Por Mario Castro / @LaloCura__

Los sesenta marcaron un hito en la cultura popular a nivel mundial. Los cambios fueron inmediatos, principalmente en la sociedad estadunidense y europea. Entre las banderas juveniles, ganar la calle fue una de las acciones sobresalientes: el espacio público y lo que ocurría en él alejaron la privacidad confinada en los hogares tradicionalistas. La muchachada comenzó a mostrar lo que sus padres querían ocultar.

La intimidad fue un tabú que se abrió paso poco a poco.

En el patio central del Museo de la Ciudad de México se puede encontrar, hasta el 29 de enero, a uno de los íconos que nos arrebató el mortal 2016: David Bowie. El camaleón musical llegó a la ciudad en Duffy/Bowie: Five Sessions, muestra que recoge, en cinco núcleos, más de 40 fotografías que Brian Duffy le hizo a Bowie entre 1972 y 1980.

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De entrada, Duffy/Bowie va más allá del modelaje y el enigma que envolvió a los alter ego setenteros de Bowie, aquellos que lo llevaron a Marte y lo fijaron como un referente no solo musical, sino de la moda y la cultura pop, colocándolo como un parteaguas en la estética de finales del siglo XX.

Las imágenes retomadas de los originales de Duffy reflejan la amistad que el fotógrafo y Bowie mantuvieron a partir de aquel primer trabajo en el que nació el personaje que alejó a David de la tierra y lo acercaría, vía auditiva-visual, a los humanos: Ziggy Stardust. Junto a las arañas marcianas Ziggy posicionó al británico como un pionero del drag, el glam y un chingo de términos que probablemente jamás le importaron.

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Además de las fotografías que sirvieron como portadas, también se muestran las hojas de contacto impresas a gran tamaño en las que se observan los procesos que llevaron a los artistas a esos sets históricos. Las placas tomadas también funcionan como testimonio de las herramientas que Duffy empleaba, en las que se observan las diferencias entre las imágenes tomadas durante el shooting, así como los resultados finales a partir de las inquietudes que surgían y del trabajo en el cuarto oscuro.

En la portada de Lodger (1979), la propuesta de Brian era utilizar una imagen tomada en Kodachrome (9 x 6 pulgadas), pero debido a la intención de Bowie: hacer sentir propio el impacto contra el suelo —de influencia escheriana— de quien la viera, se modificó por una polaroid que se acercaba más al íntimo deseo.

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La mayoría de las imágenes presentadas en la exposición pueden resumirse en una palabra: intimistas. Reflejan los impulsos de quien manipuló la cámara, pero mucho más, los del extravagante Bowie, que en ningún momento descuidó las fotografías y utilizó hechos tan cotidianos como aislados para inmortalizarlos mediante Brian. Como su mano quemada por café que, al mirar la tapa de Lodger, parece un artificio del fotógrafo.

La apuesta de BLK MRKT —la productora responsable de la muestra— al presentar al hijo del universo en el patio de una casa del siglo XVI, resulta un tributo al autor de “Life on Mars” a un año de su partida. Duffy/Bowie es una memorabilia del trabajo entre ambos artistas, como un punto de reunión para fanáticos o frikis de Bowie.

Las fotografías reflejan el estado de creación, lo mismo en Londres que en el desierto gringo. El maquillaje y medios de impresión (innovadores en su momento) reflejan, muy cierto, el espíritu provocativo de David. Pero te dejan con ganas de ver más los negativos tomados, y profundizar en ese vínculo que se puede observar, pero que no produce la cosquilla en el espectador… si esto fuera así, la muestra no tendría razón de ser, aunque iría más allá de las expectativas del público.

David Bowie, Brian Duffy

En un acierto homenajear al único extraterrestre humanizado al menos unos días en la capital mexinaca (las fotos ya rolaron en otras ciudades del país); pero si el lector de esto ya conoce la relación de los dos ingleses, y la innegable trascendencia de Duffy como fotógrafo icónico, no espere más.

Rescatable que el proyecto fuera llevado a un espacio democrático como el Museo de la Ciudad y no a una sala trendy de la San Miguel Chapultepec o de la tres veces H (hartante) Condesa. Ahí sin duda los visitantes rayarían las fichas para ofrecer más datos. Si lo que quiere es ver fotos de Bagüi por el mero hecho de pasar el rato, córrale. Si quiere ampliar sus conocimientos sobre él, mejor busque en la deep web, o discuta en los foros de internet.

Editor Yaconic

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