análisis de la producción cultural y su representación ocuparon un papel importante en el arte. Una vez que hubo una mínima distancia entre las primeras expresiones artísticas de la posguerra, exaltadas por la subjetividad y el aislamiento, como en el expresionismo abstracto; o entre las nociones transgresoras del no-arte y el cuerpo, como en el happening y el performance; o bien, en el interés por las luchas sociales y el psicoanálisis, como en el arte feminista.

La postura más convencional asimilaría al pop art desde su crítica ante la bulliciosa producción cultural de la época, alimentada por el fetiche de la mercancía. hasta los matices más complejos de la creciente construcción de la cultura de masas, sostenida por el posicionamiento de los medios de comunicación. Esto en el remolino de una década de hitos históricos. Estas cuestiones, en conjunto, alimentaban la construcción hegemónica de una nueva potencia mundial que el arte observaba de cerca.

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Pero el análisis anterior del pop soslaya el planteamiento de la mímesis presentada entre obra de arte y objeto convencional. Es en esta donde se entrevera el juego dialéctico de origen, ante la tensión entre los señalamientos que realiza la obra y el modo en el que lo hace: a partir de su propio ser, idéntico al de la cotidianeidad más burda.

El pop surgió como práctica artística que exhibía cómo se desdibujabaron los límites entre arte y vida, acercando el arte a la vida y la vida al arte.

Este tipo de producción dejó claro que la estructura formal de la obra no era ya la que planteaba la categoría de arte. Cuestionó de forma recurrente las categorías que hacían que un objeto, como la caja de Brillo, fuese considerado en distintas dimensiones —arte o vida—, dado que las diferencias entre ellos no eran asequibles en términos sensibles.

andy warhol

Quizá el crítico que hizo este análisis con mayor eficacia fue Arthur C. Danto, quien comprendió que las exposiciones de Warhol en la Ferys Gallery del 62 o la de la Stable Gallery del 64, representaban el traspaso de la misión del análisis del arte, desde su labor histórica hacia la filosófica. Justo en el momento en que el arte se cuestionaba su naturaleza. El resultado fue el surgimiento a una nueva consideración del arte, que ni siquiera Warhol o sus coetáneos tenían en claro.

Es esta consideración del planteamiento filosófico del arte, tan simple como puede parecer hoy —con la distancia que el tiempo concede—, la que en el origen de prácticas artísticas que tuvieron gran visibilidad, como la del pop, fracturaron la frontera rígida del arte, que la mantenía en el acogedor aislamiento de “lo elevado”. Aquel mismo linde que décadas atrás el dadaísmo ya había cuarteado con el cincel duchampiano.

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ESTRELLA OSCURA

Andy Warhol. Estrella oscura exhibe el trabajo de la primera década de la trayectoria del artista, como una carta abierta que narra su origen y trascendencia. La muestra puede ser vista entre la latente tensión de su naturaleza, origen y contenido:

Desde las latas de sopa y la tautología obsesiva de la producción capitalista, ante el impulso de consumo que nos devora y reduce.

La serie de desastres, siempre entre el glamur de la exaltación del “yo” de la cultura mediática, en contraposición a la cotidianeidad y el anonimato, que en conjunto, muestran la anomia de la sociedad en todos sus estratos.

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La idolatría en todos los campos, partiendo por el artístico, siguiendo por el social, hasta llegar al político, que, en gran escala, modela las disputas entre oriente y occidente.

El deseo y sus excesos, desde los individuales/aspiracionales, hasta los del control de la vida y la muerte.

Y siempre, siempre, el magnetismo de la insulsa pero perversa sociedad del espectáculo, sus formatos y medios, que reflejan la estética pop, de frente al abismal vacío del cual pende.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Revista de arte y cultura

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