¿Por qué reivindicar al ajolote dentro de la cultura mexicana y sobre todo de la citadina? ¿Por qué interesarnos por la preservación de un animal con el que nunca hemos tenido contacto? Al igual que el ajolote, el mexicano es cambiante y se adapta al entorno, haciéndolo suyo, mostrando su verdadera naturaleza.

Por Paola Zamora / @louzamp

Cuando se transita por las calles de Xochimilco es muy fácil dejarse llevar por todo el estilo popular que alguna vez reinó en los años 20. En la plaza principal se reúnen miles de familias para disfrutar una tarde cualquiera; alrededor de ésta se encuentran iglesias, establecimientos y parques que todavía conservan su antigua infraestructura. Xochimilco no estaría completo sin las chinampas, las trajineras o los canales: aspectos que se reconocen como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Y ahí, donde esas pequeñas embarcaciones aguardan para ser abordadas, existe un animal que se rehúsa a morir; una criatura que se transforma a través de los años. Su historia viene de siglos atrás, de sociedades e ideologías diferentes, que se desmoronaron con el paso del tiempo.

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Se trata del ajolote, su nombre proviene del náhuatl “axolotl” que significa atl-agua y xolotl-monstruo. Su origen se remonta al mito de la creación del Sol y la Luna; éste sucedió en Teotihuacán, lugar de los dioses donde fue creado el Quinto Sol, la era en la que vivimos actualmente y que según la cosmovisión nahua desaparecerá a causa de temblores, pues anteriormente se había intentado crear al Sol en cuatro ocasiones y todas habían fallado.

Inicialmente no había nada. Era una época en la que los habitantes no eran hombres y todo se encontraba en completa oscuridad; los dioses, dueños del movimiento, se reunieron en Teotihuacán para crear la luz y así fue como se creó el Sol. Sin embargo, éste no contaba con movimiento, por lo cual, los dioses ofrecieron el sacrificio de algunos de ellos para otorgárselo. Voluntarios hubo pero sólo uno se rehusó a morir: Xolotl, hermano mellizo de Quetzalcóatl y con capacidades de transformación, rogó a los dioses para que no fuera él el sacrificado, ya que le tenía miedo a la muerte.

Huyendo de su destino, Xolotl se ocultó en las milpas y se convirtió en una planta de maíz de dos cañas para engañar al verdugo enviado por los dioses. Después de que éste lo encontró, el dios se escondió nuevamente pero ahora en un magueyal, donde tomó la forma de una penca doble. Una vez más, el verdugo lo halló pero Xolotl escapó y se introdujo en el agua, donde se transformó en un anfibio llamado axolotl. Ésta fue su ultima transformación y finalmente el verdugo lo atrapó y le dio muerte, convirtiéndolo en un platillo y manjar para los dioses.

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Actualmente, una de las cualidades por las que se reconoce al ajolote, es por su capacidad de regenerar partes de su cerebro, ojos, medula espinal y hasta su cola. De acuerdo con investigadores del Instituto Salk de Estudios Biológicos en Estados Unidos, la regeneración de una extremidad o un órgano en un ser humano es mucho más difícil de lo que este animal hace; la investigación, preservación y cuidado del ajolote es de suma importancia para la ciencia y el desarrollo humano; sin embargo, para que se puedan ver resultados en torno a la recuperación de extremidades, faltan muchos años e incluso mayores esfuerzos para conservar a las especies con esta habilidad y capacidad que parece inventada por Stan Lee.

En su cuento Axolotl, Julio Cortázar describe cómo a través de un encuentro con estas criaturas en un acuario de París, se descubre a sí mismo. Un Julio Cortázar hundido en la soledad, en la rutina y en la insensibilidad, despierta de ese letargo emocional cuando comprende a los ajolotes. “Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar”.

Cuando nos encontramos a nosotros mismos, nos transformamos y comenzamos nuevas etapas de vida y nos adaptamos al nuevo contexto. Nuestra identidad se reconstruye con el paso del tiempo y con ella reconstruimos cada una de las esferas de nuestro entorno; no es de extrañarse que el autor comprendiera la relación tan estrecha entre el hombre y ajolote.

El Instituto de Biología (IB) de la UNAM ha realizado investigaciones, estudios y censos acerca de la población estimada del ajolote. Según las cifras, en 1998 se determinó que existían seis mil ejemplares por kilómetro cuadrado, una población relativamente estable y sin peligros de extinción. En 2003 se realizó nuevamente un censo y los resultados que se obtuvieron fueron de mil ejemplares por kilómetro cuadrado, y ya para el año 2008 las cifras cayeron hasta 100 ejemplares por ídem.

Su posible extinción se debe a la contaminación de buena parte de las aguas de Xochimilco, a la destrucción de algunos canales por desecación, a la introducción de fauna y flora exótica, a su comercialización en acuarios y a que en algunas localidades de esta delegación de la ciudad de México, el ajolote es considerado un manjar y portador de energía. En conjunto con los científicos del IB y los chinamperos locales, se ha elaborado un proyecto de recuperación para restablecer el ecosistema de valor cultural y ecológico para todos los habitantes de la ciudad.

Junto a ellos, se les une el caso de Dionisio, un experto con más de 12 años de experiencia en el tema de los ajolotes. “Don Nicho” comenzó una asociación civil para proteger y preservar a este animal de la extinción: Umbral Axochiatl A.C. Su creación atrajo la atención del IB y juntos han creado un laboratorio acondicionado con peceras y estanques en donde crecen y se estudian ejemplares de esta especie. En cada estanque se clasifican a las hembras y los machos y, sobre todo, se separan por camadas para que no se apareen entre sí, ya que si lo hacen pueden engendrar ajolotes albinos y estériles; el resultado de este esfuerzo es un banco de más de 17 linajes de ajolotes.

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El ajolotario está ubicado en el embarcadero de Cuemanco, muy cerca de los canales de Xochimilco; además de rescatar a esta especie acuática, la asociación se dedica a erradicar la plaga de tilapia, la cual acaba con la fauna endémica y destruye las paredes de las chinampas, esto para convertirla en nutriente de composta y surtir a productores locales de plantas y flores. Su labor va más allá del mero rescate animal, su visón está enfocada en fortalecer y ayudar al progreso de la cultura agrícola, así como de devolverle a Xochimilco el lugar y la imagen que se merece, pues después de tanta política pública e intereses privados, el lugar ya es sólo una mera ilusión de lo que se creía.

Umbral Axochiatl ha diseñado el tour de un día para que la población en general conozca sus proyectos. En el recorrido se puede observar la fauna y la flora local, se visita el ajolotario y ahí se enseñan los estudios y avances que se han tenido para con esta especie. Se realizan talleres para niños, jóvenes y adultos en los que se les hace hincapié de la importancia de este gran animal, así como en la preparación de diferentes tipos de composta que se utilizan en las chinampas, en las cuales se puede cosechar desde un manojo hasta una canasta de despensa. Es un proyecto ganar-ganar, se ayuda a la comunidad, se rescata la flora y fauna endémica del lugar y se restablece la identidad de todo un pueblo.

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Sin más, el ajolote parece estar desapareciendo como en tiempos antiguos, escabulléndose de la memoria colectiva y llevándose consigo una parte de la identidad chinampera que tanto caracteriza al poblado de Xochimilco; su relevancia en la formación cultural y social de una comunidad no es para tomarse a la ligera y mucho menos para olvidarse.

Pero: ¿Por qué reivindicarlo dentro de la cultura mexicana y sobre todo de la citadina? ¿por qué interesarnos por la preservación de un animal con el que nunca hemos tenido contacto? Al igual que el ajolote, el mexicano es cambiante y se adapta al entorno, haciéndolo suyo; mostrando su verdadera naturaleza. Tenemos muchas cosas en común con el dios náhuatl, tanto así que su herencia está en cada uno de nuestros actos, en nuestras decisiones cotidianas, en nuestras costumbres y tradiciones. Está ahí aferrándose y negándose a desaparecer porque si lo hace, una parte de nuestra cultura estaría extinguiéndose.

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