La búsqueda de sentido de los replicantes en Blade Runner 2049, la incertidumbre de su existencia, y su necesidad de propósito, son un reflejo de las inquietudes humanas más básicas.

El filósofo Martin Heidegger las explicaba a través del concepto del  “arrojamiento”, que usaba para explicar nuestra existencia como una sensación de haber sido arrojados al mundo; una conciencia y reconocimiento de que “existir” se caracteriza por un conjunto de frustraciones, sufrimiento y responsabilidades que uno no elige, como las convenciones sociales, o las ataduras a la bondad o al deber.

Uno de los ejemplos más representativos de esta premisa es el personaje Roy Batty del filme original, quien a través del mismo explica una y otra vez su deseo por ser libre de estas ataduras.

Esto se refleja en el desarrollo del personaje, pero se puede palpar en su monólogo final, momentos antes de su muerte.

 

“I’ve seen things you people wouldn’t believe.
Attack ships on fire off the shoulder of Orion.
I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhäuser Gate.

All those moments will be lost in time like tears in rain.
Time to die”.

Tanto el diálogo, como el contexto en el que lo dice el personaje, representan esta confusión/tristeza de existir. Este es uno de los temas principales tanto en la película dirigida por Ridley Scott en 1982, así como en la secuela dirigida por Denis Villaneuve bajo el nombre Blade Runner 2049.

En una época en la que las secuelas, los remakes o los reboots son un lugar común y decepcionante en Hollywood, es difícil mantenerse con una expectativa positiva acerca de cualquier filme que siga esta fórmula, pero la segunda parte de la historia de Blade Runner, logra sorprender; no sólo porque funciona como película independiente, sino porque le hace eco a los temas más importantes de su predecesora.

La película gira entorno a la búsqueda del hijo(a) que concibieron Deckard y la replicante Rachel, y cómo es que su descendencia podría cambiar la manera en la que los replicantes se perciben a sí mismos, y cómo los usan los seres humanos.

K, el Blade Runner que va en busca de éste hijo(a), es el protagonista del filme, quién a lo largo de la película se cuestiona más de una vez su existencia y su propósito, llegando inclusive a creer que él es el descendiente de Deckard y Rachel.

A través de sus propios cuestionamientos existenciales, se da cuenta de lo cruel que puede ser el “arrojamiento” a la vida; más de un personaje le recuerda que él es sólo un replicante, e inclusive él mismo cuestiona a la Teniente cuando le dice que los replicantes no tienen alma.

“To be born is to have a soul”, le responde.

El simple hecho de existir es una manifestación de “arrojamiento” que nos presenta con una paradoja que oscila entre la alienación y la pertenencia, una sensación que se vuelve aún más palpable en el caso de los replicantes, quienes son creados a imagen y semejanza de los seres humanos, copiando inclusive sus reacciones emocionales, pero sin la capacidad de expresarse más allá de su “Baseline” – el estado emocional de normalidad que se le permite a los replicantes para operar -.

Otro ejemplo de este concepto se puede ver en Luv, la replicante que trabaja para Neander Wallace, quien a pesar de estar segura del propósito de su existencia, tiene que luchar por la aceptación de su creador; una atadura que le da sentido a su vida. “I’m the best one”, grita en uno de sus últimos diálogos, haciendo referencia a su estatus en la jerarquía de replicantes que sirven a Wallace.

Es esa búsqueda paradójica de sentido en la vida a la que nos “arrojaron” es lo que nos hace a todos replicantes; mucho más cuando tomamos en cuenta que muchos de nosotros responsabilizamos a un Dios por nuestra existencia, esa entidad de que dudamos, no comprendemos, o conocemos.

José Ignacio Hipólito Hernández

José Ignacio Hipólito Hernández

Nacho

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