Por Scarlett Lindero Cortés

Decía Jorge Luis Borges en un ensayo: De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; todos los demás son extensiones de su cuerpo… Sólo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria”. Hace seis años que los escritores y editores Pablo Rojas, Gabriela Jáuregui, Gabriela Díaz, Regina Lira, Gabriel Elías y Saúl Hernández fundaron Surplus Ediciones (Sur+), editorial colectiva e independiente que nació en Oaxaca con la necesidad de publicar narrativa, poesía y ensayo de autores cuya obra cuestionara el estado de las cosas del mundo, y de hacer libros atractivos a precios accesibles.

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En 2007, el escritor, pintor y crítico de arte John Berger —ganador en 1972 del Premio Booker Prize por su novela G, y autor del ensayo Modos de ver, entre otras obras— vino a México y conversó con Pablo Rojas, entonces editor de revistas y periódicos. Rojas preguntó a Berger cómo podía conseguir su libro Un séptimo hombre, a lo que el inglés contestó: “publícalo”. Fue así como le cedió los derechos para que —dos años después— el libro inaugurara la producción de la editorial.

La perspectiva editorial de Surplus se amolda a la publicación de autores mexicanos poco conocidos, así como a los de otros países que no han tenido la suficiente difusión en México, y cuya obra consideran relevante, casi urgente. Hoy Surplus tiene al frente a Gabriela Jáuregui, Patricia Salinas y Pablo Rojas, y ha conseguido lo más difícil: seguir siendo la misma editorial, sólo que más grande y atractiva. No se ha perdido la esencia del proyecto original en el camino.

Entrevistamos a Pablo para que nos contara que está pasando con las editoriales independientes en México y con los libros; cómo estamos como sociedad, y cómo proyectos editoriales como Surplus subsisten en la eterna crisis.

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¿En qué radica la propuesta de Surplus?

Somos un proyecto editorial político, claramente. Lo que queremos es que los libros y nuestros autores sean estética y políticamente relevantes; que nos digan algo sobre los problemas contemporáneos. Por eso no nos importa tanto el género. Tenemos por igual poesía, ensayo, periodismo y novela. Que todos los géneros dialoguen entre sí.

No queremos ser una editorial coyuntural; no hemos hecho ningún libro sobre el narcotráfico, pero sí muchos que tienen que ver con el dolor y la resistencia ante la guerra del narco, como Antígona González de Sara Uribe; Morir en México de John Gibler; Dolerse: textos desde un país herido de Cristina Rivera Garza; o Geografía del dolor de Mónica González. Son reflexiones desde otro ángulo; estos libros sobreviven por más tiempo.

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¿Cómo se trabaja con los autores y con los textos? Tomemos como ejemplo el de La Fiebre Blanca del periodista polaco Jacek Hugo-Bader.

La Fiebre Blanca tiene sus particularidades. El libro nos llegó a través de su traductora, Anna Styczyńska. Ya estaba traducido. Cuando lo leímos pensamos que era una maravilla, tanto la escritura como la propuesta periodística. La mirada de Hugo-Bader es asombrosa; eso es lo que queríamos. Nosotros no sabemos cómo elegir los libros; es decir, lo analizamos y pensamos en si es un texto Surplus o no. Éste claramente lo era. ¿Cómo explicarlo? No lo sé. Es el encuentro entre una propuesta estética y una política.

La Ciudad de México tiene una centralización en muchas cosas, entre ellas en la producción cultural. ¿En ese sentido es que deciden tener como base Oaxaca?

Oaxaca era natural porque ahí vivíamos cuatro de los que participamos originalmente en el proyecto. Ahora estamos de vuelta en la Ciudad de México por problemas de distribución. Imprimir allá es un poco más caro. Afortunadamente nos distribuye la editorial Sexto Piso, pero le tenemos mucho cariño a Oaxaca, no queremos salirnos del todo. Ha sido el lugar en donde crecimos como editorial y como editores, aunque es muy difícil salirse de la Ciudad de México en términos estrictos y económicos.

¿La distribución ha sido su mayor reto?

Sin duda alguna. Hemos tenido otros, pero una editorial sin una buena distribución la tiene muy difícil. El problema es estructural en México. En Argentina, por ejemplo, las editoriales independientes pueden distribuirse justamente así, de manera independiente, de mano en mano. Tú puedes llegar a las librerías y aceptan tus libros. El problema en el país es que casi no hay librerías independientes, entonces tienes que llegar a esos grandes almacenes de libros para vender y tener presencia. Es muy difícil que te acepten, así que la distribución es uno de los meollos del asunto en México y no tendría por qué ser así.

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¿Cuál ha sido la relación con otras editoriales independientes?

Admiramos profundamente a muchos de los proyectos que hay en este país y aprendemos de ellos. Hemos establecido alianzas en distintos niveles. Una de las editoriales que más nos ha insistido es Tumbona Ediciones, con quienes tenemos una muy buena y estrecha relación, y la verdad es que siempre está tratando de invitar a otras editoriales para trabajar colectivamente. Hemos trabajado con Alías, Caja de Cerillos y Mantarraya, entre otras.

Con Tumbona vamos a hacer una coedición, viene un libro de Kenneth Goldsmith de escritura no creativa. Estamos muy contentos de poder hacer conexiones entre pares porque es una forma de zafarnos de la necesidad de tener el financiamiento estatal.

Se debate en México sobre el tema de la lectura, de si los mexicanos leen muy poco (2.9 libros al año, según la Encuesta Nacional de Lectura); pero también hay quien afirma que estos conteos son muy relativos y que la lectura es un acto que va más allá. ¿Qué piensas al respecto?

Hay un problema muy grave en México de clasismo cultural: “yo leo” versus “los que no leen”. Como si fuéramos mundos separados; como si unos fueran más cultos que otros. Es cierto que leer no está dentro de la cultura, nadie nos ha enseñado a hacerlo, pero no creo que ése sea el problema mayor del país. El problema es la desigualdad social, la violencia estructural.

Tampoco creemos que cuando uno lee se hace mejor persona. Nosotros tenemos un proyecto editorial porque es lo que sabemos y debemos hacer.

Por otro lado creo que hay mucha gente ávida por leer, pero no hay un acceso real a las bibliotecas, ni difusión. Los libros son muy caros. Hemos estado en ferias y tenemos un proyecto hermano: una librería en Oaxaca que se llama La Jícara, y hemos visto la cantidad de gente que se interesa en los libros y que se asusta a la hora de ver el precio.

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Hemos visto en sus redes sociales que se involucran en dos debates: el tema de las becas (Fonca, etc.), y el de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Cuéntanos sobre la posición de Surplus al respecto.

Nosotros seguimos diciendo que vivos se los llevaron y vivos los queremos. Independientemente de que haya pruebas, de que probablemente no estén vivos, la postura política es que no sólo nos faltan 43, nos faltan 120 mil y muchos más.

Nos vemos como un medio de comunicación. En última instancia una editorial es un medio para hacer pública una idea e iniciar el debate. Como proyecto político sí creemos que necesariamente debemos posicionarnos. Eso no quiere decir que las editoriales que no lo hacen estén mal; no tenemos el afán de juzgar a nuestros colegas. Es lo que pensamos, creemos que es una necesidad.

Con respecto a las becas siempre tuvimos ese debate interno. Considerábamos que es dinero de nuestros impuestos y que era mejor usarlo en hacer libros en lugar de que se lo roben. Y es verdad, es nuestro dinero. Pero a raíz de lo de Ayotzinapa no queremos tener becas de un Estado asesino.

¿Desde el terreno de la producción cultural qué papel se puede tomar para expresar estas denuncias?

Creo que a medida que nos afecte a todos se reflejara en lo que hacemos, necesariamente. No sé si la única vía de expresión sea un libro que se llame Ayotzinapa. No necesariamente, hay otras maneras. Tampoco creo que desde el arte contemporáneo tenga que ser explícito.

No tiene que ser la cultura “al servicio de”, sino un encabronamiento y una rabia genuina de todos los que participamos en algo en este país.

CONOCE EL CATÁLOGO COMPLETO DE SURPLUS EN SU SITIO OFICIAL.

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