EL DOCUMENTAL

Abraham Escobedo Salas, cineasta originario de Zacatecas, egresado de la escuela de Cine de Guadalajara, presenta en “B-boy” —su primer cortometraje documental— la historia de “Migue”, bailador de Breaking (Break Dance) que entrena para ganar un torneo nacional y poder arreglar su casa con el fin de ofrecerle una mejor calidad de vida a su familia. Yaconic charló con el realizador sobre ésta, su multipremiada opera prima.

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Por Erick Abraham Navarro / @iaeke

En 2013 B-boy ganó el Premio Zanate Universitario de la sexta edición del Festival Zanate y el de Mejor Cortometraje Mexicano en el Kinoki Film Festival; mención especial en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), en el Shorts Shots Festival México, en el Festival Internacional de Escuelas de Cine (FIEC) de Uruguay y en el Premio José Rovirosa de la Filmoteca de la UNAM; fue nominado al premio al “Ariel” en la categoría de cortometraje documental; y se ha proyectado en el Festival Internacional de Cine UNAM (FICUNAM), en Texas, Toronto e Italia.

Nada mal para un corto documental sobre el Breaking, práctica en la que Escobedo Salas descubrió un arte misterioso y de gran pasión; un baile con base en el Hip Hop; y una historia particular para contar a través de la cámara y con ello borrar prejuicios, sobre el Hip Hop y sobre el documental. Platicamos con el director y esto fue lo que nos dijo:

 

—¿Cuáles fueron los motivos para realizar B-boy?

—En la universidad tuvimos un año dedicado exclusivamente a realizar un proyecto documental. Exploré mucho pero, como bien dicen, tienes las cosas en frente y no te das cuenta de ello hasta tiempo después. Cerca de un lugar que frecuentaba en Guadalajara [el corredor de Chapultepec] veía bailar a los B-Boys —de inicio no tenía pensado en realizar el documental sobre ellos, sólo me gustaba verlos— y había en eso una inercia, un movimiento que te atraía. Lo comparo con un hoyo negro que te succiona al ver el baile… el baile del fuego, el movimiento de una fogata siempre cambiante, fluido; pero tócalo y te vas quemar. Es algo que me emocionaba como espectador, pensar: “yo quiero bailar así”. Son cosas intangibles. Una vibra positiva que se creaba alrededor y me generaba felicidad. Entonces me comencé a cuestionar: “¿Qué es lo que hace que me provoque esto? ¿Puedo provocar lo mismo mediante el cine a otras personas que son ajenas a esta cultura?”.

Posteriormente comencé un proceso de aprendizaje personal… Me involucré durante dos años para realizar el documental, lo cual no me fue complicado. Pensaba: “es lo más genial del mundo: voy ir a bailar, estoy haciendo un documental”; pero, además, estaba aprendiendo. Es algo que el cine y la danza tienen… Es el arte de descubrir. Es una bendición poder implicarme de esta manera.

—¿Cómo desarrollaste la historia de B-Boy Migue en el documental?

La razón principal de haber realizado el documental en esos dos años, fue porque la historia lo requería. Había finalmente una estructura que elegí para contar todo el contexto. Necesitaba ese tiempo para terminar y cerrar… Cerrar un poco el ciclo.

El trabajo que realizo depende de la estructura que tenga. A pesar de que B-boy es un documental, está inmerso sobre una narrativa tradicional, en la que te vas a meter durante 22 minutos para saber si esta persona (Migue) podrá alcanzar su meta  y con eso ayudar a su familia. Al final tiene que ver mucho la confianza que tienen los protagonistas contigo, en este caso el Holookunz Crew, y el mismo B-Boy Migue, quienes me abrieron las puertas de sus casas debido a este proceso de amistad que se llevó a cabo. Es mi trabajo; pero también es el de los protagonistas, de la diseñadora de audio Amelia Vega, de los músicos: Rap Sin Formato, Aaric Mychal, Soopasoul, Dj Pablo y Dj Esone, de sus disqueras Jalapeño Records y Dominance Records. Es mi idea pero sigue siendo un trabajo colaborativo.

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—¿Por qué crees que es importante contar este tipo de historias?

Por dos razones, principalmente: del lado de la cultura urbana y sus elementos, en este caso el Breaking, el cual es importante para darle la voz que se merece el movimiento, que desde el principio fue tan positivo y propositivo para la sociedad. Y, por otro lado —y dado que es una cultura importada—, para que las personas ajenas a la expresión se den cuenta de la importancia de vivirla. Para que al final cambie su visión sobre ésta.

Es como una flecha que te levanta, te inspira y te hace mover hacia adelante; es algo energético del movimiento. Particularidades que el Hip Hop o el Breaking tienen. De su entorno hacia el cypher (circulo), que cambia y evoluciona. Utilizas todo lo que eres. Se resume en el autoconocimiento, en cómo te gusta hacer las cosas a partir de que juntas el conocimiento del movimiento, lo que a ti te motiva y cómo te gusta moverte; y no es necesariamente se refiere al Breaking, sino en todo lo que realizamos. Cualquier trabajo que estés realizando como persona va a mejorar.

En el contexto del Hip Hop México, el documental habla sobre la familia, la paternidad. Esos elementos que están fuera del movimiento y que involucran a la gente que no está en él. Porque, a pesar de desconocer sobre Hip Hop, si conocemos sobre la familia y el luchar para poder darle lo mejor, se  crea una empatía. Genera en el espectador un reflejo en el personaje; lo hace vivir por unos momentos a través de los ojos de otra persona. A partir de esa experiencia vivencial se deja a un lado el egoísmo, se crea un sentido de comunidad y de una sociedad más tolerante y sana.

—¿Era uno de tus objetivos, esperabas que el documental tuviera tal reconocimiento?

Uno no va pensando si va obtener premios o no. Son ventanas de exhibición sin las cuales es difícil que el trabajo sea notado, incluso esta entrevista es consecuencia de ello… A mí me tomo por sorpresa: estas ahí buscando la oportunidad por lo quieres, pero no depende de ti, lo que depende de ti es terminar tu trabajo, que también es personal porque habla de muchas cosas que a mí me interesaba contar, que te mueven como ser humano.

Fue genial que haya ganado algunos reconocimientos y que se esté viendo cómo ha sido la cultura del Hip Hop y del Breaking, a partir de un personaje mexicano.

—¿Cuál es tu opinión sobre el documental?

Hay personas que piensan: “¡que hueva!, documental, y van estar hablando, además es didáctico porque me quieren enseñar algo”; sin embargo, no es así. El documental es un género dentro del cine por la forma en que se realiza, usando la materia viva, que es el mundo. Sí es un personaje que existe en el mundo y demás, pero dentro del género existen muchas formas de contar. Estás utilizando elementos de la ficción para realizar un trabajo que termina involucrando y emocionando a las personas que lo ven. Si te hubiera dicho que es ficción, quizá lo hubieses creído.

Y a veces las personas utilizan las etiquetas para crear un prejuicio. Pasa igual con los B-Boys que utilizan las calles para bailar: antes de observar ya estás pensando que son “callejeros”, y eso provoca divisiones en la sociedad. Antes de permitirte conocer y después obtener una opinión.

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—¿Qué piensas sobre las películas de ficción de Breaking?

No hay mejor manera de conocer el baile que presenciarlo. La gente que lo vive, es muy diferente. Eso es algo que una película de ficción no ha logrado hacer: trasmitir esa energía que se crea alrededor del círculo. Creo que ninguna película de ficción sobre el Breaking hace honor a eso, inclusive teniendo a bailarines de alto nivel (B-Boys). Se quedan cortos.

—¿Crees que tu documental sí lo logra?

En este caso sí. Se palpa más viva y real que lo que se tiende a hacer en la ficción, en la cual es más acartonado, ¡es falso! Quizá tiene que ver con la construcción de esta historia y del trabajo de equipo.

—¿Pasaste por algunas adversidades durante la realización del filme?

Adversidades como tal no, más bien barreras —que son necesarias— como cualquier profesión. Se trata de escalarlas. Una de ellas fue el tiempo que se requería para hacerlo. Puedes pensar que un documental se realiza en uno, dos días, o tal vez una semana, y claro que se pueden hacer cosas así de cortas, pero esto se ve reflejado en el trabajo final. Lo que deseaba mostrar era la esencia de la persona a la que estoy retratando, y eso no se consigue con tanta facilidad. Lo veo como una relación de amistad, como con cualquier persona que te relaciones: al principio puede ser tu conocido, pero una buena amistad solamente se logra con tiempo. Era eso lo que quería proyectar.

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—Háblanos sobre la música, ¿tuviste algún problema con el soundtrack?

Sí. La cuestión sobre los derechos musicales es que tarde seis meses en conseguirlos. Son derechos para exhibición de festival de cine. Consciente de que mi proyecto era una producción independiente, sin equipo de sonido, me puse en contacto con ellos, y fue un poco como tratar de darles a entender lo que quería hacer, mostrarles la historia, partes que ya había hecho. Gracias a eso decían que sí, les gustaba el proyecto. Artistas y disqueras me daban el sí. Jalapeño Records, de Gran Bretaña, Rap Sin Formato, el Doble U, me cedieron los derechos para el filme.

—Ahora que realizaste este documental, ¿cuál es tu percepción sobre la escena B-Boy en México?

En general, el nivel de B-Boys en el país ha estado creciendo en la medida de sus posibilidades porque, dado que es un arte, que nació en la calle, y que se sigue manteniendo en la sombra, en el underground,  es complicado que crezca de forma rápida. La gente se ha dado cuenta —en las comunidades donde viven los B-Boys— que es una disciplina y un baile que requiere mucha dedicación, una profesionalización. Y los mismos B-Boys han sido los encargados del desarrollo del movimiento; ellos finalmente son los promotores de su propia cultura. Se está haciendo muy buen trabajo y todavía falta mucho. Que se mantenga y se sepa: ellos como representantes deben de hacer lo mejor, tanto para ellos mismos como por la visión que tiene la sociedad del movimiento.

—¿Que viene a futuro para ti?

Estoy terminando un proyecto de ficción sobre el tema de las autodefensas en Michoacán, algo ajeno al tema del Breaking. Quizá se estrene este año. Por otro lado, no dejo de involucrarme con los B-Boys del documental, sigo en contacto con ellos, somos amigos, algo que me atrapo de esta manera no lo voy a soltar.

—¿Te gustaría realizar otro proyecto con el mismo tema?

Quisiera. Si realizo otro proyecto me gustaría que fuera un largometraje. No sé si sería un documental o ficción, quisiera retomar ciertos elementos de la cultura Hip Hop para hacer una película en forma. Hay que esperar…

Acá puedes ver el documental completo:

YACONIC

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