Por Mario Castro / @LaloCura__
Fotos: Carme Cerón

Roché Musique es un sello francés de house fundado en 2012, que se caracteriza por promover actos jóvenes, encaminados hacia la onda del club: mucha frescura, ritmos cosmopolitas que sin embargo no atiborran la web o listas de reproducción promovidas por YouTube… por lo menos no tanto. La escena que promueve no es tan difundida a comparación de los derivados del rock, incluso no sé cómo llegué a toparme con ellos…. un día terminé en una fiesta en el AM en la que estaba Dabeull: un tipo de bigote excéntrico que iba del house a un nu disco bastante agradable. Así la onda hasta que el lugar comenzó a tornarse en tugurio mirrey con harta banda extranjera muy borracha y con pupilas bastante dilatadas. Una extensión del infierno, diría Cóndor, el responsable de que terminara en dicho lugar.

El viernes 33 de julio la productora Tardes al sol tuvo a bien hacer un evento de la mano con la Roché. Esta vez no en un club sino en el Foro Indierocks! Muy buena locación para una noche de baile, chelas y crema electro: mucha banda joven que llegaba a la Roma con tal de darse unas chelas (¡Dios salve la barra libre!), y escuchar una selección de actos nacionales y un francés muy esperado: Cherokee.

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Bluehost

Para el inicio se presentó Bluehost, un trío compuesto por dos sintetizadores y una batería eléctrica cuyo sonido resultó oscuro, cercano a los beats ochenteros (hasta un cover al estilo Universal Stereo se aventaron). Aunque la mayoría de los que habían llegado al lugar estaban fuera del foro principal degustando chelas gratis (ninguna marca nueva), el sonido animó a los curiosos que observaban muy de cerca a estos tíos.

A eso de las ocho de la noche, Tayrell subió a poner a bailar: un dúo chilango de house, asiduo y parte de la legión del AM. La vez del infierno versión Condechi los escuché por vez primera, y el hecho de que fuera más allá de medianoche aquel día le daba una fuerza más fiestera distinta a la de esta ocasión: pocos asistentes (mucha chela aún), que de todos modos bailaron con las tornamesas. Un sonido más amigable y menos darko que el de Bluehost, que sin duda hablaban de una buena combinación de elementos para la noche.

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Tayrell, foto Mario Castro

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Foto Mario Castro

Poco a poco la banda empezó a clavarse al foro. Las tornamesas y los juguetes electrónicos cambiaron por instrumentos más convencionales: bajo, batería, saxofón, flauta (sí, flauta transversa), también un par de sintetizadores y, por qué no, un pandero. Swing Atoms, quinteto con tintes, muchos, de funk y rock electroso a la The XX, comenzó a ver más público ante sí. Ya era momento de que más gente entrará a la capilla pagana de aquella noche, pues se dieron cuenta que la chela era casi infinita.

El encargado de continuar la fiesta electrónica fue Bufi, productor por demás conocido dentro de la escena nacional. Con un set de poco más de una hora calentó motores para el acto principal. Una tornamesa, un Indierocks! lleno y la plena fiesta en su comienzo: vasos por todos lados, parejas besuqueándose, cada vez más pupilas dilatadas y voces arrastradas. El delirio y derroche cremoso comienza. Bufi sobre el escenario lanza beats y las luces son cada vez más tenues que al reflejarse sobre las paredes decoradas y el enorme vitral por momentos rojo y fiusha provocaron más rush en el ambiente: todos embarrados caminaban con dirección a la barra mientras a lo lejos se veía un escenario multicolor pocas veces iluminado con luz blanca y muchas con rojos intensos; severo problema para hacer fotos.

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Swingatoms

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Después de mucho choro, entre que si unas fotos, una entrevista, y sólo faltaba que nos invitaran a ir por unas chelas con Cherokee, el Dj francés apareció en el mejor lugar donde podía hacerlo: sobre el escenario y detrás de una tornamesa. No pasaron más de tres minutos entre la salida de Bufi y la llegada de aquel güero con melena. Todos vueltos locos. Una horda de club que se contoneaba entre ritmos deep house y pop house. Bien fresa la cosa pero nunca sin perder el alma fiestera. “Todos parecen vampiros allá abajo”, palabras que no podían dudarse al ver a la banda abalanzarse hacía el escenario; hasta en un punto en el que el tío de seguridad tuvo que mover a un par que buscaban un selfie con Cherokee al fondo. Dos horas de sonidos french que por momentos disminuían y anunciaban un fin pero que ante aplausos, silbidos y flashes lograban convencer al miembro de la Roché de no abandonar el lugar.

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Bufi

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Foto Mario Catro

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Cherokee

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Donde antes había mucha gente bebiendo ahora sólo se mostraba el cansancio o la búsqueda de un porro que nunca aparecía. Eran casi las dos de la mañana, más y más socialités sin plan llegaban a pasar lista en un club improvisado; un club de una sola noche donde frescura, crema, zapatitos boleados, vestiditos trendy y mucho alcohol acompañado de mandíbulas trabadas (sería insulso decir que no había drogas), convencieron a un francés de que el club mexicano no es de unos poquitos (aunque el clan mirrey se apropie de los afters chidos para irse de putas). Lástima que como todo lo chido europeo sea un tanto caro: 300 pesos que gracias a la chela cuasi infinita pudo convencer al final. Harta crema diluida en beats, más fiestas de éstas por favor… pero con barra libre de por medio.

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