Por Scarlett Lindero / @scarlettlinde

Ilustración: Kristian Jones

Imagina que estás en un espacio en blanco, el vacío, la nada. Luego, aparece ante a ti, en una fracción de segundos, la información que circula en toda la red. Si la compilaras en forma de letras, podrías hacer unas cinco mil pilas para escalar hasta el Sol. Y cada día, cada segundo, se añadiría un libro que te separaría de esa distancia. Porque tiende al infinito.

En internet existe más de 1 zettabyte de información. Tus selfies, tus conversaciones, archivos, videos, likes y sitios de porno están compiladas en La Nube: ese matadero intangible que anula nuestra intimidad.

que es el big data

Desde que me regalaron un celular, luego de estar por tres meses sin uno, me siento controlada. El iris del Big Brother sigue mis pasos. Cada vez que una aplicación me pide “acceder a mi ubicación” me siento parte de lo que llamo La red de trata del Big Data. “¿Son los datos el nuevo petróleo, una fuente de riqueza potencialmente infinita? ¿Son la munición que carga las armas de vigilancia masiva?”, leí en la descripción curatorial de la exposición Big Bang Data, en el Centro de Cultura Digital de la Ciudad de México.

LA  ‘RED DE TRATA’ DEL BIG DATA

Básicamente, el Big Data es la gestión y análisis de volúmenes brutales de datos que no pueden ser procesados de manera convencional. Superan los límites y capacidades de las herramientas de software normalmente utilizadas para la captura y almacenamiento de datos.

La red de trata del Big Data convierte los datos en información para indexarlos y tomar decisiones de millones de dólares. Las empresas ven un catálogo de nosotros (como lo haría un padrote con prostitutas) y utilizan los perfiles para procesar nuestras necesidades, gustos y preferencias. Cada vez que pones en el buscadorpor ejemplo, “tenis deportivos”, marcas de esa industria comenzarán a bombardearte con la publicidad sus productos.

Big Data: big negocios: de las cinco firmas más valiosas en 2016, según la revista Forbes, Google y Facebook ocuparon el segundo y quinto peldaño, respectivamente. Las otras fueron Apple, Microsoft y Coca Cola.

Por cada like que das a un restaurante, un artista, una banda de música, un lugar que visitaste, se crea un perfil sobre ti en la red. Alguna vez busqué en Despegar.com boletos para ir a Vancouver, y desde que lo hice, mágicamente, en mi timeline aparecen anuncios de vuelos en descuento, de distintas aerolíneas, para la ciudad canadiense.

En una entrevista reciente con The ClinicMartin Hilbert, especialista en redes digitales, explicó que por usar una cuenta en Facebook o tener un celular, se puede predecir tu localización con un 90 por ciento de probabilidad. Es decir, se puede saber dónde vas a estar en cada momento de cada día del año que viene. Nada de lo que somos parece pertenecernos; nuestro destino está cifrado y determinando por cientos de miles, millones, billones de datos que nos conocen mejor que mamá.

El datacentrismo nos ha convertido en productos. Alfonso Bárcena, economista financiero y doctor en filosofía, escribió en 2014 que la denominada tiranía del datacentrismo fomenta la idea de que en los datos se encuentra la respuesta a cualquier problema y que nuestra sociedad puede prescindir de mecanismos imperfectos y desordenados:

“Podemos entrar en una distopía cotidiana dado que la información que generamos (datificación) se crea pero no se destruye: es almacenada, transformada y analizada por servidores inmensos. La nueva materia prima de nuestra economía son nuestros datos por los cuales luchan las empresas, las instituciones o las redes sociales. La mercantilización del dato es la evolución natural de este nuevo Capitalismo digital.”

Cuando puedes predecir, puedes programar, ha dicho Hilbert.

En un ensayo publicado en la revista digital Anfibia, el periodista especializado Esteban Magnani sostiene que el problema con el Big Data no solo es epistemológico o de categorías, sino que todo indica que estamos construyendo una sociedad en la que el poder de influir a los demás está (aún más) concentrado, en manos de quienes pueden almacenar, comprar y procesar los datos.

DATAPOLÍTCA

De acuerdo con Hilbert, Donald Trump usó el Big Data para posicionar su campaña presidencial en Facebook. El especialista —actual asesor tecnológico de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos— explicó a The Clinic que con 100 y 250 likes tuyos en Facebook, se puede predecir tu orientación sexual, origen étnico, opiniones religiosas y políticas, nivel de inteligencia y felicidad; si usas drogas, si tus papás son separados o no. Con 150 likes, los algoritmos pueden predecir el resultado de tu test de personalidad mejor que tu pareja. Y con 250 likes, mejor que tú mismo.

“Este estudio lo hizo [el Dr. Michal] Kosinski en Cambridge, luego un empresario que tomó esto creó Cambridge Analytica y Trump contrató a Cambridge Analytica para la elección.” Trump uso las bases de datos para crear los casi 250 millones de perfiles de los ciudadanos que podían votar en Estados Unidos. “Una vez que clasificaron a cada individuo según esos datos, lo empezaron a atacar.” Menciona un ejemplo:

En el tercer debate entre Hillary Clinton y Trump, este último planteó un argumento y los algoritmos crearon 175 mil versiones del mensaje, con variaciones de color, imagen y subtítulo, y lo enviaron personalizado. “Claro, te lavan el cerebro. No tiene nada que ver con democracia. Es populismo puro, te dicen exactamente lo que quieres escuchar.”

Según Forbes, la conversación en Facebook durante la campaña estuvo dominada por Trump, quien logró reunir más de 4 mil millones de menciones, mientras que Hilary obtuvo solo 2 mil 700 millones.

El uso del Big Data en la política contemporánea se remonta a Barack Obama, quien fue uno de los pioneros durante su campaña de reelección en 2012. Hilbert dice que el ex presidente invirtió mil millones de dólares en un grupo de nerds que elaboraron los 16 millones de perfiles de los llamados “votantes indecisos” para enviarles mensajes personalizados sobre los compromisos de Obama en los que estarían de acuerdo. Esto a través de los muros de Facebook de los amigos de esos votantes. “Le cambiaron la opinión al 78% de la gente que atacaron así. Y Trump lo hizo con 250 millones. Creo que George Orwell se metería un tiro, porque ni él se imaginó algo así. La democracia es completamente inútil con algo así.”

El periodista especializado en temas digitales Oriol Malló, me escribió esto cuándo le pregunté sobre el Big Data: “Como bien decía Julian Assange, Facebook es el sueño de toda agencia de espionaje porque ofrecemos al panóptico invisible toda la información que antes solo podían conseguir a un alto costo. La solución para evitar esta huella digital, que nos rodea y nos alcanza, es evitar el uso intensivo de redes sociales; pero, ¿cuánta gente está dispuesta a reducir su sociabilidad en red?”.

UN REVERSO: FILANTROPÍA DE DATOS

En 2009 la ONU creó Global Pulse Data, un centro de innovación en el que las agencias y empresas aliadas al organismo aprenden usos responsables del Big Data para fines humanitarios y de desarrollo internacional. El sitio oficial que difunde la iniciativa explica cómo promover formas de solidaridad basadas en la concepción de los datos como un bien público: filantropía de datos.

El uso de datos provenientes de imágenes satélites, datos abiertos y crowdsourcing (esta última una vertiente que se refiere a externalizar problemas e involucrar a la audiencia en su solución) permite facilitar información puntual a gobiernos, ONG’s, y empresas. “El Big Data no es el nuevo petróleo como muchos dicen sino la nueva energía verde que puede ayudarnos para crear un futuro más sostenible”, ha dicho Miguel Lenguo-Oroz, el jefe del proyecto de datos de la ONU, en una entrevista con Newwayssustainability.org. “Para realizar cambios reales necesitamos datos, herramientas para el análisis y expertos. Desde luego algunos de los datos más interesantes están en manos del sector privado.”

En 2015, Orange, la empresa francesa de telefonía, compartió con la comunidad científica millones de datos de tráfico de telefonía móvil de Costa de Marfil para que se investigara como podrían ser utilizados de forma favorable. El resultado: una de las investigaciones propuestas en el Pulse Data combinó esos datos con los del sistema público de transporte de Abiyán (la ciudad más grande de Costa de Marfil) y propuso un método capaz de evaluar cómo funciona el transporte, el tiempo que pasa la gente en los atascos y desplazamientos urbanos. Con todos los datos fueron capaces de proponer dos nuevas rutas de transporte público, que de ser implementadas ahorrarían varios minutos al día de media a cada marfileño.

Algunas empresas privadas han aportado sus datos y han comenzado con la filantropía de datos. Uno de los retos mayores se encuentra en el sector público, debido a la falta de regulación. Viktor Mayer-Schönberger, profesor de regulación y gestión de internet en el Internet Institut de la Universidad de Oxford, ha explicado que los gobiernos deberían proveer subsidios para estimular este emprendimiento. Este subsidio no sería económico, sino en forma de datos que el gobierno ha recogido, de los cuales no se está usando todo su potencial y puede poner a disposición de las compañías de datos masivos y de la sociedad.

SABOTAJE CONTRA BIG DATA

En un tríptico que obtuve luego de ir a la exposición Big Band Data que mencioné al comienzo, leí una guía de herramientas de autodefensa electrónica contra el Big Data: sabotaje.

Este sabotaje va desde usar aplicaciones de mensajería alternativas como Cryptocat o Telegramque encriptan tus conversaciones (en WhatsApp hasta hay tutoriales para que espíes los mensajes de quien quieras, basta con hackearlos) hasta cambiar los datos reales en tu Facebook: fecha de nacimiento, correo o estado civil para que se conviertan en perfiles falsos y se procesen en el Big Data de esta manera.

Entre 2011 y 2016 el tráfico de datos móviles creció a una tasa anual de 78 por ciento, según un estudio realizado por la multinacional estadunidense, Cisco. Este crecimiento también ocurrió en el número de dispositivos móviles conectados a internet, el cual excedió el número de habitantes en el planeta. Más máquinas, menos humanos.

Las ONU proyecta que la población mundial alcanzará los 8.5 billones para el 2018, de tal modo que habrá cerca de 19.5 billones de dispositivos conectados a la red a escala mundial. Esto conllevaría a que el tráfico global de datos móviles alcance 10.8 exabytes mensuales o 130 exabytes anuales. Este volumen de tráfico previsto equivale a 33 billones de DVD´s anuales o 813 cuatrillones de mensajes de texto.

Cada vez que abrimos un sitio web, nuestra computadora recibe decenas y cientos de peticiones de instalación de cookies. Cuando navegamos por internet somos el producto, porque a cambio de la visita damos información sobre nuestra actividad digital. “Borra tus cookies diario”, me dijo un amigo, “para que no quedes registrada en el sistema”. El “borra todas tus cookies” es el nuevo “lava tus dientes a diario”: una rutina que debe ser indispensable para limpiar la basura digital.

¿ESTAMOS PERDIDOS?

Por más distópico que suene el asunto, me dijo Oriol Malló, se necesita una reflexión seria sobre esta infernal combinación que está por llegar. Y si aún se sienten tranquilos, vean una película Sleep Dealer (2008). El futuro que se anunció hace una década está cada vez más cerca.

La lección clave que nuestra sociedad y todas las personas que toman decisiones —especialmente los que se encuentran en el gobierno— necesitan aprender, dice Mayer-Schönberger, es que los datos masivos pueden mostrar correlaciones, el qué, pero no causalidad, el porqué. Una vez que hayamos entendido esta lección (y por lo tanto la limitación inherente a los datos masivos), creo que seremos capaces de cosechar mucho del tremendo potencial de los datos masivos sin exponernos demasiado a los riesgos de su lado oscuro.

Imagina de nuevo que estás en un espacio en blanco, el vacío, la nada. Luego, aparece ante a ti, en una fracción de segundos, la información que circula en toda la red. Si la compilaras en forma de letras, podrías hacer unas cinco mil pilas para escalar hasta el Sol. Ahora estás ante la ola inmensa del Big Data, y tiende al infinito.

Editor Yaconic

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