Texto y fotos: Nacho Hipólito / @j.ignacio

Afuera de la Carpa Astros hay decenas de vendedores que gritan “lleve el recuerdo del concierto”, “100 pesos una, dos por 180”, “la taza del evento, llévela para el desayuno”. El mismo rostro en playeras, sudaderas, chamarras, mochilas, gorras, parches y llaveros. La imagen que adorna los souvenirs retrata a un nerd con lentes de pasta y pelos parados; uno de los símbolos más icónicos del punk: Milo Aukerman.

En los ochenta el punk era una de las subculturas más peligrosas. Todas las bandas cantaban acerca de política y violencia. En las tocadas casi siempre había una pelea, alguien ensangrentado o apuñalado. Era una escena hermética. Había que tener al menos un mohawk, una chaqueta de cuero, un par de pantalones rotos o seguros en alguna prenda, sino no podrían formar parte de la familia punk.

Descendents en Mexico

Por eso los Descendents son tan importantes en la historia del género. Rompieron con el hermetismo de la subcultura. Sus integrantes no son agresivos, hablan de desamor, problemas de adolescentes y viajes en bicicleta. Y no se diga su imagen: no visten como punks. Milo usaba lentes de pasta en una época en la que se consideraban sosos.

Abrieron las puertas del punk para todos. Sus canciones y su imagen hicieron una declaración: no importa cómo te veas, no importa cuáles sean tus problemas, el punk estará allí para ti.

No había mejor lugar para la primera visita de los Descendents a México que los vestigios de un circo en Tlalpan. En el punk como en el circo a nadie se discrimina: enanos, mujeres barbudas o siameses. La banda californiana abrió la carpa del circo para todos.

Como de costumbre Bill Stevenson (baterista) y Stephen Egerton (guitarrista) hicieron un pequeño soundcheck antes de su set, la gente los recibió con gritos y ovaciones.”Bill, Bill, Bill, Bill, Bill”, le gritaban a Stevenson. La primera prueba de lo que sucedería en el show llegó hasta que Milo se asomó para probar su micrófono.

La carpa retumbó: “Milo, Milo, Milo, Milo”. El grito duró un par de minutos y se apagó cuando el cantante regresó al backstage.

Las luces se extinguieron y la banda salió al escenario. Parecía que el concierto estaría plagado de teléfonos grabando. “Tomen su foto y guarden su celular, por favor”, dijo Aukerman antes de empezar el show. Los smartphones fueron desapareciendo en los primeros acordes de “Everything Sux”.

descendents en mexico

Después un moshpit que obligó a todos a guardar su celular inmediatamente. Saltos, empujones amigables, bailes sin mucho sentido y cientos de personas gritando “Everything sucks today” cada que Milo lo indicaba. El frenesí no paró.

El segundo tema del setlist fue “Hope”. El moshpit se hizo más grande. La emoción en las caras de los punks y no tan punks se veía por todos lados.

“Hope” es uno de los ejemplos del cambio que los Descendents le hicieron al punk para siempre. Un tema de desamor. “When he starts to lie and he makes you cry, you know I’ll be there, my day will come, I know someday I’ll be the only one”. Milo lo canta y dedica a una mujer que lo rechaza constantemente, pero él siempre estará allí.

Le siguieron otro par de clásicas, “Pervert” y “I Wanna be a Bear”, luego “Silly Girl” y “My Dad Sucks”, que se desprenden de los álbumes que la banda compuso en los ochenta:  I Don’t Want to Grow Up Liveage!.

La primera canción nueva fue “Victim of Me”, tema que aparece en su álbum Hypercaffium Spazzinate que lanzaron a principios de 2016, después de un silencio discográfico de más de 10 años.

La noche siguió con temas oscuros como “Talking”, “I Like Food” y “Clean Sheets”. El moshpit que se formó al principio nunca paró, solo se hacía grande o pequeño dependiendo del tema en cuestión.

El cénit de ese círculo de empujones llegó con una frase: “I want to be sterotyped, I want to be classified”, una sentencia que aparece en “Suburban Home”, uno de sus temas más populares. Todos perdieron el control: lentes de pasta en el suelo, zapatos extraviados, cervezas voladoras y decenas de personas en el intento de hacer crowdsurfing. Nunca el deseo por una vida suburbana había sido tan caótico.

“Coffee Mug”, “Without Love”, “Myage”, “Get the time”, “On Paper”, “Van”, “Nothing with You” y “I’m the One” fueron la ola de canciones que le siguieron y que parecían no parar nunca. “Bikeage”, “When I get Old”, “Coolidge”, “Thank You” y, la última de su set principal, “Descendents”.

Hacía calor. Los mohawks caían y los lentes de pasta se empañaban. Habían pasado horas que parecían minutos. Un grito al unísono “One more song, one more song, one more song“.

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Salieron de nuevo. Bill se acercó al micrófono para preguntar a la audiencia “¿Están listos?”, y la banda arrancó con tres madrazos: “Feel This”, “Sour Grapes” y “Smile”. Como en una carrera, los Descendents desaparecieron otra vez del escenario.

Los punks y los no tan punks no estaban listos para irse. Necesitaban otro encore. Después de más de 30 canciones, la primera visita de los Descendents a México, no podía terminar allí.

“Testosterone” y “Spineless and Scarlet Red” presagiaban el final. “Esta será nuestra última canción. Todo este año hemos estado viajando por todo el mundo y me alegra mucho que lográramos llegar aquí. Fue increíble. Gracias México”, dijo Milo antes de cerrar el concierto.

Una línea de bajo y un circle pit. Todos se preparaban para correr en círculo y empujarse los unos a los otros al ritmo de “Catalina”.

You can’t tell me what to do, you can’t make me think I love you. El último respiro se fue en los empellones y la voz de todos los que intentaron cantar al mismo tiempo que Milo. Volaron más personas y los mohawks saltaban de arriba para abajo. Más lentes de pasta tirados en el suelo.

Los Descendents culminaron una noche histórica en la Carpa Astros: dos horas y media de show, 34 canciones y más de dos mil personas.

A la salida, la imagen de Milo seguía presente en todos lados. Playeras, gorras, pines, parches y llaveros. Una chica le pide los lentes a su amigo y se los pone: “Mira, soy Milo”. Todos somos Milo.

Los Descendents abrieron las puertas del punk para todos.

Editor Yaconic

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