Por El Cinebar / @El_Cinebar

A pesar de compartir una identidad latinoamericana, el cine brasileño llega poco a las salas de la Ciudad de México. El caso más emblemático es Ciudad de Dios (2002), que se volvió un fenómeno global por su repercusión comercial. El de Brasil es un cine fuerte y de alto riesgo. Con un mercado interno sólido y con siete diferentes cadenas de exhibición compitiendo entre ellas. No solo dos como en México.

El año pasado, el séptimo arte carioca presentó una joya: Aquarius (2016), del director Kleber Mendonça Filho. Una película con fuerza estética y local de alcance global. La intimidad de la historia sucede en Recife, una ciudad brasileña, pero tiene resonancia en otras latitudes de América Latina.

aquarius, sonia braga

La familia, el retiro, el cáncer, los cambios generacionales y la corrupción inmobiliaria son los temas que sutilmente suceden y se entremezclan en Aquairus. Con una actriz (Sônia Braga) que teje las complejidades de un personaje que alcanza un alto nivel de interpretación.

Sin ser grandilocuente, al contrario, la interpretación de Sonia, en el papel de Clara, roza lo sutil en el bordado emocional del personaje y los cambios que surgen durante la trayectoria.

Aquarius es un retrato de la sociedad brasileña contemporánea: desde lo más íntimo hasta lo político a partir de la especulación inmobiliaria. Un relato familiar que muestra distintas aristas: religión, relaciones de clase y decisiones individuales a partir de un gran dilema, el desalojo de una familia de clase media que vive frente al mar.

Las complejidades de las comunidades latinoamericanas se representan en Aquarius. Se agradece la sutileza en el manejo de temas complejos; como el deseo de una madre retirada que busca estar en paz con la vida.

Aquarius es una película arriesgada por su naturalidad y realismo. Vale la pena verla para explorar nuestra realidad. Hay que adentrarse a ella sin expectativas, pero con una amplia capacidad de asombro para disfrutarla de principio a fin.

Editor Yaconic

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