ENTREVISTA CON JORGE ANTONIO LÓPEZ

Por Mario Castro / @LaloCura__

Fotos: Yaconic

Es viernes en una plaza tradicional del monstruo otrora defeño: Coyoacán, sitio de concurrencia familiar. Y justo así transcurre la charla que sostengo con Jorge Antonio López, escultor mexicano con base en Xochimilco. Antonio viene acompañado por Galia, su pequeña hija, que baila al ritmo de son para después sorprenderse con un globo de la Peppa Pig y una pelota con la imagen de Minnie, la pareja del Mickey Mouse.

Antonio López es el responsable de las esculturas que se exponen en las fuentes del Antiguo Palacio del Arzobispado bajo el título de “Cosas de animales”. Figuras de niños que asisten a la que podríamos catalogar como la mayor pijamada sin sentido: el mundo. En el patio central de aquel espacio del Centro Histórico de la ciudad conviven un león, un tigre y un bañista —este último con todo y salvavidas—, dentro de lo que el buen Antonio revela como una cárcel hecha con chorros de agua.

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A unos metros, otra fuente, al aire libre, tiene sobre sí a un conejo que observa con angustia su reflejo, mientras un niño cazador le apunta a matar con el dedo índice; otro león, hermético, se encuentra tras el abusador, a quien parece gritar. La escena es ignorada olímpicamente por un oso que silba mientras contempla el resto del mundo.

Cada una de estas esculturas encarna, dice López, los pecados modernos: el león refleja una irá bucólica, inactiva; el abuso amenaza con su mano a un depresivo y desprotegido border; un tigre pesimista se encara frente al único “humano” dudoso, pues se encuentra encerrado con sus demonios. Estos últimos configuran una dialéctica en la que ninguno saldrá triunfador… ni falta que hace: el bañista cae en cuenta que en el mundo poco hay de divertido.

Antonio insiste sobre el oso. En lo personal, esos pijamas siempre han llamado mi atención, pero esta vez su mensaje plástico rebasa mis expectativas. “Es el peor de todos, al dar la vuelta evita lo más evidente; parece que dijera ‘yo estoy en la contemplación del universo’, ’viva la paz’; pero lo que hace realmente es no hacer. Es indiferente y eso es lo más representativo de nuestro tiempo”.

TODOS ESOS PECADOS

La visión occidental, o judeocristiana, ha vendido la idea de que los pecados son cosas de mayores, de seres conscientes de sus actos, por lo que generalmente se excluye de estos males a los niños.

Jorge Antonio explica que su actual profesión como maestro de estimulación temprana-artística le ha llevado a convivir con pequeños de entre tres y seis años: “Veo en ellos a los adultos en que se van a convertir. Si ves, las esculturas no son realmente niños: son niños adultizados o adultos aniñados.” La idea de colocarles atuendos nocturnos, pijamas, surgió a partir de una que le regalaron a su hija. “Ahí nació la idea: cómo nos disfrazamos como adultos o como niños de diferentes personajes.”

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Las piezas de “Cosas de animales” no son directamente una crítica a las acciones humanas, pues surgieron como un ejercicio auto exploratorio durante una etapa de ruptura, un momento de cambio y sanación personal de Antonio. “Empecé a rascar en mi interior y eso me llevó hasta mi infancia. Encontré que todos esos personajes, todos esos pecados son yo.”

“De repente los niños son esos adultos con las mismas locuras.” Estos malestares surgen desde la educación temprana. “Antes no entendía esa frase de ‘Los pecados de los padres recaerán sobre los hijos’. Decía: ‘eso es injusto’, pero es lo que ven y se les queda cada vez más clavado. Es con lo que se forman, no pueden evitarlo, tendrían que ser ciegos o sordos para que no ocurriera.”

Hacer consciencia, continúa Antonio, es el primer paso para realizar un cambio. “Muchas de las cosas que parecen buenas, como lo que realiza el oso cuando no se mete con nadie, no lo son. En México la indiferencia es muchísima: somos indiferentes hacia el otro, al dolor, a la basura, al medioambiente. Mientras no haya un cambio en nuestra conciencia todo seguirá igual.”

No obstante, el problema no es exclusivo de México: “Por donde mires encuentras abuso e indiferencia.” Estos malestares surgen desde la base, desde la niñez. Para los niños, dice Antonio, es natural, no se ve como algo negativo: simplemente está y cada día es más normal.

TODO COMIENZA CON LOS ANIMALES

Con la escultura, con sus obras, Antonio López busca abrir una ventana, generar un pensamiento que no sea “bonito”, sino un ejercicio de reflexión. Cuando crea estas piezas de poco tamaño se siente como una especie de dios o alguien que redirige el pensamiento de los demás. Con su trabajo como maestro también busca mostrar cosas diferentes: que no siempre todo es maravilloso o perfecto. “Les enseño a Picasso, a Tamayo, cómo pueden jugar con las formas.”

Galia, la hija de Jorge, tiene lo que quería: un globo con forma de pato suspendido sobre unas ruedas. “Mira”, me dice, “todo comienza con animales.” Es casi mediodía, comienzan a caer un par de gotas sobre el Jardín Hidalgo.

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Editor Yaconic

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