“Para mí la infancia es muy importante, la mía y la de los demás, en mi trabajo se ve, tengo un espíritu infantil, me gusta jugar y creo es la actividad a la que dedico más tiempo, a jugar”.

Antonio Santos-nota 

Por Pablo A. Anduaga / @Pablo_Anduaga
Foto Pedro Zamacona

El niño interno de Antonio está tan vivo que ha logrado más de 60 exposiciones individuales y reconocimientos importantes por su labor como ilustrador. “hacer lo que se te da la gana tiene sus consecuencias” nos platica el oriundo de Huelva, y en su faz la felicidad es la mayor de ella.

Pablo A. Anduaga (PA): Tienes un aspecto lúdico inconfundible en tu trabajo, ¿para ti qué es la infancia?

Antonio Santos (AS): Según un amigo escritor que se llama Julio Llamazares, muy conocido en España, dice que la infancia es la patria del hombre, es una frase muy altisonante pero bastante certera, creo hasta los psicólogos lo dicen, “fuimos lo que somos hasta los 9 ó 10 años, o por lo menos lo somos una mayoría, para mí la infancia es muy importante, la mía y la de los demás, en mi trabajo se ve, tengo un espíritu infantil, me gusta jugar y creo es la actividad a la que dedico más tiempo, a jugar.

PA:¿ En tu experiencia, qué tanto ha cambiado ser niño en la actualidad de las megápolis?

AS: Mi infancia se repartía entre la capital de España, Madrid (donde había menos autos y se podría transitar con mayor libertad) donde yo era un niño bastante vigilado por mis padres y prácticamente mi única actividad era cruzar la calle a un descampado donde había un cementerio y me dedicaba a recolectar huesos que luego horrorizaban a mi madre, como fémures, cráneos… los huesos siempre me han gustado mucho, las estructuras, la arquitectura en general y los huesos son la arquitectura humana. Luego, yo pasaba los veranos en mi pueblo en el norte de España (Huelva), pegado al Pirineo, pueblo de 120 habitantes donde éramos completamente libres, desaparecíamos de la casa donde vivían mis dos tías solteras y mi abuelo por la mañana y regresábamos a comer, nos obligaban a dormir la siesta pero nos escapábamos por el balcón, era una primera planta por lo que no era complicado descolgarse de ahí, y volvíamos a aparecer hasta la noche. Yo creo que para que los niños no sean felices hay que hacerles putadas muy gordas, incluso en los países del tercer mundo donde los menores pasan hambre, los niños se ríen. Siempre juega y se ríen y hay que joderlos muchos para que no lo sea. Ahora es verdad que hay gente muy empeñada en joder a los niños, eso es cierto, entonces sí ha cambiado pero el niño se adapta. Hay más situaciones de peligro pero el niño desarrolla un instinto. Mi mujer es argentina, y uno de mis sobrinos vive en Rosario, le han asaltado ya varias veces, a Lorenzo (sobrino) lo veo feliz pero eso sí, ha desarrollado un instinto que le indica por donde no debe ir, por donde no debe de pasar, si alguien se cruza sabe si debe evitarlo etc. Con la regla de esas limitaciones el niño sigue siendo feliz porque sus padres hace que el niño sea feliz y el entorno procura que también lo sea.

PA: Platícanos sobre tu obra escrita, que también está enfocada a los niños…

AS: Yo publico desde hace casi un año, cada semana, un relato en el suplemento cultural en un periódico español y está enfocado al público adulto, luego a veces publico cuentos para niños, la verdad es que cuando lo hago no lo hago pensando en los niños sino sale el mío interior, pero no lo hago pensando en ellos… a veces acierto, otras me equivoco, es muy complicado escribir para niños, pero el camino –y de eso estoy muy seguro- no es escribir como si los niños fueran idiotas, uno al niño lo tiene que tratar como a un ser humano, nada más.

PA: Egresaste como escultor, ¿qué tan difícil se ha hecho realizar este arte, se ha encarecido mucho, era más fácil antes?

AS: No es que se haya encarecido, uno encuentra la forma de proveerse de lo que necesita de la manera más económica, desde hace ya décadas yo uso un mármol negro que hay cerca de mi pueblo y no me sale cara la materia prima. Puede ser caro las herramientas los útiles, porque la escultura está muy mecanizada, lo que en el medievo y el renacimiento se suplía con muchos ayudantes en el taller ahora, si no eres un escultor de éxito (entendiéndolo como uno vende mucho y muy bien su trabajo y se puede permitir ayudantes) y trabajas tu solo usas herramientas mecánicas y esas sí que son caras, sufren un desgaste etc. Pero siempre he pensado que quien quiera hacer cosas las hace, he hecho cientos de esculturas en piedra, siempre las he pensado en gran formato para que estén en parques y glorietas, sitios así, nunca he podido cumplir ese sueño pero eso no me ha impedido hacerlas, las hago en pequeño y quién sabe, quizá algún día se hacen en grande. Me gustaría verlo pero  si no lo hago no pasa nada.

PA: Nosotros te conocimos por tu trabajo como ilustrador, has hecho cartel y libros, ¿cómo empezaste a ilustrar?

AS: pues fue de una manera casi casual, tengo un amigo diseñador (Isidro Ferrer) muy conocido en España, quien me dijo que mi trabajo podría funcionar para la ilustración, yo recuerdo me estaba quejando de que mi trabajo plástico era muy marginal, no encajaba en las galerías tradicionales porque lo que yo hago no se sabe bien si es una escultura o un juguete (y la verdad no me importa nada) o sí es una pintura o una ilustración, según el arte debe ser serio y trascendental y yo me he cansado de esas pamplinas y hago lo que quiero, claro que cuando uno hace lo que se le da la gana las consecuencias es que te quedas fuera, entonces fue cuando Isidro me dijo que mi trabajo estaba muy bien para ilustrar libros  para niños y así fue como se dio el primero, y en ese primero tuve la suerte de ser distinguido con el Premio Daniel Gil en su primera edición (muy importante en España), y con el segundo me dieron uno de los dos premios nacionales en España en 2004, y eso me abrió las puertas  en muchas editoriales aunque ya no me han dado ningún premio (risas) y bueno… los niños para libros se vende de manera irregular pero es un terreno en el que me lo paso muy bien y me gusta mucho.

PA: ¿Cómo podemos acercar la experiencia del arte a los niños y en que los afecta que no se logre esta vinculación?

AS: El problema es que el arte siempre había estado en relación con la gente y el pueblo, en la época del románico los artistas (que obviamente no se consideraban como tales) trabajaban los capiteles góticos y estaban dentro del pueblo y para el pueblo, la gente iba y valoraba esos capiteles, y eso ha sucedido así hasta los impresionistas, después se ha producido una especie de divorcio –del cual me aburre debatir- pero es verdad que cuando uno va a las ferias de arte internacionales todo lo que ves ahí resulta aburrido en general, no se me hace ni siquiera un lugar para verlo pues el arte necesita de lugares más pequeños, discretos, recónditos. Lo que ha pasado es que a la escalera le quitamos todos los peldaños inferiores y le dejamos únicamente los superiores, entonces se produce un divorcio muy grande entre la gente y esos eruditos personajes tan finos y elegantes que saben tanto, entonces es difícil… quizá haya que ser más modestos, empezar desde abajo, hay gente que va a las escuelas, sobre todo en el campo de la ilustración, donde se han refugiado muchos artistas que hace una cosa más narrativa, y van a los colegios y hacen talleres, quizá se debería dar más importancia a la plástica, no sé…  pero desde luego estas decisiones tiene que venir de arriba hacia bajo, funcionan mucho mejor que si son sólo cuatro desarrapados que van de abajo hacia arriba a contracorriente.

PA: En México se quitó lógica y ética de los planes de estudio, se redujeron las horas artísticas las cuales se colocaron los viernes a última hora, tiene sus consecuencias ¿cómo acercar a estos jóvenes que no necesariamente en la escuela están teniendo la vivencia del arte?

AS: Pues… yo no soy pedagogo ni experto en la materia, pero es cierto que a las humanidades se les da menos importancia, yo estoy del lado del artista y me parece un error, ojalá me equivoque porque hablamos del bien de los chavales, pero les voy a contar dos anécdotas; hablaba con un amigo francés sobre que en ese tiempo había suprimido la enseñanza del latín en las escuelas en España y yo le comentaba que estaba bien, que el latín no servía para nada… obviamente él me miró horrorizado y me dijo “¿no te das cuenta de la burrada que acabas de decir Antonio? El latín estructura la mente, la organiza de una determinada manera, nos enseña a razonar…” claro que después de la perorata que me puso acabé diciendo “¡pero qué horror, cómo han podido quitar el latín!” (risas). Hace poco leía en Internet a una norteamericana que estaba en colegio y ella era una niña hiperactiva que siempre estaba en movimiento, a sus padres les dijeron que la niña no servía para estudiar y les presentaron un informe muy negativo. Entonces los padres fueron con una psicóloga y ella les comentó que el problema era que la niña no estaba en el lugar correcto; cuenta esta persona que la llevaron a un colegio donde todos estaban siempre en movimiento “eran como yo, me sentí que estaba en un sitio que era mío”… resultó que esa persona ha compuesto la música de grandes musicales. El problema no es de los niños sino de la enseñanza. Seguramente me equivocaría pero por ejemplo: literatura, a mi no me sirvió de nada haberme estudiado a los escritores del Siglo de Oro, ¿Cuándo nacieron, cuándo murieron, qué escribieron? La literatura debería ser teatro pues los niños aprenderían a declamar, hablar en público, a comportarse y por lo menos un texto se lo aprenderían bien, porque los ponen a leer poesía y tanto niños como adultos lo hacen como si estuvieran leyendo la lista de teléfonos… y con la plástica sucede lo mismo, ojalá yo esté equivocado porque se supone que es por el bien de los niños.

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