Por Abia Castillo / @Abiaaaa
#SMOKELIKECYPRESSHILL

Salir de la Ciudad de México tiene sus obvias ventajas: la más importante es, precisamente, SALIR. “Despejarse del ajetreo cotidiano de la capital” a pesar de las dos horas que tardas en llegar —en mi caso— del sur a Santa Fe, si quieres tomar la carretera a Guadalajara. Luego habría que sumar la otra hora que te haces de ahí a Toluca por eso de las obras, los camiones de construcción y el ridículo tráfico que encontrarás en ésta y en cualquier otra salida del DF. (Como detalle: en el trayecto la bolsita de alegrías con sólo 3 obleas cuesta 20 pesos y hay que ahorrar una buena lana porque la carretera es de verdad carísima.)

Salir del Distrito Federal requiere mucho de no darse por vencido. De cualquier manera, me da la sensación de que no he salido en verdad aún cuando ya estoy en Toluca.

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Foto Sitio oficial de Facebook Cypress Hill

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Compré mi boleto para ver a Cypress Hill en Zapopan semanas antes de que se anunciara la fecha en la Ciudad de México. Obvio hubiera sido más fácil y barato ir al concierto del 5 de junio en el Pepsi Center, pero decidí mantenerme firme en mi decisión. Le pedí permiso a mi jefe y él me dejó faltar dos días a la oficina para irme hasta Jalisco. Es un santo.

Hay dos cosas que de seguro conoces de Cypress Hill: la voz nasal y apretada de B-Real y eso de que ellos son la primera banda latina (como les gusta decir a los gringos) que se convirtió en súper estrella del hip hop. De seguro también sabes que se han hecho famosos promocionando el uso y legalización de la mariguana. La razón es bien simple. Para la banda formada por Sen Dog, B-Real, DJ Muggs y Eric Bobo, la mota es un placer y por eso debe fumarse a todas horas. En alguna entrevista, Sen Dog cuenta que estaban en el estudio grabando “The Phuncky Feel One” (una de las piezas que componen Cypress Hill, su disco debut lanzado en 1991) cuando decidieron que justo esa vibra funky impregnaría el sonido de la banda: Cypress Hill debía dar la sensación de que te acabas de fumar un cigarro de marijuana. Y así ha sido desde entonces.

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En la carretera (como quizá sea ahorita el caso de todas las demás carreteras del país), es muy notable la propaganda de los políticos por eso de las elecciones del 7 de junio. Entre todo, me llaman la atención los anuncios publicitarios de un Alfredo del Mazo que quiere ser diputado del PRI, y me suena a que “del Mazo” es un apellido que relaciono con el poder mexiquense desde tiempos inmemoriales. Quizá porque (ya investigando) el abuelo y el padre de este Alfredo del Mazo fueron gobernadores del Estado de México en décadas anteriores.

Qué fea es la publicidad del PRI. Te hace sentir que vives en los 80.

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Se dice que el Teatro Estudio Cavaret de Zapopan tiene una capacidad para albergar hasta tres mil personas y en este momento el lugar está lleno. MalaFama hace un buen trabajo calentando el escenario. Se disfruta, aunque después de tres o cuatro canciones el público empieza a lucir un poquito ansioso. Es la tragedia de los teloneros, por más buenos que sean.

Cypress Hill pisa el escenario justo a las 10:30 pm. El lugar explota. Qué bien se siente escucharlo en vivo. Empiezan con “Get´em up” (del Rise up) y la gente se vuelve loca. Todos empiezan a saltar, a grabar con sus celulares y a prender los churros y las pipas a pesar de los esfuerzos de los empleados del lugar (“Apaga eso, por favor…a la otra te saco…ya te vi”). La verdad es que B-Real y Sen Dog son —pues sí— demasiado cool y llenan todas las esquinas del escenario aún y cuando un día antes del concierto, el 2 de junio, B-Real cumplió 45 años. Sigue entero en todos los sentidos. Mientras el concierto avanza es evidente que lo mejor de escucharlos en vivo es justo eso de la vibra, de que te hacen sentir con cierto poder, exactamente así como si acabaras de fumar mariguana.

El setlist es impecable. Cypress Hill toca todos sus éxitos en español y en inglés: “How I could just kill a man”, “Insane in the brain”, “Tequila Sunrise”, “Dr. Greenthumb”, “Illusions”, “Hand on the pump”. Se escucha lo que se tenía que escuchar. Contrario a lo que pasó con Snoop Dogg en su reciente visita a México, B-Real sí enciende un cigarro de mota. Y cuando tocan “Yo quiero fumar” —la versión en español, que es la buena— hay humo por todos lados y queda claro que todo mundo se sabe esa canción de memoria.

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En 1994, el percusionista Eric Bobo se convirtió en miembro full time de Cypress Hill, y desde hace unos años, DJ Muggs (uno de los fundadores) colabora con la banda sólo como productor. Muggs es una figura muy influyente en el universo del hip hop y ha trabajado, entre otros, con Eminem, House of Pain, Ice Cube y los Beastie Boys. Dicen que el nombre Cypress Hill viene de una calle de California; sin embargo, en sus inicios muchos pensaron que la banda era originaria de Nueva York debido a que hay un barrio llamado Cypress Hill en Brooklyn porque sus dos primeros videos fueron filmados en la Gran Manzana (en ese tiempo hacían tour con Naughty by Nature y pasaban mucho tiempo en NY). Más allá de eso, el sonido de Cypress Hill siempre ha sido muy de la West Coast, muy LA, y son pioneros en mezclar el slang latino con el del hip hop, haciendo  combinaciones tipo Sen Dog is not kid of veterano/ I´m down, another fried hispano/ One of the many of the latin de este año (enLatin Lingo”) y el clásico Who you tryin´ta mess with ese? / Don´t you know I´m loco? con el que arranca “Insane in the brain”.

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En Zapopan el concierto está a punto de llegar a su fin pero antes de terminar, comienza a sonar “Rise up”, la canción que Cypress Hill grabó con Tom Morello en 2010. Una cosa exquisita. No sucede con frecuencia, pero esta vez el público ya parece medio noqueado (por la mota o por la energía que se liberó durante las 10 primeras canciones) mientras Cypress Hill luce muy fresco y continúa fumando y cantando con el mismo power del inicio (Eric Bobo se echa un solo como de cinco minutos en las percusiones, y se intuye que hubiera podido ser mucho más largo). A más de 20 años de su debut, Cypress Hill sigue siendo la pura clica, la que rifa. Es una bandota.

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(El regreso al D.F. transcurre sin contratiempos. Qué bonito es el tramo de la carretera que atraviesa Michoacán, tanto como para opacar la propaganda política que irrumpe —de cuando en cuando— en el paisaje)

 

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