El siguiente texto es parte del libro ‘Bowie’, de Simon Critchley, que la editorial Sexto Piso ha editado este año. Con la traducción de Inga Pellisa y las ilustraciones de Eric Hanson, el volumen hace un repaso de la trayectoria de Bowie, “artista sumamente sofisticado, complejo, culto, atormentado, que sublimó su perpetua sensación de inautenticidad para revolucionar de raíz el mundo del pop”. Lo reproducimos con el permiso de la editorial.

Por Simon Critchley*

Después de recibir un disparo de Valerie Solanas en 1968, Andy Warhol dijo: “Antes de que me dispararan, tenía la sospecha de que, en lugar de vivir, sólo estaba viendo la tele. Desde el disparo, estoy seguro de ello”. El agudo comentario en once palabras de Bowie a las declaraciones de Warhol, en la canción epónima de Hunky Dory (1971), es terriblemente certero: “Andy Warhol, la gran pantalla / es imposible distinguir uno de otra”. La irónica consciencia de sí mismo del artista y su público no puede ser otra que la de su inautenticidad, llevada a niveles cada vez más conscientes. Bowie pone repetidamente en acción esta estética warholiana.

bowie simon critchley adelanto1.

La incapacidad para diferenciar a Andy Warhol de la gran pantalla se transforma en la continua sensación de Bowie de estar atrapado dentro de su propia película. Ésa es la idea de “Life on Mars?”, que comienza con la “chica del pelo castaño ceniza”, que está “enganchada a la gran pantalla”. Pero en la última estrofa el guionista de la película se revela como el propio Bowie o su personaje, aunque es imposible distinguir uno de otro:

Pero la película es un tostón deprimente porque la he escrito ya diez veces o más está a punto de ser escrita de nuevo.

But the film is a saddening bore ‘Cause I wrote it ten times or more It’s about to be writ again.

La fusión de la vida con una película se alía con el recurso de la repetición para evocar el sentimiento melancólico de estar al mismo tiempo aburridos y atrapados. Nos convertimos en actores de nuestra propia película. Así entiendo yo los versos, tan incomprendidos, de Bowie en “Quicksand”:

Vivo en una película muda que retrata el sagrado reino de Himmler de una realidad soñada.

I’m living in a silent film Portraying Himmler’s sacred realm Of dream reality.

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Bowie demuestra un profundo entendimiento de la concepción de Himmler del nacionalsocialismo en cuanto que artificio político, como una construcción artística y en particular arquitectónica, así como un espectáculo cinematográfico. Hitler, en palabras de Hans-Jürgen Syberberg, era “Ein Film aus Deutschland”: “Una película de Alemania”. Para Bowie, Hitler fue la primera estrella pop. Pero quedar atrapado en una película no evoca exaltación, sino depresión y una inacción a lo Major Tom:

Me hundo en las arenas movedizas de mi pensamiento y ya no tengo el poder.

I’m sinking in the quicksand of my thought And I ain’t got the power anymore.

En “Five Years”, después de conocer la noticia de que la Tierra morirá pronto, Bowie canta: “Y hacía frío, y llovía, así que me sentí como un actor”. De manera similar, en una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, “The Secret Life of Arabia” (versionada extravagante y ferozmente por el gran Billy MacKenzie, ya desaparecido, junto con la British Electric Foundation), Bowie canta:

Tienes que ver la película la arena que me entra en los ojos recorro una canción desértica cuando la heroína muere.

You must see the movie The sand in my eyes I walk though a desert song When the heroine dies.

El mundo es un plató de cine, y la película que se rueda bien podría llamarse Melancolía. Una de las mejores canciones de Bowie, y de las más oscuras, “Candidate”, comienza con una declaración de fingimiento explícito, “Haremos ver que vamos a casa”, a la que sigue el verso: “Mi plató es alucinante, hasta huele como una calle”.

bowie simon critchley adelanto4.La asquerosa lección del arte es la de la inautenticidad, desde el primer momento hasta el último; una serie de repeticiones y de recreaciones, imposturas que desmontan la ilusión de realidad en la que vivimos y nos enfrentan a la realidad de la ilusión. El mundo de Bowie es como una versión distópica de El show de Truman, ese rincón enfermizo del mundo que queda retratado de un modo tan contundente en los paisajes urbanos violentos y en ruinas de “Aladdin Sane” y “Diamond Dogs” y, más sutilmente, en los desolados paisajes sonoros de “Warszawa” y “Neuköln”. Por tomar prestada la expresión de Iggy Pop en Lust for Life (procedente a su vez de la película de Antonioni de 1975, si bien Bowie podría ser su referente implícito), Bowie es el pasajero que atraviesa los suburbios destrozados de la ciudad, bajo un cielo brillante y vacío.


*Simon Critchley (Hertfordshire, Inglaterra, 1960). Estudió Filosofía y fue profesor en distintas universidades de Francia, Australia, Noruega, Estados Unidos y Suiza. Actualmente ocupa la cátedra Hans Jonas en la New School for Social Research de Nueva York. Es uno de los filósofos más interesantes y eclécticos del siglo XXI y ha escrito gran número de obras de temática muy diversa. Además, escribe periódicamente para The Guardian y The New York Times.

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