LODO, RAYOS, LLUVIA Y SERES EXTRAVAGANTES

Pese a la intensa lluvia, a la tormenta eléctrica, al abundante lodo, algo de la fuerza del Corona Capital se mantuvo. En esta edición, el festival convocó a más de 85 mil almas. Algunas de éstas aguantaron las condiciones extremas; otras desertaron furibundas. Seres extravagantes unidos por la música y el desmadre llenaron sus pies de lodo y sus sentidos de buena música, a pesar de todo. Eso es lo que vimos. Aquí una crónica a cuatro manos de la húmeda y fangosa jornada.

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Por Arturo Torres y Marianela Muñoz
Fotos de Pablo Navarrete y Arturo Torres

DÍA 1

Desde el mediodía del sábado la avenida Viaducto se convirtió en una pasarela donde desfilaron hombres barbones y cuidadosamente despeinados que mostraban sus tatuajes con orgullo, y morras en diminutos shorts que sustituyeron sus brasieres por blusas ligeras, coronas de flores, accesorios dorados, llamativos; deseosas de alcoholizarse y/o bailar.

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Las hostilidades llegaron a las 15:30 horas, cuando Cults subió al escenario Corona Light. El respetable resistió los embates del sol, que trataba de opacar el brillo de las vocales de Madeline Follin, quien se desplazaba con delicadeza y ternura, interpretando rolas como “Go Outside” y “High Road”. Más tarde haría lo propio Black Kids, que trasladó a más de uno a esos tiempos de secundaria o preparatoria, con su baile descontrolado en piezas como “Look at Me” y “Hurricane Jane”. Pero una bomba se preparaba en el escenario principal: Best Coast, que unió a las parejas y logró flechar a uno que otro despistado que sin buscar nada lo encontró todo con ese rock alegre y cursi de la banda. Esto gracias a canciones como “Crazy For You” y “Boyfriend”.

La vibra en el escenario Doritos no se quedó atrás y se echaron las carnes al asador con Holy Ghost!, para más tarde dar paso a uno de los actos más esperados del día: Weezer. La banda formada en 1992, en California, conectó con los asistentes, quienes desde las últimos minutos de Holy Ghost! ya comenzaban a sentir la tormenta que se avecinaba. De un momento a otro todo comenzó a ser oscuridad, y las gotas de lluvia pusieron a prueba la resistencia de los fieles; los más preparados aguantaron con improvisados impermeables, otros entraron en calor con canciones como “Hash Pipe”, “Say It Ain´t  So”, “Island In The Sun” y la sorpresa de la noche: “Quién cómo tú”, de Ana Gabriel, en la que el vocalista Rivers Cuomo soltó un español fluido, que generó una conexión especial con el público. Seguramente una experiencia inolvidable para ambas partes.

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La lluvia mantenía su caída libre mientras Massive Atack se alistaba para saltar al escenario. Y fue precisamente eso, el violento clima, el principal adversario. A pesar de ello la legendaria banda de Bristol se negó a morir sin antes intentarlo, pero al final Tláloc se anotó su primera victoria. La música paró, la ruleta dejó de girar, las luces se apagaron y el Corona se convirtió en un pantano. La gente que no encontró refugio intentó hacer frente con bolsas de basura e impermeables de baja calidad; otros arrancaron algunas lonas de las rejas que servían como señalizaciones.

El tiempo corría y el escenario Corona Light se atiborro para la presentación de MGMT, banda que canceló su presentación en nuestro país a inicios de este año y que, al parecer, haría lo mismo este día. Los truenos se escuchaban cada vez más cerca. La incertidumbre duró una hora y media, hasta que se anunció que Jack White se presentaría a las 23:30 horas y que MGMT lo haría después para cerrar el primer día del festival. Al saber esto, las miradas fueron atraídas por el escenario vecino, que ya se iluminaba de azul para que White saliera a escena.

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La lluvia cedió pero dejó estragos. La ropa mojada se pegaba a la piel; cada paso era una tortura y los pies se convirtieron en ladrillos. Algunos abortaron misión y salieron huyendo; otros, caminaban entre el lodo exigiéndose el máximo. Los alcoholizados, despojados de todo equilibrio, caían al fango pero se levantaban como verdaderos guerreros. Y todo para encontrarse con Jack White, uno de los músicos más cabrones de los recientes años, con un show basado en la improvisación al estilo de la vieja escuela: cuando en la música no existía nada programado; cuando la tecnología estaba lejana.

Toda sensación relacionada a la triste noticia de que los actos principales serían cancelados desapareció cuando White, enfundado en una guayabera azul, tocó los primeros acordes de “Dead Leaves and The Dirty Ground”, que se ligaron a “Lazzareto” y a la instrumental “High Ball Stepper”. White se lució con solos de guitarra que perforaron cabezas, desencadenando una bestial reacción de locura total: cuerpos emanando calor, evaporando la humedad a su alrededor. Más tarde vendrían piezas más tranquilas como “Hotel Yorba” y “Love Interruption” —que dejaron claro lo versátil que puede ser la voz de Jack— y “Missing Pieces”. Los acordes de “Sixteen Saltines”, reventaron a la curva 4 del Autódromo, y en “Three Women” el músico dejó su guitarra para pasar al teclado y dar una clase de improvisación que exhibió la complicidad que ha tejido con sus músicos.

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En el clímax, Jack llevó de la mano a su público al lejano 2006, al interpretar “Steady As She Goes”, canción original de su proyecto alterno The Raconteurs, formado cuando su creatividad rebasó a The White Stripes. Entre las piezas, la gente ya comenzaba a corear “Seven Nation Army”, tema final del set, y una de las piezas más representativas de los Stripes… y de la historia moderna del rock. White disfrutó al máximo el momento y brincó por todas partes, explotando su guitarra a tope y sacándole todo el jugo para saciar la sed de un público entregado, que soportó las adversidades y la incertidumbre para con el maestro guitarrista.

DÍA 2

Los estragos del día anterior se hicieron notar en la segunda jornada. Sam Smith se preparaba para apoderarse del escenario Doritos y tristemente sufrió las consecuencias del inevitable clima, que provocaron que su show se retrasara. El chico de apenas de 22 años cautivó oídos y corazones de muchas señoritas. “Stay With Me”, “Money On My Mind”, “Latch”, y el cover Do I Wanna Know? de los queridos Arctic Monkeys, fueron algunas rolas que formaron parte de su presentación.

Luego la lluvia cesó y el cielo comenzó a despejarse. Buen augurio de que Tláloc dejaría a un lado su enojo y nos permitiría disfrutar un poquito más el festival. El escenario Corona recibía a uno de los artistas más esperados de la tarde: Chvrches, trío originario de Glasgow comandado por la guapa Lauren Mayberry. En cuanto subió, la escocesa robó miradas convirtiendo los ojos de muchos en corazones y proyectando otras cosas en la mente de algunos chicos. Su fina voz se explayó en canciones como “The Mother We Share”, “Gun”, “Under The Tide” y “Night Sky”.  Nada mal para su primera vez en el país del nopal.

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Mientras la última rola de Chvrches era coreada, el escenario vecino ultimaba detalles para presentar a una de las mujeres más cabronas de la escena: St. Vincent, que salió de manera sorpresiva. Su vestido negro con estampados de bocas y ojos amorfos dejaba ver perfectamente su silueta. Su cabello color lila contrastaba con sus labios cereza mate y su tono de piel. La mujer hizo de las suyas, dejando claro porque el “rock de chavas” está moviendo masas.

Algo que para entonces pegaba duro era el chingado frío, que obligó a los presentes a protegerse. Mientras muchos se ponían sus chamarras, otros tantos se dirigían al escenario Corona entre lodo y demás madres que había en el suelo. Difícil, pero no imposible. Belle & Sebastian estaba a punto de salir. “Es genial estar nuevamente en México, nosotros somos Belle & Sebastian y somos de Escocia; perdón, creo que trajimos la lluvia pero vamos a pasarla genial”, dijo Stuart Murdoch, vocalista de la banda, quien portaba una peculiar camisa a cuadros. La banda conectó y subió a morritos que a lo mucho tenían los 18 años, para improvisar una coreografía con Murdoch.

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Eran apenas las 20:10. Había lodo, pies hundidos entre los profundos charcos, atuendos sucios, personas húmedas, pero sobre todo mucha música por delante. El Corona Light estaba iluminado en tonos morados. Una estrella roja en el fondo contrastaba perfecto con la noche. Era hora de ver a Damon Albarn. La mente maestra detrás de Blur y Gorillaz hizo acto de presencia y arrancó con “Spitting Out The Demons”. Nada más chingón que escuchar está joya de Gorillaz en vivo y a todo color. La noche siguió su curso entre canciones como “Lonely Press Play”, “Everyday Robots” y “Tomorrow Comes Today”. El frontman de Blur cumplió su cometido, dejando en un estado espacial a todos los reunidos. Damon agradeció el detalle que le dieron: una piñata de cuerpo diminuto y cara enorme, y concluyó con “Heavy Seas of Love”.

Una decisión difícil se presentó con los horarios empatados de las hermanas Haim y el señor Beck. La muchedumbre se abalanzaba entre el lodazal. El Corona Light sería testigo de la sensualidad que Danielle, Este, y Alana Haim. Una imagen con las tres respectivas sillas que son clave en el arte del disco Days Are Gone de las señoritas formaba parte del escenario. Sólo que, en esta ocasión, no se encontraban sentadas tomando el sol, ni con sus gafas y chamarras de cuero que las caracterizan. Abrieron con “Falling”, para seguir con “If I Could Change Your Mind”, “Forever”, “The Wire”, “Don’t Save Me” y “My Song 5”.

Luego de este show la marabunta se encontraba en otro dilema. Nuevamente los horarios hicieron de las suyas poniendo en juego a The Kooks y Metronomy. The Kooks subieron puntuales. “Around Town” fue la primera rola que se chingaron, para después remitirnos con “See The World” a su álbum debut Inside In Inside Out. Ejecutaron un buen playlist, haciendo una mescolanza bien chida de sus cuatro discos.

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Mientras se despejaba ese escenario y todo mundo trataba de salir lo más pronto posible del pinche pantano, los vecinos estaban a punto de presenciar a uno de los headliners de todo el festival: Los Kings Of Leon, quienes tomarían sus instrumentos y se enfocarían en destruir de manera encantadora los oídos de las pobres almas ya cansadas. Y así fue, salieron al escenario y lo desmadraron todo. Mucha gente, mucho lodo y mucho rock. Canciones como “Use Somebody”, “Sex On Fire”, “Mollys Chamber” y otras rolas de Mechanical Bull, su nuevo disco, se pueideron escuchar. Mientras que unos se encontraban hundiendo sus pies al ritmo de los originarios de Nashville, otros de plano se sentaban para darse un break, y algunos más se formaban en las largas colas de la zona de comida. Otras almas hacían la lucha para llegar al escenario Bizco Club porque el último show del festival estaba a punto de empezar.

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La noche fría y lluviosa, y la flamante luna fueron la perfecta compañía para ver a Lykke Li. Vestida de negro y con la pinche elegancia que la caracteriza, Li Lykke Timotej Zachrisson se subió al escenario interpretando sus rolas cual diosa.  ¡Pinche mujerón! Se encargó de darle en la madre y desgarrar los corazones de muchos. “I Never Learn”, “No Rested For The Wicked”, “Just Like A Dream”  y por supuesto su rolota “I Follow Rivers” formaron parte del set, el cual estuvo lleno de mucho desamor, pero a la vez de sonrisas infinitas para sus seguidores.

El Corona Capital estaba a punto de cerrar sus puertas. Lodo, caídas, lluvia, y unos shows poca madre fue lo que se llevaron los asistentes a esta edición. Muchos contratiempos, mucha banda chida y ganas de regresar y echar amor con el rock.

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