Por Adán Silva

El letargo de los asuetos te clava en una bruma de la que es complicado salir. No revisar las redes sociales por un día te vuelve un ignorante. ¿A poco no has escuchado la nueva rola de Charly García? Mierda, no, no la he escuchado. En ese momento pierdo mis credenciales de fan. No importa que “La máquina de ser feliz” me haya funcionado; me haya hecho feliz.

El artificio de bigote bicolor no les funciona a todos. Estallé y escuché la canción de inmediato. “No tiene que gustarnos lo mismo”, me aterrizó mi chica y me incomodó. Detuve la canción y acepté. Es verdad: no a todos nos gusta lo mismo. Lo bueno es que mi morra y yo sí, por ahora.

Después de Kill Gil (2010) y siete años de una larga espera, Charly García se desnudó este domingo con el primer sencillo de Random, su próximo álbum (que saldrá el 24 de febrero). Y aunque por ahora solo conocemos este sencillo, podemos decir que es el Charly de siempre: ¡el que necesitamos!

Los primeros versos de “La máquina de ser feliz” suenan a redención: “pedimos perdón y corremos enmascarando el fin”. ¿Será que siempre estamos huyendo? ¿Será que escondemos nuestros sentimientos? Se dice que cada canción te transporta lugares específicos; pero las de Charly no. Las canciones de Carlos Alberto García Moreno son el lugar en específico, ahí colocamos nuestros momentos.

charly garcia

Charly García / Foto: Vía Clarín.

Charly siempre embona, siempre cabe, siempre suma y nunca sobra. No encuentro mejor descripción que la que hizo Juan Carlos Hidalgo en este sitio, en un perfil pasado de arrestos:

“Charly García es el volcán en erupción que no existe en Argentina… un culmen del arte hispanoamericano… un Dios para sí mismo… el tango más salvaje que cantara Gardel, el gol más prodigioso de Maradona.”

Y como un bello gol lo repetiremos una y otra vez. “La máquina de ser feliz” es un mantra, un libro de autoayuda que no nos ayuda; al contrario, hace que reincidamos, yunkies esperando el putazo de dosis: Random.

Editor Yaconic

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