Por María Ruiz / @Maria_Efemere

Fotos: Pedro Zamacona

Es 6 de abril y el Metropolitan se transforma en cine a la vieja usanza. Birdman, de Alejandro González Iñárritu, será musicalizada en vivo por Antonio Sánchez, el creador del soundtrack de la película que le dio a Iñárritu el Óscar en 2015 por Mejor Director. Pero la relación entre Sánchez, Iñárritu y el recinto comenzó hace décadas, cuando el baterista escuchaba el radio.

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Para Antonio, nacido en la Ciudad de México en 1971, el Metropolitan es un teatro lleno de significado. Hace 14 años vivió una de las noches más importantes de su vida aquí, cuando tocó con Pat Metheny Group. Una crónica de la época dice: «El talento fluye a cada interpretación, para llegar a uno de los momentos más esperados: el solo de batería de Antonio Sánchez… “The Gahtering Sky” es el marco para que el mexicano confirme por qué Metheny dice que “es unos de los mejores bateristas que he escuchado en mucho tiempo”… Antonio comienza tenso, tanto que pierde una baqueta, pero poco a poco se fue soltando hasta poner al público de pie».

Un Antonio Sánchez adolescente había escuchado a Pat Metheny en la radio mexicana por primera vez. En una selección musical de “Noche Mágica”, programa ochentero de WFM Radio, que fue conducido, entre otros locutores de la época, por Alejandro González Iñárritu.

Años después, en un after party de uno de los conciertos con Pat, Antonio fue abordado por un compatriota seguidor del grupo, quien emocionado, sostuvo una plática casual con el baterista. Antonio se dio cuenta: el fanático frente él era González Iñárritu. El director ya había filmado Amores perros y era reconocido. Aquel encuentro fue el inicio de una fructífera amistad.

Un día Antonio recibió una llamada mientras manejaba por las calles de Miami. Iñárritu tenía una tarea para él: hacerse cargo de la banda sonora de su próxima película, una comedia negra que involucraba a Michael Keaton, Edward Norton y Emma Stone en una lucha de egos, cine, existencialismo y teatro. Bastaron dos días de grabación de pura improvisación en batería para obtener lo que buscaban: ese toque urbano emotivo que requería el filme.

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El Antonio que en su pubertad escuchó una canción que le gustó en un programa de radio que solía sintonizar, jamás se imaginó que terminaría haciendo giras con Metheny y trabajaría con Iñárritu en uno de sus proyectos más importantes. Tres personajes conectados por el tiempo. Una cadena de sucesos que precede la noche de musicalización en vivo de Birdman.

El baterista mexa, vestido con su infalible camiseta de catrina, nos da la presentación del evento. Aplausos eufóricos. Es imposible concentrarse en la interpretación de Antonio sin dejar de ver la película. Aunque uno ya la haya visto, decidir sólo ver cómo toca Antonio es una tarea complicada. El baterista se pierde en la penumbra en los momentos cúspide de la historia.

Antonio sale y entra del escenario con calma. Deja su banco vacío por largos ratos, cuando el soundtrack no involucra su improvisación. “Yo pensé que la batería sonaba en toda la película y no”, me diría alguien después. Pero esas salidas de Antonio hacen que los sentidos estén alertas, atentos a cada conexión entre la batería y las escenas. Es emotivo. La batería imprime locura.

El evento, aniversario de la revista Warp, tiene dos estelares: la película y Antonio. A pesar de que se vendió como una oportunidad para ver al músico, estando aquí uno se da cuenta que él es un complemento al que quizá se le pudo sacar más jugo. Sin embargo, esta impresión se cuestiona al final, cuando Antonio toma el estelar: las luces y las miradas apuntan a él. Improvisa.

Improvisa hasta extasiar los oídos.

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Editor Yaconic

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