Por Ruy Martínez / @MrRuy77

Corría 1991 y Los Rodríguez, un cuarteto de rock en España que contaba con Andrés Calamaro entre sus líneas, se preparaba para lanzar su primer disco: Buena Suerte. La placa fue un éxito y marcó el inicio de una corta pero fructífera historia. Una que uniría a dos de los mejores compositores del rock en español: Calamaro y Ariel Rot, viejos colegas que trabajaban juntos desde hacía un par de años, cuando Rot se convirtió en el guitarrista de Andrés, quien ya le había prestado canciones en sus recientes dos materiales.

Para ese momento Calamaro era un cantante argentino medianamente conocido. Como muchos, había emigrado a España para buscar nuevos horizontes. Pero no lo hizo solo, Ariel estaba con él. Siempre a un costado, lejos de los reflectores, Ariel se convertiría en el complemento perfecto, la otra mitad, un Paul McCartney sin fama. Dos décadas y media después Ariel sigue cómodo en ese papel. Maduro, sencillo, totalmente centrado y contento en su zona underground en la historia del rock.

EL INFRAVALORADO

De vuelta a 2016. Por primera vez, Ariel Rot tocará en México el 3 de junio. Sus canciones ya han sonado en el país de la mano de Calamaro, Joaquín Sabina, entre otros. Pero el argentino jamás ha pisado tierra azteca. Cuando vi el anuncio dos pensamientos pasaron por mi cabeza: tengo que ir y lo tengo que entrevistar. Tenía que saber qué pasaba en la mente de ese genio infravalorado históricamente. Sin el reconocimiento que merece. ¿Vive resentido? ¿Habrá aceptado su lugar? ¿Verá con recelo el éxito de los colegas que reproducen ante miles sus canciones? No, nada de eso.

Empecé por preguntar por su show. Hasta ahí todo muy formal. Tenía que apegarme al guión de una entrevista promocional, pero eso no duraría. Ariel Rot dice que está animado. Su relación con México, al menos en lo musical, es muy cercana. Si bien es un músico de rock no le da miedo meterse a otros géneros. Medita: “Me gusta la música mexicana, no soy un gran conocedor pero creo que en alguna otra vida habré vivido en México”.

Carmen Hache

Foto: Carmen Hache

El tema nos lleva a una canción cuya música compuso basado en una letra de Sabina: “Viridiana”. Una melodía norteña con la que sorprendió al propio Joaquín, ya que éste le había dado el texto para que terminara transformado en un poderoso rock. Pero no fue el caso. Ariel no uso las palabras encargadas de volar los amplificadores del estudio. En su lugar le llevó una ranchera norteña. Incluso hoy no sabe por qué la hizo así; pero no importa, sus notas fueron grabadas en el disco de 1996 del español: Yo, Mi, Me, Contigo. Para Rot, ponerle melodía a la creación de Sabina es de lo mejor que le ha pasado en la vida: “No hay una cosa más maravillosa que tener un texto de Sabina enfrente y tener todas las posibilidades del mundo para convertirlas en canción. Fue un momento muy emocionante: correr a casa con esos textos en el bolsillo. No dormí esa noche hasta que había terminado”, me confiesa.

La anécdota ilustra el papel de Ariel en la música. Buscado por su talento pero nunca al frente del escenario —hasta ese momento—. Como dije antes, esa posición le apetece, se siente cómodo en ella. Pero, ¿por qué? “Siempre fui guitarrista, siempre estuve a un costado del escenario, nunca había sido frontman, ni cantante. Y qué se puede esperar de un guitarrista, bastante lejos he llegado”.

Fue hasta 1997, ya con Los Rodríguez extintos, que Ariel decidió agarrar valor y pasarse al lugar del protagonista para, por primera vez, ponerle su voz a sus canciones y emprender su carrera en solitario (Ariel lanzó un disco en solitario en 1984 pero para él fue un error y considera que su carrera como solista empezó hasta 1997). “Me costó mucho. Tuve que hacer un trabajo en todo sentido, profesional y emocional para manejarlo sin temor y creer que puedo hacerlo”. Advierto la que podría ser la razón de su exilio al número dos en la formación rockera: inseguridad. Inseguridad y falta de confianza. Confianza en saber que sin él, una generación entera se habría perdido de grandes letras y grandes melodías.

Aunque poco tarde, esa confianza llegó. No sé si fue el hambre musical que vive en su ser o la madurez que le dio la edad (para ese momento tenía 37 años), pero salió del cascarón. Ariel cree que fue la mejor decisión: “Voy a cumplir 20 años de carrera en solitario y todavía conservo la frescura. Si la hubiera empezado antes, probablemente ya estaría cansado”.

ariel_rot Alfredo Tobia

Foto: Alfredo Tobía

EL MITO

Han pasado 19 años desde que Ariel se subió al tren solista. Su carrera, si bien no ha tenido el éxito masivo de varios de sus contemporáneos, lo ha llevado a convertirse en una especie de mito, un músico de culto. Le insisto: ¿No ves con recelo a aquellos que con tus canciones llegan a más oídos que tú? Con tranquilidad me explica: “No me planteo tener el mismo nivel de popularidad que mis antiguas bandas. Estoy muy feliz en la situación que tengo. Me siento orgulloso de haber pertenecido a esos grupos tan grandes y no grandes en el sentido histórico, sino en el de hacer muy buena música. No tengo complejo”.

Entiendo el mensaje pero no paso la página. En su disco más reciente, La Huesuda (2013), Ariel incluyó una canción: “Nunca es tarde para el rock and roll”. ¿Sera cierto? Eso me pasó por la cabeza cuando la escuché por primera vez hace tres años. ¿Con tantos años en el rock se puede seguir siendo rockero? Ariel no se ofende: “Me siento viejo, soy viejo. Pero se puede serlo y tocar rock and roll. El rock es mi lenguaje, aprendí a comunicarme a través de él. Pasé lo que pasé en mi vida, en todas las etapas quiero ser fiel a lo que vivo, que no necesariamente tiene que ser la vida de un adolescente descarriado; quiero seguir tocando mi vida en clave de rock”.

Contando a Los Rodríguez, Tequila y su carrera en solitario, son más de tres décadas de rock en la vida de Ariel. 30 años y no ha parado de componer, de grabar, de rolar. No existen muchos músicos así. ¿Cómo le haces?, le pregunto: “Básicamente adoro la música. A la gente que le gusta comer lo hace toda la vida… no voy a dejar de hacerlo”.

Editor Yaconic

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