Por Daniel Herrera

¿Qué es Bojack Horseman -la serie animada de Netflix-?, sino una caricaturización de los tiempos que corren. Monos feos y levemente mal dibujados; guiones de alta complejidad narrativa; actrices y actores famosos en las voces; una constante sensación de que algo siempre anda mal con los personajes y un humor que no todo mundo comprende, sobre todo aquellos que ven la tele para sentirse bien.

Bojack Horseman no es para relajarse y olvidarse del mundo durante algunas horas. Esta serie animada es, en realidad, para hundirse con densidad en la miseria del mundo representada en otros.
En esta última temporada, Bojack Horseman parece diluirse como personaje principal desde el primer capítulo, donde no aparece. No nos confundamos, la serie sigue siendo sobre el mejor caballo actor que ha existido en la historia del cine y la televisión. El asunto es que esta tercera temporada se enfoca más en la vida de los personajes secundarios antes que en la de él.


También aparece un personaje femenino nuevo, Hollyhock Manheim-Mannheim-Guerrero-Robinson-Zilberschlag-Hsung-Fonzarelli-McQuack, la hija de Bojack Horseman -que no es su hija-, quien llega a remover hasta la más endeble existencia de nuestro protagonista.
Podríamos decir que la primera temporada funcionó como una introducción a la vida de Bojack Horseman y el resto de los personajes. La segunda temporada parece ser el auto descubrimiento de la miseria en la que vive el caballo. La tercera nos ofrece el momento en que toca fondo, después de un patético intento por revivir su carrera profesional.

Pero es en la cuarta temporada cuando Bojack Horseman va a entender de dónde viene la constante necesidad de autosabotearse, de romper todas las relaciones que tiene y de lastimar tanto a los demás como a sí mismo. Y en este nuevo bregar en el pantano de la mezquindad, su madre será la figura principal. Tanto que por varios capítulos pareciera que la serie ya no se llama Bojack Horseman, sino Beatrice Horseman.

No sólo la madre es fundamental para entender la nueva temporada, sino también el paralelismo entre Diane Nguyen y el caballo. En donde la miseria de uno refleja la confusión absoluta del otro.
Son Bojack Horseman y Diane los únicos que entienden la inevitabilidad de la muerte y la ligereza de la vida. Saben que nada de esto que se haga aquí importa, pero ambos desean encontrar algo que les ayude a aferrarse a esta existencia, cualquier cosa que valga lo suficiente como para seguir adelante.

La diferencia es la manera en que enfrentan este nihilismo. Bojack Horseman toma el camino de la autodestrucción, mientras que Diane de verdad hace un esfuerzo por sobre llevar la via. Los fracasos la convierten en un ser centrado en sí mismo y al borde de la depresión. Son dos caras de la misma moneda. Al final ambos arrastran a quienes están a su alrededor al mismo agujero.

A principios de este año, publiqué un texto sobre la serie y ahí afirmé lo siguiente:

BoJack Horseman no es una comedia, pero tampoco un drama. Tiene exactas cantidades de desdicha combinadas con humor, muchas referencias al arte, brincos temporales y arcos narrativos bien establecidos en cada uno de sus personajes. No hay risas grabadas, el espectador no sabe si ríe porque acaba de suceder un gag o porque está incómodo. El final de cada capítulo obliga a ver el siguiente. Es, en otras palabras, la mejor serie animada en la que aparece un caballo como protagonista.”

Casi nada ha cambiado. Sigue siendo la mejor serie animada que existe desde las primeras temporadas de Los Simpson, la única transformación sutil es que el humor es todavía más fino, aunque tiene sus momentos bobos, por supuesto, estamos ante una caricatura; pero el desastre se ha vuelto sordo, muy lejos del melodrama al que estamos acostumbrados los mexicanos. Los personajes de Bojack Horseman sufren casi en silencio y sin demasiados aspavientos. Sólo el protagonista tiene el derecho a alterarse de vez en cuando. Ni siquiera Diane explota como debería hacerlo ante la avalancha de estupideces que hace su marido perro, Mr. Peanutbutter.

Hay más, el mejor capítulo de la temporada ni siquiera involucra aBojack Horseman, pero es necesario ver toda la serie para entenderlo. En Time’s Arrow, el décimo primer capítulo de la temporada, vemos la forma en que la madre del protagonista adquirió el carácter que la convirtió en la mujer fría e imperceptiblemente sádica. Es este, sin temor a equivocarme, uno de los grandes momentos de la historia de la televisión. No le pide nada a capítulos de Los Sopranos o Mad Men. Tan grande que se vuelve necesario revisarlo más de una vez.

Han pasado cuatro temporadas para entender que en realidad Bojack Horseman no luchaba sólo contra él mismo y su propia fama, sino que siempre tuvo una pelea inconclusa contra la imagen de su madre. Tal vez Hollyhock, pueda ayudarlo a dejar atrás el resentimiento

Al final de la temporada, sin arruinarles la historia a ninguno, vemos que, por primera vez, el camino no parece tan oscuro como antes y nuestro protagonista sonríe. Si toda la temporada fue un constante abatimiento sobre la vida de Bojack Horseman, el final parece agridulce, en cambio, los demás personajes se encuentran ante un pozo oscuro del cual parece que el protagonista está saliendo. La siguiente temporada nos revelará si ellos darán el paso hacia la oscuridad o cambiarán su camino.

Staff Yaconic

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