Por Aída Quintanar

Ser migrante está de la chingada. Cruzar el lago, escalar un muro, caminar desiertos, navegar mares. Sufrir la travesía, morir en el intento. Lo envuelven los peores sentimientos. El miedo está en todas partes. La incertidumbre cubre el ambiente. El calor quema, el frío congela. Se sufre, se agita, se teme. Es dejarlo todo para buscarlo todo. Andar a contracorriente.

Emigrar es inherente al ser humano y lo hemos condenado. Miserables emigrantes rechazados e incomprendidos. Nos falta entendernos. Nos falta amarnos más. Sentir compasión, caminar con ellos, cruzar al otro lado.

migrantes mexicanos

Por eso llega Carne y Arena (virtualmente presente, físicamente invisible) del cineasta Alejandro González Iñárritu. La instalación de realidad virtual busca imitar ese momento. Transportarnos al lugar para enfrentar la vivencia de los migrantes mexicanos y centroamericanos en su intento por cruzar la frontera con Estados Unidos.

“La idea nunca fue concebida como un proyecto político ni subordinado a una propaganda gubernamental, mi intención fue explorar una condición humana, una obra artística que hablara de una crisis a nivel mundial, no solamente geográfica ni nacionalista. Los migrantes son personas que viven en una condición de anonimato e invisibilidad. Quería que el visitante tuviera una experiencia directa, caminando en los pies del migrante, por debajo de su piel y dentro de su corazón”, explicó Iñárritu.

El espacio multinarrativo podrá apreciarse desde el 18 de septiembre de 2017 en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. La instalación se limita a una persona a la vez, ya que el participante en solitario tiene la libertad de moverse físicamente dentro de un espacio de 200 metros cuadrados durante seis minutos.

Participan migrantes reales que compartieron su historia, digitalizados y convertidos en los actores virtuales de la experiencia. Durante cuatro años González Iñárritu conoció y entrevistó a desplazados de todo el mundo. El homenaje no se queda solo en los mexicanos y centroamericanos, también en los africanos y del Medio Oriente. Compartimos las mismas tragedias, los mismos problemas, las mismas razones para huir. Su mar es nuestra arena.

carne y arena de iñarritu

En Carne y Arena se elimina la frontera entre la pantalla y el espectador: la realidad virtual es todo lo que no es el cine. En los filmes los cineastas dan un pequeño porcentaje de realidad y después interpretan por completo. En las salas hay límites y las cosas solo se observan. La realidad virtual, por el contrario, es un estado multidimensional donde el receptor participa activamente, se rompe el encuadre. Un medio con capacidades infinitas.

El ganador del Óscar por la cinta El renacido (2016) también explicó el nombre de su exhibición: “Carne porque todos estamos hechos del mismo material, aunque jugamos roles idiotas de ‘yo soy el policía, yo soy el doctor, yo soy el migrante’ descubrimos que todos tenemos un corazón de carne. Y arena porque se convierte en un material omnipresente en las orejas, en la boca, en la comida, en los zapatos y esa sensación de tener arena por todos lados puede llegar incluso a matar”.

Carne y Arena se presentó en el Festival de Cannes, se trata del primer proyecto de realidad virtual incluido en la selección oficial de dicha muestra. Siempre los trabajos de Iñárritu han sido importantes, pero ahora por el contexto que vivimos nunca habían sido tan oportunos.

Iñárritu captura lo que pasa por la mente y corazón de aquellos que dejan atrás su vida y sus raíces para emprender un viaje incierto del que algunos, quizá, nunca regresen. Es una experiencia individual porque no se puede comprar y tener en casa, tampoco compartir en las redes. Depende de cómo sea uno es como se aprecia.


Todo sobre el costo, la compra y el acceso por acá.

Editor Yaconic

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