Por Nacho Hipólito / @j.ignacio

Hace poco tuve la oportunidad de ir a un concierto de Gorillaz, en Chicago, y fue una experiencia abrumadora, el show, la música y todos en conjunto te absorben y te transportan a un mundo sonoro increíblemente ecléctico.

En un concierto de la banda ficticia puede sonar hip-hop, pero también funk, new wave, punk, R&B e inclusive ritmos folclóricos latinos, y eso es lo que lo mantiene atrapados tanto a los asistentes como al mismo Damon Albarn, que disfruta cada minuto de su propio espectáculo.

gorillaz

Me di cuenta de una cosa, más allá de lo grandioso y envolvente que puede ser una función de Gorillaz, cada que lanzan un álbum alguno de los colaboradores del disco fallece.

Sonaba “Stylo” y en una pantalla circular que colgaba encima del escenario se veía la cara de Bobby Womack, una leyenda en el mundo del soul, quien desafortunadamente murió en 2014.

Fue entonces cuando mi mente elucubró acerca de las muertes de algunos de los músicos que han colaborado con Damon.

En el primer álbum de Gorillaz, hay una canción casi al final en la que canta Ibrahim Ferrer, el notable cantante, compositor y miembro del Buena Vista Social Club: un colectivo de músicos cubanos que saltaron a la fama gracias al documental que Wim Wenders grabó a finales de los noventa.

“Latin Simone (¿Qué pasa contigo?)”, es una canción que oscila entre lo psicodélico, lo latino y lo folclórico. Es un tema que Damon compuso para experimentar con sonidos que le atraían y, de hecho, hay una versión sin Ibrahim en el primer EP de Gorillaz, en el que se puede escuchar la voz del cantante de Blur. La versión en la que el cubano presta su voz, le da ese toque de world music que se aleja del cliché y se sumerge en un mundo de sonidos que recuerdan a boleros de amor, sones cubanos, piezas de salsa de antaño e inclusive a las propias canciones de Buena Vista Social Club.

Ibrahim Ferrer nunca la cantó en vivo, ya que falleció en 2005. La primera prueba de la maldición de colaborar en un álbum de Gorillaz. La bendición, por otra parte, resulta en que muchos fanáticos de la banda, que no conocían el trabajo de Buena Vista Social Club o de Ibrahim como solista, lo empezaron a hacer. Con ello, de alguna manera, Damon instruyó a sus fanáticos en la historia de la música cubana.

En Demon Days (2005), Albarn experimentaría con más sonidos e invitaría a más músicos. Pero hubo dos en particular que quedaron tanto en la parte de la maldición, como de la bendición.

La primera “Every planet we reach is dead”, un tema melancólico que sería difícil clasificar en un género, pero que tiene toques de soul, de new wave e inclusive algo del llamado memphis blues. Casi al final de la canción hay un pequeño solo de piano y un crecimiento caótico en el que las notas toman un sentido catártico y terminan en un silencio total. ¿El autor?, nada más y nada menos que la leyenda del rock and roll, r&b y soul: Ike Turner.

A diferencia de Ferrer, Turner sí pudo tocar la canción en vivo con Gorillaz, específicamente en los shows de presentación del álbum en el Apollo Theater, en Nueva York y en el Manchester Hall, en Inglaterra. Este último, grabado y lanzado como DVD edición especial, en el que Ike toca un extraordinario solo de piano para terminar encima de este.

Desgraciadamente Ike moriría en 2007, dos años después de haber colaborado y tocado con Gorillaz. Pero una vez más Damon nos educaría a todos musicalmente, y nos haría darnos cuenta de la increíble e influyente carrera de Ike Turner.

“Fire coming out of a Monkey’s head” es otra de las canciones que conforman el álbum, un tema en el que participa un icono del cine norteamericano: Dennis Hopper, el actor reconocido por haber participado en películas como Easy Rider (1969), Apocalypse Now (1979) y Blue Velvet (1986). El tema es narrado por el actor, quien nos cuenta una especie de fábula entre los Happy Folk y los Strange Folk, y es acompañado por un par de intervenciones de Damon Albarn.

Hopper pudo narrar un par de veces el tema en vivo junto a Gorillaz, pero un par de años después falleció. Esta vez, Damon nos daría una clase de cinematografía.

En Plastic Beach (2010), el tercer álbum de la banda, Damon volvería a experimentar con una ridícula cantidad de géneros, y en la lista de invitados estarían artistas de todo tipo, desde músicos legendarios hasta agrupaciones emergentes. El resultado fue un álbum mucho menos oscuro que el Demon Days, pero igual de ecléctico.

En dos de sus canciones tendría a los invitados que serían parte tanto de su maldición/bendición. El primero, Bobby Womack —un cantante de r&b y funk que consolidó su lugar en la historia de la música gracias a su increíble y potente voz— quien interpretaría “Stylo”.

El tema es una combinación de géneros que oscila entre el new wave, el hip-hop y por supuesto, el funk. Al principio podemos escuchar a Mos Def hacer lo suyo con la verborrea de rimas que lo han hecho un grandioso rapero. Cerca del minuto dos, escuchamos un coro que evoca las canciones de r&b de los setenta, todo sobre una línea de un teclado ochentero, para después darle paso a la legendaria voz de Womack, quien vomita gritos que nos recuerdan de lo grandioso que era el funk de hace 40 años.

La canción revivió el interés de Womack en hacer música, tanto que dos años después de su aparición en el álbum de Gorillaz, lanzaría su última placa discográfica: The bravest man in the universe. Desgraciadamente, no pudo seguir con su carrera musical, ya que en el 2014 falleció. Pero Damon no dejaría que las creaciones de este grandioso músico se quedaran en el olvido, por eso lo reclutó, para educar nuestros oídos una vez más.

La maldición terminaría con Lou Reed, quien prestaría su talento para la canción “Some kind of nature”, tema en el que Damon se encarga de evocar muchas de las partes de la carrera de su invitado, desde su tiempo en The Velvet Underground, hasta sus grandiosos álbumes solistas Transformer (1972) y Berlin (1973).

El legendario músico compartió el escenario con Gorillaz en más de una ocasión, pero la más memorable fue durante la presentación de la banda en el Glastonbury, festival que celebrara sus 40 años. En su interpretación, el músico juega con la distorsión de su guitarra y le da al tema un sonido un poco más crudo y poético. Lou Reed moriría en 2013.

Todo es una coincidencia. Damon Albarn no es ningún vidente para saber las fechas de la muerte de músicos legendarios, más bien es un melómano con ansias de colaborar y crear con artistas que admira, la gran mayoría mucho más grandes que él y en la última etapa de su vida.

No existe una maldición, solo un maestro que nos quiere mostrar el talento de personas que a él le emocionan y admira. Eso, para nosotros, los escuchas, es una bendición.

Editor Yaconic

Editor Yaconic

Revista de arte y cultura

Previous post

JOHNNY JEWEL HACE MÚSICA PARA PANTALLAS NEÓN

Next post

RED JESUS O UN CHAPALELE EN LA DOCTORES