Por El Cinebar / @El_Cinebar

Pedro Costa maneja el virtuosismo cinematográfico de una manera muy sencilla y eficaz. La exquisitez visual con la que construye Caballo Dinero (Cavalho dinheiro, Portugal, 2014) se entreteje plano a plano. Ningún encuadre sobra; ningún corte está demás ni de menos. La perfecta exactitud visual acompañada de la belleza de cada plano; de la casi perfección plástica entre la luz y el emplazamiento, así como de la composición exacta y perfecta entre líneas diagonales y baños de luz hacia los personajes. En medio de un mundo de sombras todos los elementos sobresalen a cada momento.

No sólo lo plástico resalta, sino la brutalidad del discurso político surgido del recuerdo hacia un evento fundamental como una revolución pasada. Con personajes periféricos perdidos y olvidados, al margen de una avenida y a la distancia del llamado progreso coronado a lo lejos por un anuncio luminoso de Kentucky Fried Chicken.

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Los migrantes refugiados del pasado ahora son fantasmas del progreso. Desdichados y melancólicos deambulantes de los pasillos del recuerdo y la fragilidad. Pasillos hospitalarios, sótanos y catacumbas de la tristeza y soledad.

Pedro Costa recurre al recurso brechtiano del teatro épico, en este caso del cine épico. La narraturgia, la acción está en otro tiempo, en otro lado, en un pasado olvidado y confuso, en un pasado aparentemente añorado a pesar de lo destructivo, el presente no cuenta, no es nada; lo que importa es el recuerdo en la palabra de los personajes. Ventura, el protagonista, pregunta por su caballo ¿cómo está mi caballo Dinero? Muerto, le responden, se lo comieron los buitres.

Imágenes mentales de la narrativa o la anécdota frente a la crudeza de las imágenes, la película está en lo que se dice, en la palabra en sí; los que buscan el cuento o la fábula tendrán que escuchar (o leer) más que ver, e hilar con su imaginación o intuición la historia que buscan.

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Pedro Costa

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Pedro Costa retoma un personaje de una película pasada de él mismo, lo visita de viejo para saber qué ha sido de él después de pasados varios años, lo que encuentra es la decadencia absoluta, los nervios destrozados, el viaje de recuerdos y dudas del pasado y el refugio de un hospital psiquiátrico.

Si usted como espectador busca los parámetros más rigurosos de la estética cinematográfica de autor, Caballo Dinero es su opción; pero si usted busca en el cine una fuga o un modo de pasar el rato para desestresarse o evadirse sin ningún esfuerzo, abra la cartelera y escoja al azar.

Caballo Dinero se estrena el 11 de diciembre en un pequeño circuito de salas alternativas de la ciudad, en búsqueda de esos espectadores que aprecian el deleite estético y que son de exigencia rigurosa. Una joya para ser descubierta por verdaderos apasionados. Angustiante, opresiva pero necesaria para una cartelera nacional repleta de cine light.

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Editor Yaconic

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