Hace poco mientras mi novia andaba de viaje conocí en una fiesta de la facu a una porteña de caderas de fuego, piel color ambulancia y labios con forma de botón. Recuerdo que antes de caer en coma gracias al alcohol patrocinado por el OXXO más cercano, platicamos sobre cine, música y literatura. Al llegar a éste punto tuve que confesarle que lamentablemente sólo leía novela negra y, por ende, mis lecturas eran de otro calibre. No podía recomendarle autores de moda como: Emiliano Monge, Carlos Velázquez o el mentado Julián Herbert.

Lo que podía escupirle era sobre la primera novela policiaca de América Latina y publicada precisamente en su natal Argentina o, de las historias con detectives rosas que poco a poco han ido buscando su lugar dentro de éste género catalogado de machista y misógino, incluso no estaría demás mencionarle acerca de mi reciente afición por algunos escritores orientales que hasta hace unos años comenzaron a ser traducirlos al español, como el buen Edogawa Rampo, seudónimo de Hirai Taro, creador de la literatura moderna policial, detectivesca y criminal, mejor conocido como el “Poe” japonés.

La porteña con cuerpo de ensueño, vestido corto,  piernas largas y un olor a chicle de frambuesa me dijo que haría bien en recomendarle los primeros cuatro autores de novela policiaca contemporáneos que tuviera en mente. No fue fácil decidirme, tampoco concentrarme, las mujeres como ella siempre me han puesto a sudar sin importar el lugar. Respiré profundo mientras me resistía a mirar entre su escote para soltar el primer gancho al hígado.

Le conté de un afroamericano de nombre Walter Mosley, quien me había impresionado por su manera en la que construye sus novelas policiacas, además de que el protagonista, un negro metido a detective privado de nombre Easy Rawlins, supera por mucho a esos sabuesos clásicos que no se atreven a mirar mucho menos a tocar a esas mujeres con curvas de escándalo cuyas prendas dejan poco o nada a la imaginación. Ambientada en 1948, posterior a la Ley Seca, en un Harlem donde todo puede suceder, como por ejemplo: el buscar a una mujer blanca que frecuenta lugares para negros y termina metida en serios problemas.

En esa búsqueda, Easy descubrirá que la rubia es tanto hermosa como fatal, pues así funciona ese mundo donde los negocios ilegales van de la mano con las mujeres de escotes pronunciados. El demonio vestido de azul es una joya dentro del policial que se escribe hoy en día, ya sea por la manera en la que presenta a cada uno de los personajes segundos antes de entrar en acción, o por los giros en la trama que no dejan un cabo suelto, o por el humor negro por parte de un negro que escribe negro, un negro al cubo, da igual: es perfecta.

Incluso le mencioné a la porteña que existe una influencia de la obra de Mosley en la serie del superhéroe Luke Cage, aunque en las novelas de Mosley no haya superhéroes, el detective siempre se queda con la mejor chica.

El segundo era el cubano Lorenzo Lunar, quien hoy en día es una de las voces imprescindibles de la narrativa cubana contemporánea, ya que con sus obras logra dibujar esa Habana que no todos conocemos, en donde la realidad está lejos de ser esa utopía socialista y la gente del barrio vive el desencanto del Periodo Especial y sobrevive gracias a las diversas actividades ilegales como el robo y tráfico de alimentos.

Que en vez de infierno encuentres gloria, es la primera de una serie de tres novelas protagonizadas por el joven policía Leo Martín, quien debe buscar al culpable de la muerte de su amigo Cundo, personaje clave en la vida del protagonista y de su pasado antes de ser policía, es así que conocemos el Barrio de Santa Clara y su calles en donde abundan: santeros, proxenetas, prostitutas, traficantes de droga y una gama de personajes marginales que la vuelven totalmente diferente a lo que su correligionario Padura, nos tiene acostumbrados.

Los nombres de los capítulos muestran la fascinación de Lorenzo por algunas obras clásicas del policial que hacen referencia a autores como Hammett, Chandler, Dürrenmatt, Osvaldo Soriano y Agatha Christie, por otro lado, la musicalidad marcada por la estructura en que está escrita la novela hacen que se lea y se disfrute hasta la última página.

También me vino a la mente otra de sus novelas que me llamó la atención por la manera en la que combina y narra de una manera magistral, no sólo novela negra, sino el relato erótico y el drama histórico: ¿Dónde estás, corazón?, obra situada en La Habana de los noventa, en donde conocemos la historia y el romance del oficial Morales quien recibe el encargo de encontrar a un desertor, sin embargo, el muchacho que dejó la unidad es algo más que un traidor al movimiento, ya que ambos, en el pasado, desarrollaron una peculiar pasión inconfesable en ese entorno social.

Podría argumentarle que el oficial Morales, protagonista de ésta obra me recordó a Zarco, aquel detective, cuarentón y gay, poco convencional que aparece en Black, black, black y posteriormente en Un buen detective no se casa jamás.

Ya que hablábamos de cuentos, mencioné el libro Nadie es inocente de Kike Ferrari, un escritor argentino e hincha del Riveros conocido como “el escritor del metro”, ya que por las noches trabaja en el subterráneo mientras planea su siguiente gran golpe, gracias a esa fértil imaginación encontramos un universo diferente en cada uno de los cuentos, en donde las venganzas, las traiciones y las referencias literarias se complementen, de tal forma que el libro funciona con un mecanismo similar al de Milán Calibre 9 de G. Scerbanenco, ya que ambos van destapando, a medida que suceden las historias, lo más oscuro de la sociedad.

Algunos de los cuentos que difícilmente podré olvidar son: El cazador de ratas, La frontera del azar, El asesinado, El puñal de Caravaggio, Un día hermoso y Ese hombre, debido a que el trasfondo, la historia y los personajes los hacen ser los más brutales cuentos. Algo que me llamó la atención fueron los epígrafes de cada uno de las historias que están escritos en el idioma original, algo que obliga al lector a buscar ese referente y así disfrutar esa retroalimentación por completo. Le dije a la porteña labios de botón que es el primer libro de Kike que leo y, espero que no sea el último, ya que la tradición en Argentina es la más larga en Hispanoamérica y Ferrari ha sabido colocar su nombre entre los grandes exponentes.

La porteña me miraba como se mira un bife de lomo en la “parisha”. Para no desperdiciar el momento le solté mi as bajo la manga. Quién otro que Marçal Aquino, a quien conocí hace unos años por una antología de cuentos brasileños que compila Paula Parisot. El cuento me gustó tanto y no sólo porque en ese año estuviera en una depresión pos-romántica, sino porque es un cuento que habla de cómo una mujer te puede llegar a cambiar la vida, ya sea para bien o para mal.

Sus novelas han sido llevadas al cine y la primera que vi hará unos diez años, en plena madrugada, fue El invasor y que recuerdo perfecto por el soundtrack de rap a cargo de Sabotage. La novela me gustó por el tema y la forma en que está contada, pero me agrada más Tu cabeza tiene precio porque tiene recursos narrativos que hacen al lector no descansar hasta llegar al final.

La historia parece sencilla y menos atractiva que la de El invasor, pero la supera en cuanto a personajes y estructura. Además, tiene un final que se agradece. Las novelas de Aquino son un parteaguas en torno a la narrativa del Brasil, ya que sabe escribir buenas historias sobre las mujeres que marcan la vida de los hombres y lo hace de una manera increíble.

Cuando terminé con aquella breve lista de autores policiacos, la porteña me sonreía como si acabara de escuchar una invitación indecorosa para seguir la fiesta en otra parte, luego beso dos de sus finos dedos y los colocó en mis labios para terminar exclamando que yo era todo un freak del policial, de eso no tenía duda, ahora sólo necesitaba saber si me animaría a tomarla entre mis brazos y actuar como esos detectives de moral dudosa que tanto admiraba. Antes de tomarla por la cintura le pregunté por qué me había pedido cuatro y no cinco autores, ella respondió que el quinto aún tenía que pasar la última prueba y ella sería el premio de tan difícil competencia.

Lo último que recuerdo fue que al día siguiente me marcó mi novia para decirme que tuvo un sueño en el que le había sido infiel. Como buen escritor que se respete opté por mentir y decirle que me la pasé leyendo novela policiaca.

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Atzin Nieto

Atzin Nieto

Agente de la D.F. Continental. Amante de la novela negra, los ligueros y escotes pronunciados. Mi única debilidad son las mujeres con tacones.

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