Por Adán Ramírez Serret / @AdanSerret

Ian McEwan (Aldershot, Reino Unido, 1948) es de los pocos autores que nunca decepciona a sus lectores. Es extraño, porque sus novelas no se parecen entre sí pero no podrían ser de nadie más. Ian ha escrito una buena cantidad tocando diferentes tonos; ha sido escatológico, elegante, violento, sórdido, irónico…

Sucede que la mente de McEwan se expande por el mundo a través de sus ficciones: sus historias están ambientadas por un exquisito conocimiento musical, arquitectónico, poético y político…, sin excluir, claro, la depravación natural del ser humano.

cascara de nuez ian mcewan

Su más reciente entrega, Cáscara de nuez, es una novela con un espectacular tono de ironía. Quien cuenta la historia es nada más y nada menos que un bebé a punto de nacer. Un feto encantador quien además de tener todos los talentos de McEwan como narrador, es aficionado a los buenos vinos y se molesta por las embestidas de su tío: siente su pene a tan sólo unos centímetros. Sí: una historia terrible contada con un brutal humor negro. Un ser que está a semanas de nacer pero el mundo que le espera, no luce muy bien, pues sus padres se detestan.

Este feto es de cierta manera un Hamlet moderno, quien además de estar preocupado por las conspiraciones de su madre y de su tío, se encuentra bastante intranquilo por su futuro en el desigual Londres moderno, por la calidad de su educación y por cuál será su clase social. Un ser que vive en verdad, dentro de una cascara de nuez. Como todos.


Ian McEwan, Cáscara de nuez, Barcelona, Anagrama, 217 páginas.

Editor Yaconic

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Revista de arte y cultura

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