Ser curiosa sexual no te quita lo intelectual, aunque la sociedad diga lo contrario. Aprendí esto cuando conocí a fondo la historia de Salvador Novo. Bueno, supongo que fue al mismo tiempo que lo descubrí sexosamente y conocí a la escena “moderna”.

Ellxs, a quienes en este texto llamaré “modernxs” ya rigen mucha parte de la cultura alternativa en la Ciudad de México. Arman las fiestas más atascadas y diversas, ponen carpas con perreos en festivales musicales hypeados y también se pavonean en galerías de arte contempo -donde hacen inauguraciones con fuentes de MDMA-, escriben en medios internacionales y leen poesía en los espacios más under.

Me cae de madres que así serían “Los Contemporáneos” si fueran millennials. Si les hubiera tocado vivir en el reinado de OCESA y las grandes Instituciones. ¡Bah! Se hace lo que se puede, pues.

Con ellxs, “lxs modernxs” aprendí mucho de género y sexualidad. Tuve mis primeras experiencias alejadas a lo “heteronormado”. Empecé a ir a fiestas donde la gente se quitaba la ropa y a afters que terminaban a las 5 de la tarde; obvio incluían drogas y fluidos vaginales.

Noté que cuando eres libre y sin prejuicios no importa el físico para disfrutar. Alguna vez o varias desperté con más de unx. Descubrí el placer sexual en tríos y orgías. “Me pasé al bando” de los “raritos” o “maricones” como les decían José Clemente Orozco y Diego Rivera a “Los Contemporáneos” por el hecho de expresar su sexualidad abiertamente.

“…en México hay ya un grupo incipiente de seudo plásticos y escribidores burguesillos que, diciéndose poetas, no son en realidad sino puros maricones.” Eso escribió el “cara de sapo” en un ensayo titulado “Arte puro, puros maricones” y es que, alejarse de lo establecido no era fácil en los 30 con tremendos marxistas pero tampoco ahora en el siglo XXI con tremenda doble moral.

“Lxs modernxs” siguen siendo lo más subversivo que he conocido. Su ropa, su cultura, sus textos y performances, la manera en la que corrompieron cada una de mis ideas…

Salón Covandonga. 2016. Me invitaron a un evento cultural. “Hay barra libre de absenta”. Cuando entré al salón todo estaba tal cual yo lo esperaba pero no tal cual mi mamá lo hubiera querido. Hubo una plática y presentación del proyecto que se basaba en recuperar archivos de Juan José Gurrola.

Había gente disfrazada con trajes típicos y ancianos bailando. Ahí se encontraban familiares del artista que, se notaba, tenían la misma moralidad que el señor. Un trago, otro trago y de pronto unas líneas de cocaína en el baño me llamaron.

Juan José Gurrola nació en 1935 y creció con toda esta cultura disruptiva que crearon Novo, Villaurrutia, Pellicer y compañía. Él era alcohólico y mucha parte de su vida la dedicó a bloquear los prejuicios que tiene la sociedad ante placeres ajenos.

“Lo que es increíble es el acendramiento y el interés que llama esta especie de perversión o santidad, en esa medida está muy enferma la sociedad, igual con los homosexuales, con el aborto o con las drogas. Yo, si fuera más inteligente, me sentaría frente al mar a oír música cubana y a estar bebiendo”.

La cirrosis acabó con la vida de Gurrola en 2007; él tampoco logró vivir la libertad que ansiaba en sus obras y que proclamaba tanto como “Los Contemporáneos”. Sus familiares, en aquella fiesta con “lxs modernxs”, sí.

De regreso a la fiesta en 2016; entré al baño para refrescar un poco mi nariz con polvo blanco y ahí estaba la viuda de Juan José; dándole vuelo a la hilacha también. Ella y su acompañante, ambas con alrededor de 70 años, sniffeaban cocaína, como yo.

Afuera todos bailaban. Todxs con todxs. El evento había sido organizado por uno de “los modernxs” y llevaba todxs los sellos de transgresión posibles. Los intelectuales sabían divertirse, sin prejuicios, bailaban reggaetón, se tocaban y bebían absenta. Lo mismo que yo, pero 50 años mayores.

Esa noche, después de que mágicamente aparecieron los poppers, terminé en el departamento de una pareja de chicas con otra pareja de mujer y hombre. Estábamos pedos así que, claro, cogimos.

Y si esto les sigue molestando o les parece lleno de veneno y ligero de escrúpulos; les contesto como Novo lo hizo a Diego Rivera en algún soneto:

Y Diego, el comunista distinguido,
que maneja el pincel ultramoderno
y que es tan buen pintor como marido,
por el largo desfile hacia el infierno,
en homenaje al desaparecido,
aporta una corona en cada cuerno.
Pues la revolución todo lo premia
con aproximaciones y reintegros,
y la cena fatídica de negros
está por terminar, y el tiempo apremia.

Así que, lectores juiciosos, distinguidos y letrados. Sean candiles en sus casas nada más porque a mí me juzgan pero quién sabe qué estará pasando allá. Han pasado más de 100 años y las cosas siguen igual, la sociedad controlando cómo debemos actuar pero la liberación sexual está por llegar. No se quieran quedar con los mismos cuernos de Rivera, es verdad que el tiempo apremia.

Hablemos de libros, de cine, de sexualidad. Dejen atrás el script de La Rosa de Guadalupe que les enseña a que tener placeres está mal y que la homosexualidad no es natural. La exploración sexual es normal; parte de nuestra naturaleza y nada, les juro, nada tiene que ver con la intelectualidad.

Muchos expertos en arte y literatura — como Carballo, Monsivaís o hasta André Bretón — consideran el movimiento de “Los Contemporaneos” como un referente en la literatura mexicana; así como lo es Kanye West al hip hop o Channel en la moda. So… incomódate o sigue dándote tus golpes de pecho, la realidad es que los libres siempre pasamos a la historia.

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Vania Castaños

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