Por Eduardo H.G. / @eduardoachege
Fotos: Pedro Zamacona y  Pablo Navarrete / @pabnavarrete  

¿Quién es Snoop Dogg? ¿El integrante de los Rollin 20’s qué pasó seis años bajo cerrojo por posesión de cocaína? ¿El compañero de colegio de Cameron Díaz? ¿El que inició a Tupac Sakur en la gangsta life? ¿El rapero que una vez apadrinado por Dr. Dre llevo su álbum debut al número 1 de las listas? ¿El que organizó el conclave que detuvo la Guerra de Costas? ¿El que padroteaba morras a la Iceberg Slim o Malcolm X? ¿El stoner que hizo de fumar mota un negocio redondo? ¿El hombre nuevo y reencarnado después del Jamaica trip? ¿Snoop Lion? ¿El que facturó 82 millones de dólares entre 2014 y 2015, convirtiéndose en el rapper mejor pagado del globo?

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Snoop Dogg

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Snoop es todo ello y más. O menos. Snoop Dogg es un personaje pop. Su influencia y estela rebasan la cultura del hip hop o el rap. Es el Carlos Slim del negocio de las rimas. Su vida —como la de tantos otros raperos estadunidenses— se enmarca en el mito del chico de los bajos fondos, rudo y matón, que logra salir de la mierda para ser la base de su propia industria (la cual incluye, además de su música, una cadena de comida, de moda, de perfumes, de vodka, una app para la entrega de weed y un equipo de futbol americano, etcétera). Cada que Snoop prende un porro, sus cuentas crecen como la marihuana que le suministra su dealer Nancy Botwin.

También: Snoop es el tipo fresco que cantó “La Bamba” en el festival Ceremonia 2015 para luego gritar “¡Viva la México!” una y otra vez durante su show. Habría que decirlo: el festival valió la pena en gran medida por su presencia. Atentos a la tendencia que se ha presentado en el reciente año (en el país) de incorporar a raperos de alto calibre en los line ups de los “grandes” festivales porque el género ha ganado terreno en el gusto de la masa joven hiperconectada que está a la vanguardia en apps y gadgets, los organizadores del Ceremonia trajeron al Estado de México al nativo de Long Beach para que hiciera lo suyo. Un show que cumplió; que tal vez pudo dar más.

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—¿Ya llegó Snoop Dogg?

—No.

—¿Puedo pasar cuando llegue?

—No se puede. Además su seguridad acaba de venir a decirme que cuando llegue no van a dejar que lo vean. Van a poner una camioneta aquí para tapar.

***

La búsqueda para encontrarme con Snoop no comenzó en ese momento, cuando le preguntaba a un tipo de seguridad del festival si podía pasar las rejillas que servían de soporte para la fila de los más de 20 fotógrafos (¡¿Dónde están las fotos de todos ellos?!) que esperaban su momento para disparar sus cámaras al inicio de cada artista. No. La búsqueda comenzó desde que pregunté a la comunicación del festival si haría prensa, hace algunas semanas. “No hará”. Ni pedo. A buscarle por otras vías. Cuando llegué al festival pregunté a los del estudio INK INC si tatuarían a Snoop en el backstage. Un tipo amable del stand del estudio me dijo después que no, que no lo rayarían, y que además estaba cabrón pasarme.

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En tanto, mi colega Adolfo Reséndiz, quien estaba haciendo redes sociales y tenía acceso a la sala de prensa y todo eso, hacía su propia búsqueda, preguntado a la gente del festival si habría meet and greet con Snoop. Impulsados por un deseo de fans, la cercanía del show nos mantenía en vilo. Queríamos encontrarnos antes con Snoop y, tal vez, fumar un poco de mota con él. Pensé que nada me sorprendería antes de que saliera a romper oídos con sus raps. No esperaba mucho de la veintena de bandas y “propuestas emergentes”. Pese a ello recorrí parsimoniosamente los tres escenarios con mi chica, escuchando, esperando, brincando charcos, dejándome llevar.

Pero no llegué a las 2, cuando inició todo. No vi a Yoga Fire abrir en el escenario principal. Tenía morbo y curiosidad por saber qué tipo de show preparó el también peluquero del crew Never Die, y quien, a mi juicio, tenía un grupazo de rap under y experimental: los Geniouz Block. Pero eso es historia. Yoga Fire es ahora un proyecto aparte que se ganó su lugar en el Ceremonia 2014, cuando se trepó a freestalear con A$AP Ferg. Cuando arribé al lugar, luego de una revisión a fondo en la entrada que ocasionó que me tuviera que vaciar mi Axe para luego tirar el envase a la basura por aquello de “éste no entra carnal”, quienes reventaban bocina eran los Fuete Billete. A lo lejos se escuchaba fresca su propuesta raperpunkosa, que llegaba a su fin. Era la última rola.

Entonces aterrizamos a The Wookies. Ya los había visto en un concierto con Mexican Dubwiser. Traen su pedo fiestero discotecno. Lo que más me gustó fue su actitud ante la tragedia: un aguacero con todo y granizo se dejó venir, y los empeluchados arriba del escenario gritaban que la lluvia les pelaba la verga, mientras decenas corríamos a refugiarnos a una carpa gigante. Ni pendejo me mojaba gacho a esa hora, cuando apenas comenzaba a calentarse la cosa. Compramos unas birras y aguantamos a que el cielo de Eruviel Ávila dejara de escupir. (Antes de que parara tuve una buena señal: una bolsita Ziploc con unas colitas de marihuana estaba justo debajo de mí. La levante y la guardé).

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The Wookies

La tormenta se vino recia pero no duró mucho. Y de ahí en adelante no caería gota. The Wookies siguió con visuales chidos. Las morras movían las caderas y los batos se lucían con impermeables decorados, “vintage”, “de autor”. De ahí nos fuimos al escenario Vans para topar a Pusha T. Todavía no comenzaba. Kaytranada ponía a todos a bailar de aquel lado del Centro Dinámico Pegaso, donde ya se manifestaban las primeras víctimas del ridículo postatasquededrogas: a medio charco de unos cuatro metros tres chicas hacían un baile extraño, entre lagartijas y twerking. Traían su viaje y nadie las molestaba. Kaytranada mezclaba como en el fin del mundo y dejó la fiesta en las venas.

Pusha T era de los otros shows de rap esperados. El nativo de Virginia tira duro. Tiene una carrera consolidada. Embolsado en playera y pantalón negro, soltó dinamita en rima. Más de 18 piezas entre las que repetía insistente el nombre de su álbum “My Name Is My Name”. Un acierto traerlo. Y una buena oportunidad para propios y ajenos. Sonaron “King Push”, “Numbers On The Boards”, “Hold On”, “New God Flow” (track que hizo en colaboración con Kanye West), “Sweet Serenade” y “Millions” (que prendió de manera mayúscula), entre otros putazos.

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Pusha T

Pusha T era un maestro de ceremonia completo arriba, y los truenos que soltaba su DJ se confundían con el clima del venue. Pusha comenzó en los noventa con el grupo Clipse (que hizo con su hermano Malice), y a principios de los 2000 adquirieron reconocimiento con el disco Lord Willin, bajo la producción de Pharrel Williams y Chad Hugo. En 2010 comenzó su carrera en solitario. Y esa experiencia acumulada se reflejó en el Ceremonia.

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Aguanté en el mismo escenario a Disco Ruido porque nunca los había visto en vivo. Un show que tuvo un sonido impecable. Buenos guitarrazos de repente. Coritos fresones. Mercedes Nasta se movía como en drogas con su falda-vestido de darketa y sus botas. Una propuesta que sus fans disfrutaron al máximo. Mantuvieron el nivel. La entrega era total, tanto así que incluso vi vinilos del grupo numerados en las manos de algunos presentes. No son de mi gusto, pero llamaron la atención.

snoop-8 Disco Ruido

Disco Ruido

Así, todo continuaba entre largas filas en los foodtrucks y en los baños portátiles que ya acumulaban litros de orina y heces. Pasaban las 9 y en el escenario principal ya calentaban los Jungle. En este punto hay que aclarar que esta propuesta sorprendió. Fue una revelación, así como lo fueron sus primeras canciones y videos en la red (“Platoon” y “The Heat”), cuando nadie sabía quiénes eran. Jungle es un peso pesado del neo soul y una propuesta a rescatar del brit funk. Una descarga de los Bee Gees, Isaac Hayes y Daft Punk, pero en una sola banda. Cuando llegamos a verlos conecté enseguida. Entendí que no todo estaba perdido, que el mundo tenía esperanzas y que todavía la música podía tener poder.

Jungle, Foto Pablo Navarrete

Jungle, Foto Pablo Navarrete

Si a Snoop Dogg lo hubieran detenido en el aeropuerto por posesión de marihuana, y lo hubieran llevado en corto a Almoloya junto al Chapo, la Barbie y la Tuta; o un comando armado de un cartel del Estado de México lo hubiera “contratado” a huevo para que tocara en la boda o quince años de alguna hija de un jefe pesado que le gustara el rap, el viaje al Pegaso hubiera valido la pena sólo por Jungle. Una presentación sin desperdicio. Tom McFarland y Josh Lloyd-Watson pegados a sus teclados al frente, timoneando la nave. Se entregaron y su sonido brilló con luz propia.

Una vez finalizado este ritual colectivo, y con The Horrors como sonido de fondo, retomé mis intenciones de encontrarme con Snoop.

***

—¿Ya llegó Snoop Dogg?

—No.

—¿Puedo pasar cuando llegue?

—No se puede. Además su seguridad acaba de venir a decirme que cuando llegue no van a dejar que lo vean. Van a poner una camioneta aquí para tapar.

—¿De plano?

—Sí.

—¿Sabes por qué?

—No.

snoop-10 The Horrors

The Horrors

Los monosílabos cortantes del tipo de seguridad me indicaban que ya quería que me largara de su lado y lo dejara trabajar. Nos encontrábamos en la parte norte del escenario principal, desde donde se apreciaba un campo inmenso oscuro. Entonces una camioneta blanca se acercaba entre la noche. Era Snoop y su sequito de músicos. La camioneta llegó a la parte posterior del escenario, se estacionó junto a las trocas de The Horrors y Dogg se bajó como si nada. Alto, calmado y con lentes. Algunos se percataron de su llegada y le gritaron desde fuera de las rejas. No hubo tal despliegue para ocultarlo. Entendí que simplemente el bato quería llegar, hacer lo suyo y moverse.

Adolfo me comunicó que no había tenido suerte; que le dijeron que sólo cinco personas tendrían acceso al backstage con Snoop. Me resigné y me acomodé lo mejor que pude para disfrutar el show. A eso iba. Era lo que esperaba. A eso venía Snoop. Prendimos una pipa con hierba y nos metimos tanto como pudimos. El piso era un charco de lodo y el público esperaba ansioso, prendiendo yesca, abrazando a la chica, haciendo hueco para acercarse más. Entonces se colocaron los músicos. Hicieron pruebas leves, y el guitarrista se acercó al frente para invitar o pedir con su mano al aire algo de mota. Un grito se soltó. Después Snoop apareció y todo adquirió significado.

Ahí estaba. Con su bling bling de micrófono. Y comenzó a rapear con soltura; con su voz nasal característica. El perro que se hizo león y luego otra vez perro. En el sonido tenían más prominencia la banda que los beats del Dj. Una banda compacta y un MC de 1.93 metros al frente. Snoop hizo concesiones: tocó “La Bamba” y se regodeó en ello. Vinieron más covers: “I Love Rock ‘n’ Roll”, de The Arrows; “Jump Around”, de House of Pain; “Hypnotize”, de Notoriuos; “P.I.M.P.”, de 50 Cent. Y algunos feats. clásicos: “2 of Amerikaz Most Wanted”, con Tupac; “California Gurls”, con Katy Perry; “Nuthin’ But A ‘G’ Thang” y “The Next Episode”, don Dr. Dre. (En esta última parte faltó, sin duda, “Still D.R.E.”).

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Snoop Dog

Un repertorio por casi todas sus etapas, excepto la de Snoop Lion. Sobre ésta sólo se vieron algunos visuales con Snoop portando un gorro con los colores rastas y un cover de “Jamming”, de Bob Marley. Pero lo que más prendió fueron dos grandes bombas: “Gin & Juice” y “Who Am I? (What’s My Name?)”, de su primer (y para muchos) mejor disco: el Doggystyle de 1993. Snoop tocó un set muy parecido al que hizo en el Festival Pa’l Norte en Monterrey en 2014. Vestido con sus clásicos lentes, una playera gris con detalles negros, y un suéter delgado de manga larga por debajo, el cuarentón se paseaba de un lado a otro. Rimando sin mayor esfuerzo y sonando de altura.

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En algún momento agradeció la asistencia y dijo que amaba al público, antes de soltar un “¡Smoke weed motherfuckers!” y ponerse a coverear “Jamming”. La entrega era total. Snoop es un showman que sabe su negocio. Lo aman todos por igual y a muchos se les hace chido que sea un promotor intenso de la cannabis sativa. Ya no es el tipo de mirada y actitud ruda cuando salía al escenario; que proyectaba un visual en el que disparaba a un negro en un mini super junto a Dr. Dre, y que incluso preguntaba al público desde el video si estaba listo para ver la descarga de plomo sobre la víctima, para luego salir al frente y comenzar a rapear. Finalmente, parece ser que el Jamaica trip de 2013 sí lo ablandó.

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Snoop se mantiene en el siglo XXI administrando sus negocios, haciendo shows y discos con productores notables. En estas semanas lanzará su décimo tercer álbum, Bush, bajo la batuta de Pharrell Williams. Del disco ya salieron los sencillos “Peaches N Cream”, con Charlie Wilson; “California Roll”, con Stevie Wonder; y “So Many Pros”. Se dice que ésta será su última producción de rap, aunque con él no se sabe. Algo quedó claro en el Ceremonia: Snoop está vivo y se mantiene a la vanguardia de lo que es, al final, lo más importante: la música. Lo demás es contexto.

 

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