Desde 2012 Colectivo Chipotle se encarga de cimentar y difundir la escena chiptune en el país a través de un festival, compilados y eventos de bajo perfil.  Conoce más de su labor en voz de sus fundadores.

Es domingo por la tarde y en un pequeño cuarto de una casa en Naucalpan, Estado de México dos jóvenes mueven sus dedos con ímpetu. Uno de ellos está volcado sobre un par de Game Boys mientras el otro arrastra las manos entre una computadora, pedales y un par de controladores. Están improvisando un set. Este es su último ensayo previo al debut del proyecto musical que van a presentar en unos días.

Tocan por  lapsos de 30 minutos con intermedios para descansar y vaciar cervezas. Mientras sus extremidades invocan sonidos, en el monitor de una computadora  se reproduce sin audio la película experimental Koyaanisqatsi. “Las escenas quedan bien con la música”, dice Chema64, a cargo de las consolas portátiles comercializadas por Nintendo. Joshquery, su colega tras los controladores, casi no habla pero en lo poco que dice revela el nombre del ensamble: PRONASOL.

Este proyecto se inserta dentro del chiptune, un movimiento musical y visual que utiliza chips de sonido de consolas análogas – Sega Mega Drive, NES o Game Boy, entre otras – para crear música.

Tanto Chema64 como Joshquery tienen proyectos individuales dentro de esta corriente, pero lo que motivo a que ambos se hicieran amigos y luego un grupo en conjunto que gusta de quedarse un domingo en casa creando música, fue el Colectivo Chipotle.

UNA LENGUA PROVOCÓ TODO

Hace 6 años, Estuardo Rendón estaba preparando una revista. Tenía en mente dedicar el primer número a los videojuegos, por eso empezó a buscar gente relacionada con ellos hasta que dio con Analog, un músico chileno que hace covers de música de videojuegos y chiptune.

“¿Chiptune?”, pensó Estuardo. Entonces se puso a investigar sobre ese “espíritu de reciclar el pasado tecnológico”. Y le gustó.

Tiempo después estaba caminando por los pasillos de la TNT, convención dedicada al anime y manga, buscando a Gecko, “uno de los músicos chiptune más antiguos que siempre ha trabajado en ese circuito de convenciones”.  Este a su vez le recomendó contactar a Chema Padilla por su disquera 56KBPS Records.

“En ese entonces era pura actividad online donde publiqué música exclusiva de latinos porque estábamos poco representados en Internet”, dice Padilla sobre este sello especializado en chiptune y live-coding que fundó en 2009.

Él conoció el chiptune en 2007 y le gustó tanto al grado de empezar a crear sus propias composiciones. “En esos años era totalmente internacional la onda, en México no conocía a nadie. En los primeros años nos encontramos por Internet uno o dos y empezamos a hacer cosas juntos. Éramos uno en el norte, uno en el centro y uno hasta Yucatán; estaba difícil que nos pudiéramos contactar en persona y también todos éramos muy amateur”, recuerda el también conocido como Chema64.

Pero entonces, en 2012, Chema y Estuardo se conocieron y, junto a la pareja de este último –dedicada a la gestión cultural –, crearon el primer festival de música chiptune en el país: 1 Lengua, 8 Bits.

La primera edición de este festival se desarrolló del 23 al 31 de marzo de ese año en sedes como el Laboratorio de Arte Alameda y Pasagüero. Se reunieron talentos internacionales como Meneo (Guatemala-España), Analog (Chile), Ninho Noir (Bolivia) y creadores locales como Crab (Chiapas), Gecko y Chema64, entre otros.

“Había personas que pensaban que era música de videojuegos; muchos iban con la idea de tributos a Zelda, Mario Bros, ese ámbito más gamer. Otros iban con la parte nostálgica; treintañeros de ´No mames, yo jugaba con el Game Boy, el NES´. Al final lo valioso fue que la gente se fue dando cuenta que lo importante era la música, ya no lo veían con el estigma de algo gamer o nostálgico”, explica Estuardo sobre la asimilación del público durante el festival.

Tras el buen recibimiento de esta celebración, Estuardo, Chema y otros creadores nacionales se reunieron y decidieron crear algo más.

En mayo de 2012 nació el Colectivo Chipotle.

EL CHIP MÁS PICANTE

Difundir la música, encontrar oportunidades para tocar en vivo y comunicar el movimiento a través de talleres son los objetivos con los que nació el colectivo que tomó su nombre de un compilado de 56KBPS: Chipotle.

“Es gente que tiene ganas de hacer las cosas”, dice Chema sobre esta comunidad que actualmente equivale a más de una veintena de personas que ya no son solo músicos sino también gente dentro de las artes plásticas, el arte digital y la programación.

Respecto a cómo se van añadiendo integrantes, Estuardo ve que “muchos son gente que al principio iba a los conciertos. Cuándo descubrieron que podían hacer cosas interviniendo sus máquinas, se fueron juntando con nosotros; aprendieron con los compañeros, tomaron cursos y al final se integraron al equipo”.

Además, Rendón ha notado que todos tienen una característica en común: la cultura del Internet. “Gracias a esto (Internet) se ha difundido por todas partes y ha permitido que gente que estaba muy aislada haya hecho chiptune. Crab, por ejemplo, personas que vive en Tuxtla Gutiérrez (Chiapas) y tuvo un inicio así de Hazlo tú mismo”.

“Fue difícil y aún lo es – revela Nestór Ovillita, mejor conocido como Crab, sobre su carrera musical -. Estoy en una ciudad más al sur y por aquí llega un poco más tarde casi todo. Por aquí no hay muchos lugares para exponer así que la mayoría de eventos los tenemos que organizar nosotros en casa de amigos, el bar de algún conocido o en pequeñas convenciones. Creo que la escena si está mas centralizada en la Ciudad de México pero en Chipotle hacemos el esfuerzo de llevar este movimiento a diferentes partes de la república para que más personas lo conozcan, y que personas que lo conocen puedan conocer más sobre lo que hacemos y cómo pueden iniciarse y exponerse”.

Para Chema la gente aún tiene cierto desconocimiento y recelo para difundir su proyecto. Y puede que un motivo sea algo que añade después: “Se estima que la métrica del éxito es cuánto vendes o cuánto dinero haces, y ahí se ve que el chiptune es un género pequeño”.

Pero en otros ámbitos el chiptune mexicano es grande: primero en que la validación de un artista siempre se da por su creatividad (si no tienes música es imposible insertarte en cualquier lado). Luego, en lo práctico que es adquirir – en promedio mil quinientos pesos – y desplazarse con un Game Boy en el bolsillo. También está el factor de que Chipotle no es un colectivo cerrado que prohíbe a sus integrantes en algún momento trabajar por su cuenta o con sellos de otras latitudes. Y por último, al ser una escena en ciernes en el país aún hay cierta originalidad.

Para ejemplificar el último punto basta checar Pitochip Records y La Banda de los Vergazos, proyectos con  sonidos pesados e irreverentes. “En Estados Unidos, que son el top número uno en ventas y en la cantidad de gente que va a festivales chiptune,  están concentrados en hacer música más popular, más en línea con la cultura gringa. Y aquí en México es más punk el asunto, más noise y hasta hay subgéneros que están hechos en México. No es una copia de lo que viene de otros países sino algo original”, reflexiona Padilla.

Entonces, ¿qué le depara el futuro al Colectivo Chipotle y sobre todo al chiptune mexicano? Chema responde: “Yo creo que se va a empezar a exportar al resto del mundo. Hay ciertos músicos que están logrando cosas muy pulidas y a veces la barrera del idioma los detiene, pero su calidad es tanta que es cuestión de tiempo”.

UN GRAN FORMATO

Después de haber constituido Chipotle y realizar eventos pequeños en diversas sedes de la capital, el grupo pensó que tenían que volver a tener un evento de las magnitudes de 1 Lengua, 8 Bits.

Por eso surgió Format DF, un foro anual con el fin de mantener la puerta abierta para el talento  internacional además de mantener el escaparate para los proyectos nacionales. El primer evento fue en 2013 en el Laboratorio de Arte Alameda y desde entonces a la fecha han participado proyectos como Goto80, Radlib, Joshquery, Kupa y Macross 82-99.

Para sus primeras ediciones el festival fue fondeado con aportes de integrantes del colectivo, por eso los organizadores han intentado obtener fondos a través de apoyo gubernamental, iniciativa privada e incluso fondeo electrónico pero “creo que están muy verdes. Es muy complicado sacar eventos independientes en México. Creo que todavía falta vincular más con la gente”, arremete Rendón sobre la principal problemática de Format.

Pero el factor económico no detiene esta iniciativa – solo en 2017 no se realizó por el sismo de septiembre – que tiene en el público a su motor principal. Esto se refleja en que, desde su concepción, el evento cuida que sus actividades no se asimilen como un mercado de consumo de videojuegos sino cómo un canal para expresarse y promover cambios en la comunidad.

Por eso este año planean retomar el festival.

Colectivo Chipotle siempre va a ser el nido dónde puedes ir a aprender, escuchar lo que se está haciendo, pero ya la escena mexicana se debe transformar. Por eso en Format hemos ampliado a intereses de retroinformática o live-coding, siempre respetando la parte de que es música creada con tecnología obsoleta. Format es más la parte artística, de exploración, compromiso social, activar otras cosas, pero Chipotle siempre va a ser la casa para quien quiera hacer chiptune”, concluye Estuardo.

Yair Hernández

Yair Hernández

Hago muchas cosas y gano poco varo.

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