Cuarentena del Totonacapan

canicula 1

Son 40 días donde del sol sangrante fulgura el diario andar en Zapotal Santa Cruz, donde las tradiciones trascienden el concepto artesanal que conocemos sobre la cultura totonaca. Un documental de hechura mexicana que lleva con orgullo varios galardones a nivel internacional.

 

Por Gabriela Cervantes

En 2011 José Álvarez realiza un segundo documental: Canícula, que expone dos de las actividades más importantes en la vida totonaca: la alfarería y el vuelo. Las mujeres alfareras del Zapotal Santa Cruz, Veracruz, moldean vasijas, ollas y demás utensilios de barro para el uso particular y su venta fuera de la población; por otra parte, un maestro de vuelo enseña a jóvenes el arte y tradición de siglos atrás, para atraer la fertilidad y buenaventura al pueblo totonaco.

El porqué del título es sencillo: la canícula  es el “periodo del año en que es más fuerte el calor” (DRAE). Dura aproximadamente 40 días y es conocida como la época del sol sangrante. Para llamar a la lluvia y evitar la carestía los Voladores de Papantla realizan un ritual de (espero) todos conocido en que cuatro voladores y un invocador (palabras del maestro de vuelo) suben a lo alto de un tubo hasta un cuadrado giratorio, el invocador interpreta una melodía ritual mientras los voladores se lanzan al vacío (atados del tobillo sólo con un mecate al centro del cuadrado giratorio). El ritual termina cuando los voladores tocan tierra. Actualmente el ritual que conocemos es, además de una tradición, un espectáculo visual y auditivo, pero Álvarez nos presenta la parte menos conocida del ritual: desde el vestir de los voladores hasta la danza previa al ascenso y posterior descenso. Los voladores del Museo de Antropología nunca serán lo mismo después de este documental.

Mientras se muestran todas las etapas del ritual, el creador nos presenta a un par de mujeres alfareras de la misma región, quienes también realizan una especie de ritual al crear los objetos de barro; la masa amorfa se transforma a lo largo del documental en preciosas artesanías, casi tan perfectas que es difícil creer que sea barro trabajado a mano. Las mujeres trabajan por horas para crear utensilios caseros y demás objetos. Es un trabajo que merece toda la atención y respeto de quienes lo realizan y utilizan.

A lo largo del documental se puede ver, también, las vicisitudes por las que atraviesa el pueblo, las más importantes: falta de agua y calor extremo. Es una visión íntima de la cotidianidad y la sensibilidad de un grupo del que sólo se conoce lo “comercial” (el Tajín, los voladores de poste metálico, las figuritas de barro que se venden en calles o establecimientos pequeños). Un punto llamativo de este documental es la fotografía, que muestra los hermosos paisajes veracruzanos, la flora y fauna de la región y la vida diaria, aunque personalmente el exceso de imágenes provoca cierta lentitud en la historia. Álvarez, narrador, se adentra pausadamente al ámbito totonaco, quizá para poder ir reflexionando y asimilando lo que se observa.

El documental Canícula ha obtenido varios premios nacionales e internacionales, entre los que se puede destacar el SIGNIS (Festival de Toulousse, Francia) y el Premio del Jurado en el Festival de la Riviera Maya, ambos en 2012.

 

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