El sueño de mucha gente de mi edad, aquellos conocidos coloquial y vulgarmente como los chillones millenials, es el de poder tener su propio espacio, entendiéndose éste como casa, departamento o lugares similares, cuestión que cada vez más complicada debido a diversos factores que no vale la pena mencionar. No obstante, hay quienes prefieren vagar de a pata de perro por el mundo, dispuestos a la aventura, sin no más que aquello que les quepa en una maleta. Esa es la premisa de Casa Transparente (Sexto Piso 2018), de la artista argentina María Luqué, misma que fue coronada ganadora del Primer Premio de Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas. Tuve la oportunidad de platicar con María sobre su proyecto autobiográfico.

¿Cómo surge la novela gráfica?

Empecé Casa Transparente después de terminar mi primera novela, La mano del pintor. Se me hizo costumbre trabajar en proyectos largos y extrañaba la compañía de estar todos los días avanzando de a poco. Pasé varios años cuidando casas de amigos y viajando, después de renunciar a un trabajo para intentar vivir de mis dibujos y me parecía que había muchas historias que podían dibujarse. Las fui haciendo de a poco, a partir del recuerdo porque no tenía mucho registro de esos años.

Háblame del título

El título surge de un sueño. Mientras estaba cuidando una casa en Buenos Aires soñé que la casa era transparente y yo podía pintarla para que fuera apareciendo. Podía pintar al gato y su comida, el café del desayuno, los muebles, la ropa y la casa se volvía real. Me pareció hermoso que en mi inconsciente todo se resolviera de esa manera tan simple.

Entonces es una novela autobiográfica

Sí, son cosas que viví. En el libro aparecen desordenadas y también un poco ficcionadas. Algunas historias pasaron hace varios años y al momento de dibujarlas y ponerle voz a los personajes, pensar los diálogos con los amigos, tuve que hacer un ejercicio muy grande de memoria. Aunque mi memoria es bastante frágil disfruté mucho volver a pensar en esas cosas que había vivido, tuve que ordenarlas un poco para poder dibujarlas.

¿Qué significa ser errante para tí?

Me gusta ir cambiando de lugar, conocer las ciudades y armar pequeños circuitos de cafés donde dibujar, museos para visitar, hacer amigos. Hace un tiempo que estoy viviendo más estable en Buenos Aires pero en los próximos meses vuelvo a viajar con destino medio incierto y creo que encuentro ahí una adrenalina que me encanta. Me gusta no tener un lugar fijo porque no acumulo cosas, no tengo muebles, casi todo lo que tengo entra en una maleta mediana. El único problema son los libros, todavía no descifro qué hacer con ellos.

La parte final es sobre la casa de Frida en Coyoacán, ¿Qué significa ese lugar para tí?

Siempre trato de visitar las casas de pintores, escritores o músicos. Me da mucha curiosidad la vida de los demás, saber cómo trabajan. Hacía mucho tiempo que quería conocer la casa de Frida y me impactó mucho poder ver de qué objetos se rodeaba, su biblioteca y su taller.

Háblame de Pedro el hippie Maya

Pedro es un chico que conocí hace muchos años en Rosario. Yo iba todavía al colegio y él viajaba en un colectivo con muchos amigos repartiendo las enseñanzas del calendario maya. Todo eso sonaba como una aventura increíble en mi mente adolescente y me vi un poco tentada de escaparme con él. Por suerte la tentación duró solo un rato y me olvidé rápido de esa idea.

¿Cuál es la ventaja de una novela gráfica como instrumento de narrativa?

Creo que la principal ventaja es que en el dibujo puede pasar lo que yo quiera. Puedo dibujar mal un caballo y aunque sus patas no parezcan muy reales el caballo va a correr igual.

Raúl Campos

Raúl Campos

Cultural Journalist & Documentary Photographer Kitsch Journalism Mexican decay Anarchy Road

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