Y ármense, únanse… Dr. José Manuel Mireles

Por Antonio Frias / @jafrias26

La guerra del narco ha dejado muchísimas secuelas en México. A niveles económico y político, pero sobre todo social y cultural. El entorno de violencia exacerbada, la inseguridad constante y la inconformidad hacen que los habitantes reaccionen, se organicen y conviertan su protagonismo dentro de este desolador panorama.

Estrenado en el Festival de Sundance, el documental Cartel Land, dirigido por Matthew Heineman, y producido por la mismísima Kathryn Bigelow (Near Dark, Point Break, The Hurt Locker) ofrece una mirada inédita al movimiento de las autodefensas michoacanas —particularmente a la figura del Dr. José Manuel Mireles—, cuyo movimiento es emparentado en la narrativa de la cinta con el de los civiles vigilantes gringos anti-migrantes y anti narco.

Cartel Land

Al inicio del documental, Tim Nailer, un exmilitar americano convertido en cazador de polleros e ilegales en la frontera entre Arizona y México, justifica su actividad diciendo que existe una línea imaginaria entre el bien y el mal, y que cada quien actúa en lo que piensa es lo correcto, por lo que él mismo se considera un bienhechor. Esta idea es la que permea en toda la cinta.

Para Heineman no hay buenos ni malos, incluso los mismos narcotraficantes tienen oportunidad de confesarse y explicar sus razones. Es por eso que aunque a ratos Tierra de Cárteles parezca un reportaje televisivo alargado, en ningún momento cansa o es repetitivo; al contrario: la tensión, los hechos violentos que retrata, delinean a los personajes y sus escenarios, en apariencia tan distantes, pero tan similares en algunos sentidos.

Contrario a lo que se podría pensar, Matthew Heineman no tiene una intención política; al menos no es el objetivo principal. Si bien nos muestra a unos líderes con ideales y objetivos, también expone sus deficiencias, sus conflictos personales y la forma en la que el entorno los rebasa. Terminan por caer en un ciclo de violencia que no parece solucionar las cosas.

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Como su título lo indica, estamos en un territorio de cárteles en el que la autoridad tiene poco poder o es prácticamente inexistente; en cambio, los Zetas, los Caballeros Templarios, Ciudadanos en busca de Justicia, Limoneros Armados, Vigilantes y demás grupos intentan tomar el mando.

La cámara de Heineman no tiene miedo y nos presenta persecuciones, balaceras, riñas, cocinas de metanfetamina y otros escenarios brutales, que aunque ya son recurrentes en nuestro país, no dejan de sorprender.

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En estos días en los que los principales capos se fugan, las autodefensas son desmembradas (Mireles sigue en la cárcel) y la guerra del narco está más viva que nunca, vale la pena ver este trabajo fílmico.

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