De la columna Encuentros Callejeros

Para Mariana Salido

Eusebio Ruvalcaba / @eusebioruval
Ilustración: Aiysha Sipe / Behance

Me levanté perfectamente crudo. Es peor levantarse crudo que despertarse crudo. Porque la sensación de pisar tierra firme y caerse es la misma. Más bien van de la mano. Que sientes que te precipitas al suelo. Que te mueven el piso. Es lo que quiero decir. Por eso es mejor no levantarse cuando se amanece crudo. Quedarse en la cama hasta que el hambre aprieta.

De pronto ya estaba en la calle. Vivo en Zapote. En la calle de Zapote. Un callejón sin salida a la vuelta de los velatorios del ISSSTE. Es el punto de referencia que doy cuando alguien me pregunta por mi domicilio. A unos pasos de San Fernando. A la vuelta de los velatorios.

Caminé hasta el Oxxo y compré mi lata de Jack Daniel’s. Gas y whisky. Whisky y gas. Llevaba en los oídos la música de Sixto Rodríguez. Sugar man. Un disco que me regaló Carlos Alberto López Medrano en San Luis Potosí. Amigo mío.

Salgo del Oxxo, destapo el whisky y me lo voy tomando. El líquido irriga mi sistema nervioso. O debí haber dicho circulatorio. Camino desparpajadamente.  De pronto se me acercan dos jóvenes. Poco más que adolescentes. Dos ellos. ¿Qué bebes? Pregunta el alto. Porque le lleva como diez centímetros al otro. O más. Whisky. Respondo. Dispara uno. Dice el chaparro. Dime algo memorable. Y va que va. ¿Cómo qué? Lo que se te ocurra. ¿No se te ocurre nada? No. Va un temita. ¿Por qué la gente no bebe en las mañanas? ¿Por qué hay momentos en los que se puede beber y momentos en que no? ¿Por qué el alcohol está sujeto a horarios?

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Porque la mitad de las cosas están prohibidas. Dice el alto. Son preceptos moralistas. Católicos. Dice el chaparro. Burgueses. Dice el alto. No puedes ni fajar a gusto en la calle. Ni en tu coche. Si te ve la tira te apañan. Estamos vigilados las 24 horas. Como si te vieran desde la bóveda celeste. Dice el chaparro. Con el alcohol es lo mismo. Si vas pedo al banco no te atienden. Diez de la mañana. Y qué les importa. Cada banco es como una escuela de paga. Que son las peores. Dice el alto. Hay más chance de que entres pedo a una iglesia que a una escuela o a un museo. O a un banco. En todos lados hay cámaras de vigilancia. Que te graban de la burguer.  Eso lo inventaron los gringos. Dice el chaparro. Los rusos. Dice el alto. Las aduanas. Dice el chaparro. Y no saben de lo que se pierden. Dice el alto. Porque todo se activa a otra velocidad. La maquinaria de la inteligencia comienza a rodar. Las cosas se perciben de otro modo. Dice el chaparro. Es como si los engranajes se quedaran atorados y necesitaras el lubricante llamado alcohol para que el mecanismo se activara. Dice el alto. El alcohol escurre entre los engranes y ya nadie puede parar ese tanque de guerra. Le puedes poner lo que quieras. Y todo lo aplasta. Lo que la inteligencia necesita es vía libre. Dice el chaparro. Aunque los obstáculos sirven como desafío. Entre más estorbos le metas a la inteligencia, más avanza. Dice el alto.

Llegamos a otro Oxxo. Sin salirnos de San Fernando. Entro y compro dos latas de Jack Daniel’s. Las pongo en sus manos. Están chidos. Les digo. Gracias, bro. Dice el chaparro. Neta que éste es paro. Dice el alto.

Me regreso por una lata para mí.

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