De la sección Nuevos Ruidos

Por Berenize Rosales / @BerenizeconZeta

Fotos: websta.me/n/dangep1

¿Alguna vez se han preguntado dónde ensayan las bandas de rock que no son originarias de la Ciudad de México y se vienen a probar suerte? ¿En algún estudio? ¿En una coladera? ¿En la “disquera”? ¿En la casa de sus suegras? Apolo lo hace en un edificio de fachada blanca desgastada en el Centro, a donde nos citaron para platicar con ellos sobre la salida de su nuevo y primer LP, Guardián. Es jueves. La puerta principal del lugar está abierta. Entramos sin previo aviso, subimos las escaleras hasta el segundo piso y tocamos la puerta del departamento con el número 5.

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El departamento es antiguo. Tiene un aura extraña. Las paredes son blancas y sus múltiples habitaciones te hacen sentir en un laberinto. Caminamos al fondo del pasillo principal y damos vuelta a la derecha en otro corredor. Casi al final llegamos a  un cuarto con puerta doble, abierta, en cuyo interior, sentados en un sillón, Iván Almanza (batería), Iván “Zurdo” Sotelo (guitarra), Santiago Villalba (bajo) y Albar Alcántar (voz) contestan las preguntas de dos periodistas.


Esperamos turno. El cuarto de ensayo tiene las ventanas cubiertas con cobijas y un sillón donde reposa el tambor de la batería, algunos cables y un pedestal para micrófono. No es día de ensayar, sino de prensa. Observo que Santiago tiene tatuado el símbolo de la banda en el brazo derecho —un circulo con un rombo dentro, y al interior de éste un punto— y recuerdo algunas fotos de la banda en las que se observa el mismo tatuaje en el pecho de Iván. Llega el momento. Les pregunto si tienen una especie de pacto para llevar el mismo tatuaje.

—Con el diablo, responde Santiago.

—Es una forma de lealtad: yo estoy aquí por ellos y ellos están aquí por mí, agrega Iván.

Les pregunto qué significa el logo. Zurdo me explica que no es un “logo”, sino un símbolo. Y Santiago me cuenta que es el símbolo del sol griego, al que agregaron las cuatro líneas que forman el rombo, y que representan a cada uno de ellos. Muchos reconocen aquella imagen y la propuesta de la banda originaria de Chihuahua, cuyo ascenso en las ligas del rock del país es reconocido por fieles y detractores. Apolo es una banda que forma parte de una generación de propuestas chihuahuenses que han pegado en los recientes años, y cuyo traslado a la Ciudad de México significó una mayor presencia en el circuito local.

Su historia es conocida: en 2007 obtuvieron el segundo lugar en el concurso Vive Cuervo and Roll. En 2013 lanzaron su primer material, Apolo EP, y para entonces ya se había presentado en algunos festivales, como el Yellow Fest, Maquinaria y el Vive Latino. En este último Omar Rodríguez-López (At the Drive-In, De Facto, The Mars Volta, Bosnian Rainbows, Kimono Kult, Antemasque) se subió a tocar con ellos. La relación se hizo estrecha y Rodríguez se convirtió en su mecenas.

En 2014 apareció el EP Tercer Solar, donde Rodríguez grabó el tema “Siddhartha” con ellos. Este año llega su primer LP, Guardián, con la producción de Omar. Dos sencillos del disco ya fueron liberados: “Loco (Lowiame Ju)” y “Fariseo (Trinchera)”. En total, Guardián —que fue grabado en una semana y a un trepidante ritmo impuesto por el productor— contará con ocho canciones y dos bonus tracks.

—Para algunos sectores del centro, el norte del país, erróneamente, es más conocido por el narcocorrido, la banda… ¿Cómo se acercaron al rock?, les pregunto.

—Lo que dices tiene sentido. Hay mucha banda, mucha norteña. En todos los ambientes: familiares, de amigos, etc. Creces escuchando eso. A nosotros nos gusta la norteña, la disfrutamos; sin embargo, haber estado muy cerca de Estados Unidos nos hizo escuchar mucho rock, dice Alcántar.

—Siempre se ha escuchado rock en Chihuahua, aunque por un número menor de gente. Por ejemplo, en Parral y en Cuauhtémoc siempre ha habido rockeros. Tiene que ver mucho con la relativa facilidad que había de cruzar la frontera a El Paso y comprar un disco o un vinil de música en inglés. De estos lugares salieron muchas bandas de metal en los 80, dice Zurdo.

—¿Cómo sienten la evolución de su sonido en estos ocho años de carrera?

—En este nuevo disco el sonido cambió mucho. Antes estaban muy marcadas las influencias de las bandas de los 70 que escuchamos, y por las cuales nos gusta el rock; pero ya en este disco se marca una transición entre lo que hemos escuchado a lo que hemos vivido, a lo que nos ha pasado, dice Almanza.

—¿Cómo fue trabajar con Omar Rodríguez?

—El bato me exprimió todo lo que pudo. Me contaba el tiempo para que escribiera los versos y los coros. El güey se ponía con su reloj y me decía: “Tienes dos minutos para hacer un verso”. Y yo: “¡No mames!”. Entonces buscaba en todos mis cuadernos y me ponía a formular frases de acuerdo al tema. Él decía: “Un minuto. ¡Ya, ya, ya, ya, ya, ya tienes que hacerlo yaaa!”. Y luego le decía al ingeniero: “Salte a fumar porque este güey lleva un minuto y no ha hecho un verso”. Y no creas que lo hizo por gacho; siempre tuvo la visión de que el disco debía ser espontaneo, tenía que tener el mismo fregadazo de espontaneidad. Incluso a la hora de escribir las letras, recuerda Albar.

Para Rodríguez el disco comenzó desde antes que empezara a grabarse. Fue en el momento en que les marcó y ellos emprendieron un viaje a Chihuahua. Para Omar “Apolo es una banda que vive el rock y no sólo que hace música que venda”.

En sus canciones, los chihuahuenses han abordado tópicos de leyendas nativas y simbolismos del desierto. Ejemplo de ello es “Guajura”, track basado en una leyenda de la tribu de los Guarijíos, de Chihuahua. En Guardián encontramos piezas como “Fariseo”, basada en una danza Rarámuri, y “Altar”, pieza sobre el desierto del mismo nombre, en Sonora.

—¿Guardián tiene alguna canción de amor?

—Sí. Hay una… más bien de desamor. Es una canción que habla sobre una mujer, como una hiena. Ya ves que las mujeres a veces pueden ser muy cabronas. La canción dice: “Mujer de labios rotos llena de lunas falsas, voy a esperar las olas para olvidarte”, pero es lo más acercado al amor que tenemos. Las demás son temas más viajados; otras ondas.

En 2013 Apolo fue banda telonera de Foo Fighters en el Foro Sol, junto a The National. Aquello se debió a que Dave Grohl escuchó uno de sus discos, le gustó y  solicitó que les abriera. “Estar en ese escenario fue muy chido porque unos meses antes había estado Black Sabbath ahí; fue muy especial pisar el mismo escenario”, dice Zurdo. “Todavía tenía las marcas de las botas de Ozzy”, comenta Albar, emocionado, y le digo que lo imagino arrastrándose en el piso.

Para cumplir esa meta el cuarteto chihuahuense fue apoyado por amigos y marcas aliadas. Como Molotov, quienes les prestaron los monitores, y Vans, que les dio transporte, pues sólo les ofrecieron el escenario.

—¿Cómo los trató el público?

—Chido. Aunque pensamos que se iba a soltar un malinchismo cabrón porque ya nos había pasado, en 2012. Tocamos en un festival, Maquinaria, con Marilyn Manson, Deftonesy Stone Sour. Recuerdo que estaba tocando y de pronto algo me dio aquí —Iván señala su costado izquierdo— bien culero. ¡Era una pinche moneda! Nos aventaron monedazos bien cabrón.

—¿¡Por qué monedas, güey!?, reclama Albar.

—Ya sé. A mí sí me sirvieron pa´l Metro, responde Iván.

—Las juntamos al final y eran como 60 varos. Estuvo hardcore la monediza, completa Albar entre risas.

—Con Foo Fighters nos fue chido. Traíamos una arma contra el malinchismo: una bandera para decir “A ver cabrones, nosotros somos mexicanos, no estén haciendo eso”, pero no hubo necesidad, la respuesta fue buena. La gente que fue al concierto nos ha mencionado que sonamos bien”, dice Iván.

La plática vira hacía el tema del narco, fenómeno que en Chihuahua tuvo momentos de algidez en cuanto a la violencia, dada su ubicación como frontera. Cuando los integrantes de Apolo crecieron, el narcotráfico no era algo tan común. Se volvió cotidiano, cuentan, hace unos años, durante el gobierno de Felipe Calderón. Entonces hasta sus compañeros de la escuela comenzaron a aspirar a ser narcos. “Cuando iba en la preparatoria todos mis amigos eran pseudo narcos. Todo el mundo decía: ‘Conozco al pinche Pepino y no sé qué’. Un güey una vez tiró balazos afuera de mi preparatoria nada más para ostentar que tenía fusca”, recuerda Albar.

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—¿Les han dicho que escriban una canción de “narcorock”?

—¡Ay no güey! Ojalá que no pase, responde Albar exagerando la voz mientras finge tocar madera.

—Ojala que sí güey, para que nos vean en un carrote, dice Santi entre risas.

—¿Qué metas les faltan por cumplir como banda?, les pregunto y la pregunta suena cliché.

—Que llegue un narco y nos diga que le hagamos una canción, bromea Santi.

—¿Vans como Zóe o marca de ropa como Caloncho?

—No mames, eso no, dice Albar.

—¿Caloncho lanzó su marca de ropa?, pregunta Iván.

—Se me hace que nos estamos apendejando. Sí, hay que hacer ropa, dice Zurdo.

—O burritos, dice Santi.

—Burritos del rock, dice Albar.

Nos clavamos con los burritos. Los Apolo nos recomiendan unos “estilo Juárez” que están en la calle de Londres de la colonia Juárez. Iván dice que en Chihuahua hay un pueblo en el que  la gente se dedica a hacer burritos….

—¿Qué invitados van a tener en su presentación del Indie Rocks!?

—Paquita la del Barrio, Juan Gabriel y Disidente, bromea Albar.

—A Disidente. Siempre invitamos gente, pero ahora sí no, por culos a todos, dice Santi entre risas.

—Tal vez le diga a Mon Laferte que cante con nosotros, dice Albar.

La entrevista termina. Llega la hora de las fotos. Ellos siguen hablando de burritos y el hambre que trae Santi. Dicen que Iván cocina unos “poca madre”. Son las 7:30 de la noche cuando salimos del extraño departamento rumbo al Metro. ¿Alguna vez se han preguntado dónde ensayan las bandas de rock que no son originarias de la Ciudad de México y se vienen a probar suerte? ¿En algún estudio? ¿En una coladera? ¿En la “disquera”? ¿En la casa de sus suegras?…

 

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