Por Eduardo H.G. / @eduardoachege

Annick Donkers comenzó a fotografiar a Cassandro cuando él ya era uno de los luchadores “exóticos” (estridentes personajes del pancracio que se asumen homosexuales) más reconocidos. Ya el alcohol y la cocaína lo habían llevado cuatro veces a prisión; el abuso y la homofobia al retiro. Pero a Annick no le interesaba tanto hacer fotos del personaje arriba del ring, sino compenetrar en otra lucha, la de su cotidianidad, donde Cassandro buscó —y encontró— el renacimiento y reconocimiento de nueva cuenta.

Annick nació en Amberes, Bélgica, y un día de 2012 quiso conocer a un luchador “exótico” luego de presenciar una función de lucha libre en la Arena México de la Ciudad de México. Esa inquietud la llevó, tiempo después, a conocer a Cassandro (Saúl Armendáriz).

Tallerista del Faro de Oriente y el Colegio Británico, maestra en Psicología y estudiante del Club Fotográfico de México, la escuela Visualestudios y el Gimnasio del Arte, entre otros, Annick acepta respondernos algunas preguntas sobre sus fotografías de Cassandro, las cuales se han expuesto en recintos como la Académica de San Carlos.

¿En qué momento decides empezar a fotografiar a Cassandro?

Desde que vine a México me ha gustado la Lucha Libre. Siempre me he divertido mucho. Mis primeras fotos (en blanco y negro) fueron tomadas en la Arena Xochimilco, donde nos dejaron entrar con cámara.

A principio de 2012 fui con un amigo a la Arena México y vi a Máximo (un luchador del CMLL [Consejo Mundial de Lucha Libre] con traje de un gladiador romano de color rosa y mohicana en el mismo color). Me hizo reír tanto que desde ese momento quise conocer a un luchador “exótico”. Una amiga me habló de Cassandro. Ella trabajó en la embajada de México en Bélgica y en 2010, por el Bicentenario, lo invitaron para una lucha en Bruselas. Yo no sabía quién era; pero cuando vi fotos de él saltándose de un balcón en un show de Los Ángeles pensé “tengo que conocerle”. Empezamos a escribirnos en Facebook y cuando vino a México por una promoción de un evento empecé a seguirle.

En muchos sentidos, la vida de Cassandro atraviesa por zonas muy difíciles para cualquier ser humano, y en específico para los homosexuales; es decir, drogas, alcohol, cárcel, perdida de seres queridos, homofobia y abuso; no obstante, tus fotografías nos lo presentan como un ser humano que lucha en la vida diaria, ¿es eso lo que nos quieres mostrar?

Sí. Cuando lo conocí fue muy abierto sobre su pasado. Ha sido un proceso largo para él, pero no tiene por que esconder cosas. No me interesaba tanto hacerle fotos como su personaje en el ring —aunque si hay algunas así, tenía que mostrarlo—. Me interesaba más la parte de atrás del personaje. Me dio curiosidad. Su vida cotidiana era y es una lucha diaria. Ha tenido una vida muy dura, pero lo bonito es que encontró su fuerza y logró avanzar y tener mucho reconocimiento. A veces es duro y en mis fotos justamente quería mostrar eso: esos momentos en que vemos al personaje, pero también a un hombre en búsqueda de su camino y los momentos de soledad.

La fotografía documental en México ha ganado mucho terreno en los recientes años. Para ti, ¿qué características  hacen sobresalir tu trabajo fotográfico de los demás documentales?

Hay muchos fotógrafos y fotógrafos documentalistas buenos en México. La mayor parte de mi carrera como fotógrafa ha sido acá, donde estudié, viajé, descubrí. Pero también es muy enriquecedor pertenecer a otra cultura, como la europea, en mi caso. Después de participar en el seminario del Centro de la Imagen, estuve tres años en mi país, lo cual me ayudó a reflexionar, parar, volver a México y ver las cosas de otra manera. Siempre intente seguir mi intuición, lo que yo pensaba que era mi camino y no lo que pensaban los demás. Aunque a veces fue difícil y me criticaban, me parece que así mi foto es más sincera. Pienso que en general mi fotografía es muy emocional. Intento sorprenderme ante lo que veo y creo que eso se siente dentro de mi trabajo.

Háblanos de las dificultades para realizar esta serie, ¿qué tan complejo fue?

Agradezco mucho que Cassandro es una persona muy abierta; que entendió muy bien lo que quería mostrar; que eso no le dio miedo y que tenía confianza en mí. Pero también es humano: si él en algún momento ya no quería fotos, pues ni modo. Hubo momentos que no me dieron permiso para fotografiar, por ejemplo, cuando fui con él a una ceremonia Lakota (“Sun Dance”) en el desierto de El Paso, solamente me permitieron tomar fotos de la preparación y no de la ceremonia misma porque era sagrada. Hay que respetarla. De todos modos fue una experiencia interesante en el desierto, para entender lo que significa, sobre todo si vienes de un país donde no hay desierto.

Lo más difícil ha sido la distancia porque no siempre es posible tomar fotos: él vive en El Paso (Texas) y no siempre es posible ir allá.

El fotógrafo-artista elige dónde poner la mirada, lo cual de alguna manera tiene qué ver con sus gustos y afinidades culturales, etc., ¿por qué contar historias como las de Cassandro?

A mí no me interesa tanto si es gay o no, o si es luchador. Justamente la historia atrás, el camino que ha seguido, es lo que me llama mi atención. He visto muchos reportajes en los que quieren dramatizar, mostrando lo negativo de la gente o personas inyectándose; pero no entiendo para qué mostrar eso. Quizá es que me fascina más una historia de éxito, de lucha de la vida y es válido mostrarla.

También me di cuenta que todas las personas que he fotografiado tienen justamente eso en común. Eso debe ser con lo que me identifico.


Sigue el trabajo de Annick en su SITIO OFICIAL.

Staff Yaconic

Staff Yaconic

Previous post

NOVENTA Y NUEVE NO ES CIEN

Next post

EL TATUADOR DE LECUMBERRI