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Por Carlos Noyola / @carlosnoyolac

Benjamin Grosser es un artista estadunidense cuyo trabajo se centra en las implicaciones culturales, sociales y políticas de los softwares y la red. Grosser construye experiencias interactivas, máquinas y sistemas que revelan las formas en que los programas prescriben nuestro comportamiento y cambian lo que somos. Sus obras se han expuesto en Nueva York, Londres, Tel Aviv, Boston, Venecia, Sao Paulo y Colonia; han aparecido en medios como Wired, The Atlantic, The Guardian y Los Angeles Times; y han recibido premios como el Primer Premio en VIDA 16, reconocimiento internacional de trabajos que investigan el arte y la vida artificial.

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Benjamin, quien estudió composición musical en la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, recibió un mayor reconocimiento luego de retar a la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés), con su proyecto ScareMail, software que coloca, al final de los correos electrónicos de sus usuarios, palabras claves —generalmente sin sentido— consideradas evidencia de conspiraciones terroristas por la agencia estadunidense. El programa es gratuito y cualquier usuario lo puede instalar en su computadora. Su proyecto es polémico y ha merecido fuertes críticas, como la de una columna en el Chicago Tribune que afirma que el proyecto “amenaza con tener el mismo efecto que revelar la identidad de agentes encubiertos o vender réplicas de pistolas hechas de plástico que pueden evadir detectores de metal”. Para Eric Zorn, autor de la crítica, atentar contra filtros de seguridad que invaden la privacidad puede tener repercusiones serias para la seguridad del país y no debe ser llamado arte.

ScareMail es el trabajo más famoso de  Grosser y quizá el que lo ha catapultado al pódium de los pocos artistas reconocidos que trabajan con nuevos medios. Pero él ha hecho más que retar a los sistemas de hipervigilancia estadounidenses. En 2012 creo Facebook Demetricator, un software que desactiva las cuantificaciones en Facebook (likes, número de comentarios y veces compartido, etc.) y muestra cómo cambiamos nuestro comportamiento en presencia de los números. Una osadía en una época en que se le rinde culto a las estadísticas como guías para tomar decisiones en todos los campos. En esa línea diseño Computers watching movies e Interactive Robotic Painting Machine, proyectos en los que explora los alcances de la inteligencia artificial y desmitifica la idea de que los softwares son neutrales. Acorde a su idea de una web libre, todos sus softwares se pueden descargar gratuitamente de su página web, en la que se encuentran otros de sus proyectos, que ha presentado en galerías desde Boston hasta Tel Aviv.

Grosser pone a prueba el rol del artista en la era de la web, y se pregunta si las máquinas no son también capaces de decidir y crear —hasta un punto que a algunos espanta— por sí mismas.

¿Cómo fue que un licenciado en composición musical terminó programando?

Cuando empecé a estudiar composición estaba interesado en música creada con computadoras. En especial quería usar una computadora para crear sonidos que nunca antes había escuchado. En ese entonces no existían softwares para trabajar con sonido. Si querías crear música con una computadora tenías que crear tu propio programa. Esto me llevó a aprender mucho sobre programación, para que pudiera hacer lo que quería.

¿Qué significan los softwares y la tecnología para ti? ¿Qué rol tienen en nuestras vidas?

Los softwares ya forman parte de la vida diaria. No se puede escapar de ellos. Un software le dice al cajero automático si debe darte dinero y al restaurante si tu tarjeta aún tiene crédito. Los softwares te permiten comunicarte con mensajes de texto, Skype, iMessage, email, Snapchat, Twitter, Facebook, etc… Un software decidirá si te dan un préstamo para comprar un coche o si una empresa puede confiar en ti.

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Al mismo tiempo, la mayor parte de estos programas es diseñada y creada por sector muy pequeño de la población. Los desarrolladores viven en unas pocas colonias. La mayoría estudió en las mismas cinco universidades con los mejores programas de ciencias computacionales, y todos ganan en promedio entre 75 y 125 mil dólares al año. En su mayoría son blancos, hombres, de entre 25 y 35 años. En otras palabras: tienen cierta posición cultural, y por ende una visión del mundo muy particular. Su visión es neoliberal, una visión emprendedora que cree que todo puede ser resuelto con softwares. Esto no significa que los éstos o sus desarrolladores son malos, pero los softwares que resultan representan una visión del mundo específica, y debe ser importante para todos entender esto.

Tus proyectos cuestionan el papel del artista. Por ejemplo, con tu Interactive Robotic Painting Machine (máquina robótica que pinta), ¿quién es el autor del producto final? ¿El robot está únicamente siguiendo tus órdenes dadas en el software o te has vuelto un mero facilitador de lo que él quiere hacer?

¿Cuál es el producto final? ¿Las pinturas? ¿El robot? ¿La video-documentación? A veces siento que sólo soy el cuidador del robot, el que lo ayuda a hacer lo que sea que quiera en lugar de a la inversa. Creo que el robot tiene autonomía a pesar de que yo lo creé.

¿Le tienes miedo a la inteligencia artificial?

No; pero tengo cuidado con lo que la inteligencia artificial puede provocar en los seres humanos. En particular cómo puede aumentar aún más las desigualdades de poder. La inteligencia artificial que decide lo que tu búsqueda en Google “significa”, qué programa de televisión poner o cuáles de las publicaciones de tus amigos en Facebook preferirías ver tiene mucho poder sobre tu acceso a la información, y eso debe ser entendido.

Tu proyecto Computers watching movies (Computadoras viendo películas) me recordó a Slavoj Zizek cuando habla del “sujeto interpasivo”. Zizek argumenta que lejos de conectarnos, la tecnología nos está volviendo más pasivos, y aún más importante, está interactuando y disfrutando por nosotros: las noticias de Facebook, el botón de retweet, películas que nadie está viendo excepto la computadora o televisión. ¿Qué piensas de esto? ¿La tecnología está mejorando las relaciones humanas?

Sí y no. Sin duda ahora me relaciono con una comunidad de personas más grande que nunca gracias a sitios como Facebook y Twitter, pero al mismo tiempo que me permiten comunicarme con más personas, también limitan lo qué digo y cómo me presento ante los demás. Una de las cosas que busco con mi trabajo es revelar las formas en que los softwares no son neutrales, examinar cómo afectan lo que hacemos, y por ende quiénes somos. Por cierto, Vito Campanelli describe algo similar al concepto de Zizek, pero que se refiere directamente a la web como sujeto cuando habla de las “corrientes predeterminadas” en la web en su libro Web Aesthetics.

En este mismo sentido, ¿cómo está afectando nuestras relaciones la obsesión que tenemos por la cuantificación? ¿Qué encontraste con Facebook Demetricator?

Los números en Facebook (contar cuántos “me gusta”, cuántas veces ha sido compartido, cuántos comentarios) hacen que los usuarios interactúen de forma que esos números crezcan. Queremos tener likes, entonces publicamos cosas que tienden a tener más likes, y dejamos de publicar las que no. Creemos que tener más likes que nuestros amigos es una medida con significado. Cuando sabemos que otros pueden ver cuántos likes tiene lo que publicamos tenemos más razones para quererlos más. En otras palabras: cuando nos dicen cuánto de algo tenemos, tendemos a pensar que más es mejor, y hacemos lo que sea que genere más.

Facebook Demetricator

¿Somos otras personas en la web? ¿Cómo cambia quiénes somos en la vida real cuando estamos en el mundo virtual?

La diferencia entre “real” y “virtual” se vuelve más borrosa cada día. Entre más se difuminan los límites, más difícil se vuelve llevar identidades alternativas en línea, y eso es justo lo que las corporaciones y el gobierno quieren. Si sólo puedes ser una persona en Facebook y tienes que manejar tu cuenta personalmente es más fácil para ellos analizar tus hábitos de consumo y vender tu mirada a los anunciantes. Si sólo puedes ser una persona en la web es más fácil para la NSA rastrear cada uno de tus movimientos en línea y en el mundo físico.

ScareMail

En tu página web afirmas que “ScareMail se propone frustrar los intentos de vigilancia de la NSA volviendo los resultados de sus búsquedas material inútil”. ¿Te consideras un artista contestatario? ¿Cuáles crees que son las responsabilidades que tiene el arte con la sociedad?

No uso la palabra “contestatario” para describirme a mí o a mi trabajo. Sin embargo, me interesan las implicaciones políticas de los softwares, lo que significa que mi proyecto algunas veces se cruza directamente con políticas gubernamentales. Me gustaría que los artistas incluyan en su trabajo temas que importan, temas que vayan más allá de ellos mismos. Eso no significa que el trabajo de uno debe ser abiertamente político o que no puede ser muy personal, pero lo que sea que hagas debe tener relevancia para los demás.

¿Qué te dice el debate que ScareMail ha generado sobre el proyecto y sobre tu trabajo?

La vigilancia cambia quiénes somos y qué hacemos. De hecho, nos cambia tanto que algunas personas creen que poner palabras sin sentido al final de tus correos electrónicos es equivalente a un acto terrorista.

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