Por Ruy Martínez / @MrRuy77

El nombre Charlie Rodd resulta conocido al público joven. En tan sólo tres años ha tocado en el Vive Latino, Festival Marvin, Pal Norte y Machaca. Su discografía es limitada, un disco que contiene siete tracks, Historia (2015), eso le ha bastado para pararse en los festivales más importantes del país y llamar la atención de Phil Vinall, uno de los productores más importantes del momento, conocido en nuestro país por trabajar con Zoé.

Pero Charlie no tiene nada que ver con León y compañía. Su género, como describe en sus redes, es folk rock country. Sí, algo así como Juan Cirerol pero sin metanfetaminas. ¿Por qué este género? ¿Por qué arriesgarse a un estilo sin mucha representación en nuestro país? ¿Será por su cercanía con Estados Unidos? (es originario de Monterrey). Justo es de las primeras cosas que le pregunté: “Es padre hacer algo que suena en otros países y trasladarlo a México, hacerlo propio, en español”.

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ARTISTA HAMBRIENTO

Mientras investigo para la entrevista me encuentro con una declaración de Charlie para Red Bulletin: “tenía hambre de hacer música”. Esa frase me suena contradictoria. ¿Cómo alguien puede tener hambre de componer, y sacar un álbum con sólo siete canciones? No dudo en hacerle ese cuestionamiento. Con madurez me da una explicación más lógica de lo que esperaba:

“Pasa muchas veces, un artista saca un disco nuevo con muchos tracks y  la gente no les da el tiempo que requieren. Se me hace muy triste ver como se desperdicia una canción, porque el escucha tiene un tiempo estimado de atención. A veces oyen tres y les gustan mucho, pero al llegar a la séptima, por más que quieras ya no la escuchas. Por eso prefiero hacer discos breves y darle su tiempo a cada canción y sacar música rápidamente, cada año. En la nueva producción decidimos sólo meter cinco canciones para que se le preste atención a cada una sin tener la necesidad de meter alguna de relleno.”

Me parece una buena idea. En una época en la que los discos son ignorados y las playlist son el pan de cada día, lanzar rolas a cuentagotas o en grupos de seis tiene bastante sentido. Además, corroborará dicha técnica al lanzar su segundo disco (aún sin título). Con eso compruebo que en efecto se trata de un artista hambriento, pero también de una persona inteligente, que no ve un plato de notas y lo devora a la primera, se toma su tiempo, lo disfruta.

MADUREZ Y EL GRAN PASO

Phil Vinall es conocido por trabajar con grandes nombres del rock al nivel de Placebo, Pulp y Elastica, por mencionar algunos. También por ser el arreglista del Unplugged de Kinky.

Fue Robbie Lear, director de De Gira, la disquera de Charlie, el encargado de presentarlos. De inmediato, Phil reconoció el valor del proyecto y aceptó producir el nuevo material del regio:

“Phil es increíble y tiene ideas distintas. Tuvimos la oportunidad de sentarnos a platicar y le gustó el proyecto. Todo se dio natural, muy orgánico.”

Pero Vinall no fue el único que aportó en este nuevo disco. Rodd también incluyó en el proceso de composición a los músicos que lo acompañan en el escenario. Esto es raro en un solista, normalmente el jefe del proyecto actúa como eso, como jefe. Da instrucciones, crea variantes y cambia a su antojo las partes que no le gustan. El hecho de incluir otras voces en el proceso creativo demuestra sencillez al momento de aceptar sus flaquezas:

“Invité a los músicos que tengo en la Ciudad de México a que aportaran ideas. Siempre es bueno que gente con técnica contribuya. Yo le pregunto a la banda cuestiones específicas de su instrumento. Yo no sé de batería, pero el bataco sí y sabe lo que es mejor para la canción, lo mismo el bajista y el resto de la banda. Entonces saco lo mejor de ellos, como una lluvia de ideas, después me siento con el productor y con lo que cada uno aportó saco una idea nueva, veo lo que me sirve y lo que no. Creo que este disco será maduro con respecto al anterior ”

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FOLK HECHO EN MÉXICO

En los últimos años solistas y bandas como Juan Cirerol o Dromedarios Mágicos se han encargado de generar un interés hacia la música folk. Charlie pareciera estar aprovechándose de este pequeño boom, pero no. La propuesta de Rodd tiene voz propia, con letras simples pero cuidadas, pensadas para quedarse en la mente humana por mucho tiempo. El toque pop hace que cada canción suene mejor, alejándose de la crudeza de Cirerol y creando un sonido más limpio y amigable al oído.

Quizá esto se deba a que sus influencias van más allá de los clásicos como Johnny Cash. Charlie escucha Mumford & Sons y Fleet Foxes, esto hace que su universo musical crezca. Incluso parece no cerrarse a un cambio de estilo en un futuro, para él, lo más importante siempre serán las canciones, no el género:

“Quiero pensar que las canciones son parte fundamental de que la gente me siga. También espero que al público, si llego a cambiar o modificar el género que toco, le siga gustando mi música.”

Por lo pronto, Charlie sueña con que el folk despegue en México de la misma manera que lo hizo en Estados Unidos:

“Tengo mucha esperanza de que más bandas del género salgan y crezcan. Es muy padre poder escuchar música que me gusta hecha aquí, en mi país.”

Maduro, talentoso, seguro de sí mismo. Al terminar la entrevista me queda la sensación de haber hablado con un músico que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. Charlie Rodd no sabía si su estilo iba a ser aceptado pero no le importó, se lanzó al abismo sin estar seguro que el paracaídas abriera. Arriesgó y ganó.

Editor Yaconic

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