Hace unos días mi mujer me compró un par de novelas policíacas de la editorial RBA, de la serie negra. Una de ellas era; Viernes negro de David Goodis. Desde entonces no he parado de agradecerle y llenarla de zalamerías por las joyas que me obsequió.

Aunque descubrí a Goodis con el cuento; “Un profesional”, desde entonces, me he dado a la tarea de buscar más obras de un escritor cuyo estilo único, sencillo y mordaz me conquistó. Oriundo de Filadelfia, David Goodis fue guionista en Hollywood para la Warner Bros, en los años cuarenta, después se dedicó a ser periodista y un autor poco reconocido en su momento, ya que vivió y murió sin conocer el merecido éxito que posteriormente el público francés con justa razón le otorgó.

En El género negro (Uam/Molinos de viento, 1984) Mempo Giardinelli afirma que: “la injusticia, la marginación, las partes más bajas de la degradación, y sobre todo la interrogación constante sobre el papel del hombre en el mundo, son los materiales que Goodis combina, para un espantoso coctel.” Esto se cumple, en cierto modo, en Viernes negro (RBA, 2011) donde se narra la historia de Hart, de quien no conocemos absolutamente nada, salvo que porta un traje de franela color chocolate, vagabundea por las calles de Filadelfia y siente un frío que le cala hasta los huesos, congelándolo por completo. Sin embargo, su vida cambia de manera abrupta, ya que por azares del destino se cruza en el camino de una banda de ladrones profesionales que se dedican a saquear mansiones.

“Porque nosotros somos estrictamente profesionales, y no hay lugar para los aficionados”. (Viernes negro, David Goodis)

La suerte de Hart mejora o al menos eso parece, conforme avanza la obra, conocemos más detalles de su pasado negro y somos testigos del por qué lo persigue la policía, esto le traerá consecuencias fatales con sus nuevos “amigos” obligándolo a jugarse hasta el pellejo en múltiples partidas de póker mientras de fondo suena Dizzy Gillespie, y busca salir airoso.

Davis dibuja personajes sencillos pero cargados de una personalidad propia, que gusta, convence, y por ende se agradece, como por ejemplo: Charley, quien es el capitán del grupo de ladrones al que Hart intenta “integrarse”, pero al que nadie puede ni ha podido engañar y si lo ha conseguido no ha vivido lo suficiente para poder contarlo, o el caso de esa mujer paquidérmica de nombre Frieda, dotada de rasgos físicos que parodian a esas femmes fatales de cabellos rubios y compañera sentimental de Charley, cuyo papel será de suma importancia durante la mayor parte de la novela, pues está dotada con un raciocino maquiavélico cuando se trata de sacar conclusiones:

“La mayoría de los asesinatos son estrictamente producto del odio. O del amor. O de algo que uno hace en un minuto de locura y que luego lamenta. Pero cuando lo hacer por dinero, es puramente una transacción comercial; te sitúa en un nivel especial, te convierte en un auténtico profesional”. (Viernes negro, David Goodis)

A pesar de que han pasado algunos días, le explico a mi novia que aún estoy como André Gide al leer a Hammet por primera vez, ya que resulta alucinante esa agilidad con la que Goodis entreteje la historia, además de los diálogos inteligentes y cargados de un humor exquisito, son admirables, a tal grado que vuelven a Viernes negro un clásico dentro del género de la novela negra pocas veces visto.

Sin duda, recibir la obra de David fue uno de los mejores regalos, sencillamente Goodis fue un escritor profesional y no un aficionado más del montón, que merece no sólo ser leído, sino también, merece un lugar dentro de los grandes exponentes de la novela negra en general.

Ficha técnica: Editorial: RBA.
Año de publicación: 2011. Páginas: 176. Formato: Rústico.
ISBN: 978-84-9006-000-1. Traducción de Georgina R. López

Atzin Nieto

Atzin Nieto

Agente de la D.F. Continental. Amante de la novela negra, los ligueros y escotes pronunciados. Mi única debilidad son las mujeres con tacones.

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