AUTOBIOGRAFÍA DE JOHNNY RAMONE

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Por Mario Castro / @LaloCura__
Imágenes extraídas del libro Commando. 

¿Qué es lo punk? Vaya que se trata de una pregunta difícil. Definirlo como una corriente de pensamiento sería escupirle a la cara; como una moda, darle una mentada de madre (de las feas) ¿Estilo de vida? Quizá, pero no es necesario buscar una definición al respecto: sólo es y puede serlo de distintas formas. Si hablamos musicalmente —lo más conocido del punk— se trata de ritmos rápidos con sólo tres acordes (cuatro cuando más) sin armonía, guitarrazos duros y secos, golpes brutales y así: de dos a tres minutos forman una de estas melodías.

¿Quién se encarga de hacer música punk? Ah, esa cuestión es peculiar y difícil. Se supone (sí, se supone) que lo que se busca es salir de los ritmos convencionales y darle una patada en los güevos al establishment, romper caras bonitas de grupos pop o armonías lindas de hippies “comeflores”: así, visceral y desde los puños. Pero, ¿qué ocurre cuando un grupo punk termina recibiendo discos de oro por sus millones de copias vendidas, transmitiendo videos a través de canales de paga, conociendo al mundo glamuroso de Los Ángeles y Nueva York? Pues algo así ocurrió con los Ramones.

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Commando: Autobiografía de Johnny Ramone (Malpaso Ediciones, 2013) es un libro escrito por el singular y controvertido guitarrista de los Ramones, un volumen que más bien parece revista al estilo de la publicación del insecto en la pared que circulaba por los noventa. En Commando habla un personaje —Johnny Ramone (John Cummings)— que poco tiene del mundo del rock: católico creyente hasta sus últimos días, estudiante de una academia militar, consumidor de pegamentos antes de conocer los escenarios, alcohólico y vándalo retirado durante la carrera del grupo. ¿Virtuoso de la escritura? Para nada, ni de la escritura ni de la música (él mismo lo reconoce).

Dueño del mundo. Sus escritos muestran el pensamiento de un ególatra al que le importaban un carajo los demás cuando no opinaban igual que él. Partidario republicano que apoyaba a Nixon por su fealdad frente a la cara linda de Kennedy, anticomunista a favor de los bombardeos a Vietnam. Sobre su historia con la mítica agrupación punk narra cómo surgió: para él, como un trabajo remunerado similar a la construcción (su último empleo antes de formar la banda). La fama nunca fue su prioridad, pero su retiro sería cuando consiguiera la suma añorada: un millón de dólares, así se fue la música de mi cabeza, declara. Nada de groupies, puro amor del bueno. ¿Borracheras? No, mejor pasar por la cena antes de ir a dormir después de cada concierto. Tres luchas contra la muerte: apendicitis, una madriza propinada por un punk cuando abandonó a su amante y un cáncer de próstata que ya no libró.

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Sí. Commando no habla más de la música que de la vida de una persona apasionada por lo que hacía ¿Eso es el punk? La neta quién sabe, pero Johnny afirma que los Ramones eran los mejores del mundo. Una idea que no compartía durante sus presentaciones en el CGBG de Nueva York (para él toda la música que no fuera la de los Ramones era competencia que no valía la pena escuchar) hasta que Eddie Vedder, Chris Cornell y Rob Zombie (entre otros) le confesaron su admiración y la influencia que habían tenido en sus grupos. El libro se acompaña de numerosas fotos, la discografía de los neoyorkinos comentada por el autor, una dedicatoria de Linda Marie Presley (su entrañable amiga), palabras de John Cafiero (editor de la publicación original) y de su esposa Linda Ramone.

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