Por Mónica Galván
Fotos cortesía Museo Jumex / © 2015 Fundación Calder, Nueva York

Admitámoslo: ir a Polanco siempre es un lío. Se tiene que invertir una gran cantidad de horas en el trayecto, sin contar con que la oferta de transporte es complicada, porque la apuesta ahí es por el automóvil. En verdad hay que tener mucha convicción, ganas de asistir a un evento, no tener de otra porque ya compraste entradas con meses de antelación o tener que hacer fila en alguna oficina para realizar trámites que hacen inevitable ir.

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Lo que me llevó a invertir cerca de dos horas de trayecto a Polanco fue una cita imperdible con la exposición Calder: Derechos de la danza, de Alexander Calder en el Museo Jumex. Al entrar a las salas 2 y 3 sólo puedes pensar que valen todos y cada uno de los minutos que puede tomar llegar. Calder es uno de los escultores más reconocidos del siglo XX. Nació en 1898 en Pennsylvania, y murió en Nueva York en 1976. Es conocido por redefinir la historia del arte a través del uso de materiales no convencionales y su transformación del espacio.

Confieso que soy gran entusiasta de su obra; incluso antes de estudiar arte, recuerdo haber visto una imagen de sus piezas en un libro que hallé en la pequeña biblioteca que había en la escuela primaria donde estudiaba, y ni siquiera me detuve en querer saber qué o de quién era. Calder tiene ese efecto en todos los que ven su obra: no necesitas más, basta con estar frente a una fotografía de sus esculturas con alambre o esperar a alguien bajo su Sol Rojo en el Estadio Azteca, para entender la relevancia de esas divertidas piezas que juegan con el espacio que ocupan.

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El Museo Jumex le apostó a esta belleza instantánea que encontramos en la obra de Calder y trajo a México una de las exposiciones más esperadas. La muestra toma como punto de partida la inspiración y experiencia de Calder en Latinoamérica, con más de 100 obras que van de los años 20 a los 60. Entre los objetos se incluyen algunas de sus famosas esculturas en alambre, móviles y “stabiles”, así como pinturas y joyería. Disfrutable a plenitud el trabajo de un escultor que redefinió el espacio con materiales industriales, intensidad de color y equilibrio hipnotizante.

Observaría cómo los artistas han sabido sacar de la composición de los diversos materiales sabios ritmos, ilusiones dimensionales llenas de genio; cómo han sabido crear movimiento y profundidad, manifestaciones de gracia, gritos de estímulo, formas que expresan fuerza y compacidad a través de un ir condensando la materia tratada en grandes masas. Y disfrutaría, en definitiva, este espectáculo de una materia que muestra en cada una de sus nerviaciones la intención ordenadora del arte, que se hace “significado” estético y muestra en su calidad de “forma” realizada, la legitimidad de la operación conformadora que la ha creado como objeto contemplable.

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La cita anterior fue escrita por Umberto Eco en su libro La definición del arte, en 1968. La retomo en esta reseña porque concentra lo que podemos observar en la obra de Calder; claro, muy a su modo, Eco exalta la capacidad de los artistas por obtener a partir del uso reinterpretado de los materiales “objetos contemplables”, y en definitiva es lo que ocurre con lo expuesto en el Museo Jumex. Por supuesto, también hay que entender la muestra en su justa dimensión: no todo Calder es fabuloso: existió un momento en el que su obra monumental se popularizó tanto que se colocaba de manera excesiva en plazas, salas de espera o edificios públicos.

Más allá de eso, es una delicia estar frente a sus creaciones, de ahí que Calder: Derechos de la danza sea perfecta oportunidad para poner la piel chinita; ubicarte debajo de un móvil tratando de entender cómo rayos puede sostenerse; hipnotizarte con las bellas sombras proyectadas en la superficie blanca o jugar a rearmar las esculturas de gran formato que te reciben en la sala 2 reubicando tu mirada, moviéndote de izquierda a derecha y pensar en diez formas diferentes en que podría colocarse Pájaro grande, obra elaborada en 1937.

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Esta reseña es una sincera invitación para que visites la exposición Calder: Derechos de la danza y tengas una opinión desde la experiencia directa. La muestra se presenta hasta el 28 de junio.


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