Por Daniel Herrera

Ha pasado más de un año y la muerte de Bowie sigue ahí, flotando en el aire. No parece que quiera retirarse y cada semana, en algún momento, su música regresa. Cada vez estoy más convencido que tomará mucho tiempo olvidarlo. Tal vez cuando mueran todos aquellos que presenciamos, de alguna manera, su arte, entonces su nombre quedará olvidado. Incluso con este mal augurio, me parece probable que antes termine la humanidad que el legado de David Bowie.

Puedo afirmar que Bowie ha llegado a todos los ámbitos además del musical. Es sencillo revelar que ha influenciado a la moda, el cine, la televisión, la literatura y la pintura. También la industria discográfica le debe mucho al artista y hasta la corona británica lo quiso reconocer dos veces, en ambas ocasiones Bowie los mandó a la mierda. Todo lo anterior es fácil de descubrir a través de una búsqueda rápida en la red, pero es más extraño pensar que el artista podría afectar el mundo de la filosofía.


Para encontrar esos vasos comunicantes, apareció, en español el año pasado, un librito excepcional: BowieSimon Critchley es un filósofo inglés. Profesor en múltiples universidades europeas y también prolífico autor. Además de eso, es un verdadero fan de Bowie y ha publicado una especie de confesionario mezclado con ensayo. Una pequeñísima autobiografía que involucra al cantante en cada momento de su vida. La obra arranca con la infancia del autor, un niño viviendo en una familia donde nadie leía y la televisión reinaba. Pero había Bowie y eso era suficiente para que el autor vislumbrara un mundo distinto.

A partir de ahí, el libro va analizando la vasta discografía del músico, pero también la manera en que influyó en el filósofo. Conforme avanzamos en la lectura, podemos descubrir las conexiones entre Nietzsche y Bowie, también entre las letras del músico y la historia de las revoluciones. Este libro nos deja bien claro que Bowie no era una suerte de milagro, sino que siempre fue un artista completo, un lector que llevaba la intelectualidad al arte y al mismo tiempo permitía que la música se pudiera vender. ¿Acaso no es eso a lo que aspira el arte? ¿No es una de sus más preciadas características? Aquí entendemos cómo lo hizo y hasta dónde pudo llegar.

Para el autor Bowie es una creación perfectamente calculada, pero también es arte extraordinario, original y único. Algo que no puede nacer fácilmente de la industria pop, pero que necesita de ella y que, además, la ha modificado para siempre.


Critchley afirma que la música de Bowie se trata del anhelo, por el amor, por la melancolía y por lograr una conexión. Dice que el anhelo se produce justamente cuando la música de Bowie choca contra nuestro cuerpo, una constante sensación de deseo por sus canciones. Un disco no es suficiente, una canción menos, un libro sobre él o su vida parecen poco frente a su gran obra. Pero por algún lugar debemos comenzar y este libro funciona como excelente introducción a la obra de Bowie.

Aquí aprendemos sobre sus inicios donde el rock y el glam se daban un abrazo rodeados de letras narrativas. Su paso por los setentas, una época de productividad imparable. Su pequeño tropezón de los ochentas. Su gran retorno de los noventas y los últimos años hasta su muerte. Critchley revisa todos esos momentos, pero además lo hace desde la intimidad. Es como si pudiéremos sentarnos a platicar con un fanático que abre su vida diaria para explicar la manera en que Bowie lo transformó durante todos estos años.


Piense en su cantante favorito y cómo ha estado presente en su vida desde siempre. Ahora comience a hacer revelaciones de su propia existencia encontrando las relaciones entre esas canciones y sus días diarios. Nada sencillo, porque la intimidad es complicada de expresar en público y eso es lo que hacen las canciones que se instalan en el fondo de nuestro ser. El asunto con Bowie es que cada disco que publicó conseguía que alguna canción se convirtiera en parte del día diario de millones de personas.

Lo único que hace aquí Critchley es demostrarnos que ahí está toda esa música, en el fondo de nuestro ser. Parece un excelente libro para seguir enlutados por la muerte de Bowie, pero no es así, en todo caso, es una celebración melancólica de lo que su música significa para muchos, no sólo para el autor de este pequeño ensayo autobiográfico.

Editor Yaconic

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