Por Iván Farías / @ivanfariasc

Algunos estadunidenses viven un descubrimiento de África. Todavía no entienden que es un continente y no un país; sin embargo, sus intenciones son buenas: resarcir un poco, a través del arte, el daño que el colonialismo hizo en aquella parte del mundo. Escritores como Maaza Mengiste, Ngũgĩ wa Thiong’o y Chimamanda Ngozi Adichie, entre muchos otros, han comenzado a ver publicadas sus novelas con cada vez más aceptación en Estados Unidos e Inglaterra. Por eso no es extraño que el libro debut de Uzodinma Iweala (en realidad su tesis para graduarse en Harvard), fuera adaptada rápidamente al cine.

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Bestias sin patria (Beasts of no nation, 2015) como fue traducida al castellano ibérico, es la historia cualquiera de un niño guerrillero en algún país de África. La novela cayó en manos de Cary Joji Fukunaga, que decidió adaptarla a la pantalla con sorprendentes resultados.

CINE ON LINE

La película fue realizada gracias al padrinazgo de Reed Hastings, el fundador de Netflix, la empresa de streaming líder en el mundo. (México es el segundo con más suscriptores, sólo después de Estados Unidos.) Netflix está cambiando la forma de ver televisión. Es una práctica común que compañías de cable por paga produzcan contenido propio, con la salvedad de que la mayoría de las veces son películas de baja calidad y presupuestos reducidos (Cinema Golden, Hallmark Channel y otros canales locales en Estados Unidos). Así que Netflix hizo lo que le ha resultado desde que comenzó en el negocio: duplicar la apuesta. No contrató a un destajista de Hollywood, sino a Fukunaga, que había ya había obtenido respeto dentro de la crítica con su película Sin nombre (2009), y se había ganado al público al estar detrás de la cámara en la primera temporada de True detective. Tampoco escatimó en presupuestos (seis millones de dólares, que es un pelín más que un low budged) y se hizo con uno de los mejores actores de hoy día: Idris Elba.

APOCALIPSIS VERDE

Beast of no nation narra la pesadilla de nacer en un país rico en recursos naturales pero con inestabilidad total y masacres al por mayor debido a la ambición de los colonizadores y sus chacales. La historia es contada a partir de los ojos de Agu (Abraham Attah) un niño algo inocente, que deberá madurar en pocos días cuando el ejército destruye el remanso de paz que era el pueblo donde vivía con su familia. De un momento a otro es huérfano y corre entre la selva para evitar lo asesinen.

Si bien se han realizado bastantes películas sobre África, la mayoría se solaza en la podredumbre, en la crudeza del hecho. Lo que buscan es fustigarnos porque nosotros vivimos mejor que “esos niños olvidados”. Fukunaga no cae en ese juego, lo cual demuestra que es un cineasta que sobresale del resto. Lo que hace es contarnos la historia de dos hombres: Agu, ya sin inocencia, y El Comandante (Elba), un tipo que está hecho para vivir en combate. Ambos se unen en medio de una guerra donde no se sabe quiénes son los buenos y los malos.

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Fukunaga hace un juego doble: nos regala postales hermosas de la selva, de los combatientes; nos muestra que no cualquiera sabe filmar escenas de batalla y llevar un tempo tan bueno en una película que sobrepasa con holgura las dos horas de proyección; pero también nos hace sentir la crudeza de la batalla: ahí se mata o se vive con la misma facilidad. La selva huele a vida y a pólvora al mismo tiempo.

En las escenas de batalla, Fukunaga muestra lo mejor de Sergio Leone y de Francis Ford Coppola a través de su cámara. La guerra está retratada en toda su crudeza pero también en esa belleza lamentable. El director echa mano de un grupo de actores desconocidos para sostener una cinta basada en personajes, sin buenos ni malos. El Comandante es duro con los niños que recluta porque de otra manera no soportarían ni un minuto vivos en la guerra. Y ellos responden ante él porque es un padre cruel que les salva la vida. No hay piedad, no hay justicia. Sólo sobrevivencia.

PORNO MISERIA

La cinta rompe con el cine de porno miseria, ese que pretende “denunciar” pero que goza mostrando lo peor del ser humano. Y si bien hay violaciones, ajusticiamientos y demás linduras, éstas son sugeridas y muy bien llevadas. Fukunaga nunca fija de más su cámara en esos momentos álgidos, sólo lo necesario para hacernos entender que no es un juego.

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Las visiones de los personajes fuera de campo de batalla y de los combatientes son enfrentadas en varias ocasiones. Cuando El Comandante llega a hablar con el político líder de su facción, es evidente que el hombre vestido con traje y viviendo en la opulencia soporta al soldado porque le sirve; pero en cuanto puede podría deshacerse de él. En un momento Agu le dice a una trabajadora social de una ONG: “Si yo te contara mi vida pensarías que soy una bestia.”

LA ACADEMIA DESALMADA

Neflix previno que tal vez la Academia excluiría su película por ser conseguible sólo en streaming, por lo que adelantándose a eso decidieron estrenarla en algunos cines estadunidenses. Pero ni eso la salvó. Para Hollywood Beast of no nation no existe. Ni la dirección, ni las actuaciones merecieron alguna mención; en cambio, cintas tan rutinarias como The Martian o Steve Jobs están ahí.

Cary Joji Fukunaga ya la había pasado mal durante True Detective. Abandonó el proyecto y no sólo no apareció en la segunda temporada, sino que se burlaron de él en el tercer capítulo. Fukunaga tiene fama de ser un poco ególatra. Tal vez eso, un caso grave de malas RP (Relaciones Públicas), sea la razón de que está película sea excluida de los Oscar, la ventana mundial más grande para vender una película.

Editor Yaconic

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