Por Adrián Román / @adrianegro

Hay una cosa por la que recordaremos los libros de Wenceslao Bruciaga. Fácil: por lo pinche punk que son.

Bueno, en realidad son dos las razones por las que evocaremos la obra de este autor nacido en Putorreón, en 1977. Serán la violencia y el sexo entre hombres.

Ok. La neta es que hay varios motivos para fijarnos en las novelas del coahuilense. Desde Funerales de hombres raros (Jus, 2011) ya se notaba la malicia literaria que tiene Wenceslao Bruciaga. Ese magnífico truco de partir la novela en dos, el dibujo bien trazado de los personajes a partir de sus ropas y gustos musicales.

bareback jukebox wenceslao bruciaga

Ahora, no exagero si les digo que el arranque de Bareback Juke-Box (Moho, 2017) es uno de los más violentos de las letras mexicanas. Una trepidante y violenta escena de sexo que solo perturba lo suficiente para no dejar de leer. Para Hipolito, el personaje, hay cosas más importantes que el VIH. Por ejemplo, hablar de una rola o un disco entero. El sexo y la muerte siempre están cerca, el único modo de sortearlos es la vida. Y la vida, curioso, se combate con sexo y música. Algunos le aumentan poppers o coca.

Quizá Bareback Juke-Box excede las referencias musicales. A muchos los puede distraer o cansar. Sobre todo si tomamos en cuenta que Funerales de hombres raros está construido sobre esos mismos cimientos melómanos. (Y, para mi gusto, en Bareback hay frases que pudieron pulirse más).

Pero hay un capítulo estremecedor en el que toda la música que aparece es justificada por completo. Esta es la mejor escena del libro. Wenceslao demuestra su oficio y juega con las vísceras del inocente lector. No son trucos, son recursos de un escritor de altos vuelos.

bareback jukebox wenceslao bruciaga

Wenceslao Bruciaga / Foto: Daniel Geyne.

Bareback Juke-Box es un manifiesto de principios punks y homosexuales. Es un playlist, una guía para los neófitos musicales —como yo— y es una novela un tanto policíaca, adornada con escenas explícitas de sexo entre varios hombres. Una radiografía honesta de la mente perturbada de un hombre que sabe que sus gustos sexuales no lo hacen débil, que es de ahí de donde toma fuerzas para ser un cabrón.

En la escena de la literatura gay mexicana no existe nada tan explosivo. Con respeto para Luis Zapata y el buen Raúl Rodríguez Cetina. Cada uno pertenece a un espectro social y a un estilo, el de Wences es el más punk. Moho sigue forjando su leyenda de irreverente apostando por su cantera.

Que los guitarrazos estridentes y melódicos de Bruciaga no dejen de sonar.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Revista de arte y cultura

Previous post

INUNDAR LA CIUDAD ES LA SOLUCIÓN

Next post

ES EL CEREBRO, IDIOTA