El poema es mera información. Es la Constitución de la patria interna. Si lo declamas y lo hinchas con nobles intenciones, no eres mejor que esos políticos que tanto desprecias. “Cómo decir poesía”, Leonard Cohen.

Por Mixar López / @nomenclatura

Hace más de cinco años, Leonard Cohen publicó el articulo “Cómo decir poesía”. En éste expresa su pragmática acerca de este idioma o género literario. Expresiones muy a la rutina sintomatológica, bajo la lingüística y la filología en sí. Cohen escribe sobre la palabra, inspirado en la semiótica de René Magritte, a partir de “La traición de las imágenes”, un cuadro que trata la oposición entre una imagen y una leyenda. En este caso, entre la palabra y su significado. El texto asociado al concepto, el cual niega la realidad aniquilándola con una afirmación contraria.

La poesía se trata solo de reflejo. El poeta recibe la realidad, la ordena y la redacta tanto como su limitación sensorial e intelectual le permite. Y los lectores asocian ese entramado de versos, estrofas y figuras retóricas al concepto concreto que el poeta quiere representar. Pero no se trata de la realidad: la pipa o la mariposa no se pueden tocar, saborear o asesinar. Es a este el punto a donde Cohen —precedido por Magritte— quiere llegar: las imágenes, como los conceptos, están incompletos, sin embargo a veces nos engañan, nos traicionan, nos embelesan. Y eso es poesía.

“La palabra ‘mariposa’ no es más que un dato. No te da pie a revolotear, elevarte, proteger las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o interpretar de alguna forma a una mariposa. No representes las palabras”. “Cómo decir poesía” habla sin pudores sobre el lenguaje universal: el amor. Algo prohibido, de lo que no se debe escribir, un tema vetado para los escritores incipientes, un tabú, un lugar común, un cliché. No obstante, puedes hablar y escribir sobre ello; pero solamente si debes hacerlo: “Si tu hambre de aplausos te han llevado a hablar del amor, debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices”.

leonard cohenENTRADA

Leonard Cohen.

“Cómo decir poesía” es un artículo que Cohen escribió después de ganar el premio Príncipe de Asturias en Literatura. Un enunciado con el que da una patada en la entrepierna de los poetas mentecatos, los poetas del amor inverosímil, los que escriben sin haber linchado a la hembra, sin haberla enamorado, sin sentir el afecto; los metevergas, con la cabeza vacía y las manos llenas de tinta; faltos de sangre, faltos de escrúpulos, los que no saben nada acerca de los atardeceres, de la nieve, o el grito de un crío al nacer, el misterio detrás de los cientos de pecas en las mejillas de una chica, la mirada de un cervatillo antes de ser asesinado, el frío metal de un cuchillo al ser ingresado en tu organismo, esa sensación extraña en tus tejidos y el ruido al reventar la carne. Los poetas que no han vivido, que no han amado, los que están muertos detrás de un escritorio. Los artistas que llenan los estadios con un ligero movimiento de cadera, los que rezan oraciones que no conocen frente a una multitud devastada por un huracán o una guerra insolente, vergonzosa, y que cenan caviar después en sus cuartos de hotel, al lado de sendas bandejas plateadas con drogas de todo tipo.

“Cómo decir poesía” es una invitación a “decir las palabras con la precisión exacta”, una conferencia de bucólica que enseña a su febril y discerniente alumnado que “el poema es mera información”; pero nunca será un discurso proselitista para propagar odio e idiosincrasia. La poesía no es cartel, la poesía tampoco es arte, sino ciencia, y la ciencia, como decía Verne, también está hecha de errores. Pero de errores útiles de cometer, pues, poco a poco, conducen a la verdad.

Para usar las palabras “Leonard Cohen” no hace falta impostar la voz, ni dotarla de finas canas plateadas, ni entonar un aleluya, o fincar un monasterio zen, ni estar enamorado de Leonard Cohen. Las palabras “Leonard Cohen” no son palabras de verdad. Está el hombre y está la poesía.

Editor Yaconic

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